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miércoles, 9 de agosto de 2017

Ponele "inseguridad" a todo


No deja de asombrar cómo ciertos climas de redacción se transforman de a poco en verdaderos bloopers conceptuales legitimados por la potencia de los grandes medios. No es la primera vez que el diario La Nacion etiqueta noticias de accidentes viales como "inseguridad vial" ¿Existe algún mecanismo para erradicar la inseguridad vial? ¿Hay algún método a través del cual se garantice a la ciudadanía de cualquier parte del mundo que no estará corriendo riesgo de sufrir un accidente? Siguiendo el criterio de etiquetado de La Nacion, una muerte en un hospital podría etiquetarse como "inseguridad hospitalaria"; el deceso de un turista en el mar "inseguridad marítima", y hasta podríamos llegar al bochorno de etiquetar como "Inseguridad sexual" la muerte de algún sacado que se mandó una sobredosis de algún vasodilatador tipo Viagra...

Cuando la ideología se pone al servicio de objetivos políticos, encubiertos dentro de ropajes como por ej "prensa independiente" se llega a desaguisados como estos. sabemos que el término "inseguridad" viene a ser lo contrario a "seguro" y uno se pregunta ¿Es posible vivir en una sociedad "segura" mientras existan diferencias sociales en aumento constante? Porque, la verdad, la inseguridad que padece una porción importante de la sociedad al no tener trabajo, comida y techo apropiado como para desplegar una vida digna es la que genera luego ataques contra la propiedad de los sectores más favorecidos. Como se ve, hay una explicación profunda que nada tiene que ver con la idea que se busca instalar respecto a la existencia de malnacidos que per se atacan al prójimo para quitarle un par de zapatillas o la bicicleta y de ahí para arriba. Es que la disputa por cómo hablamos es uno de los pilares de la formación de sentido: hay diferencias notorias entre decir "desocupado" y decir "piquetero" porque "desocupado" refiere a una persona que se ha quedado sin trabajo mientras que "piquetero" da la idea de un revoltoso. El desocupado es un víctima, el piquetero un quilombero, sería la descripción exacta.

La primera forma de influencia en los tiempos actuales es el habla. Dime cómo hablas y te diré quien eres, se podría decir, parafraseando aquél dicho ancestral. Cuarenta años atrás los niños "hacían los deberes", hoy "hacen la tarea", en esto se mejoró porque se le quitó esa cosa de mandato, de orden marcial a lo relacionado con realizar o completar en el hogar tareas de la escuela. 40 años atrás a los hogares de clase media y media alta iba a trabajar "la sirvienta", hoy ya no se usa ese término abominable, aunque surgió uno que define con precisión científica a cierta progresía que lo es sólo de palabra, me refiero a "la chica que nos ayuda"... No flaco, la piba que te limpia el inodoro no te ayuda, es una trabajadora que muy probablemente tengas en negro y con un sueldo muy inferior a lo que le corresponde. Aquí el habla desnuda una aparente corrección que en rigor encubre una mirada horrenda de la sociedad.

El sistema de medios, que se ramifica por las innumerables redes sociales es el que impone los modos de hablar de un sector de la sociedad cada vez más desenganchado del otro. Si pusiéramos a una joven de clase media de alrededor de 30 años a dialogar con un joven de la villa, las interrupciones de la mujer preguntando qué quiso decir el pibe con su terminología serían incesantes, porque la villa ha ido generando su propio lenguaje, al igual que las clases medias. Aquí es donde irrumpe el habla como verificación de la grieta social que cruza de manera horizontal a nuestra sociedad. La alimentación, la indumentaria, las zonas donde habita cada sector y el habla constituyen barreras que cada vez alejan más y más a unos de otros, por eso uno de los desafíos de una política de masas que aspire a representar a los diversos sectores sociales en pugna es la decisión para desmontar estos elementos aislantes y volver a conectar aquellos vínculos comunitarios de otrora. Porque tanto la villa como el country, como las alarmas y las custodias privadas sólo contribuyen a ensanchar más y más la grieta social y eso termina facilitando los planes de las minorías opulentas, nunca al conjunto, nunca a la mayoría.

La pregunta urgente es si realmente pensamos que nuestros descendientes podrán vivir con cierta paz si los mayores no lo damos todo para tratar de dejarles una sociedad no tan fragmentada y por ende no tan violenta.

jueves, 3 de abril de 2014

¿Queremos más Estado o más policía?



Como bien dicen los amigos de artepolítica, "el tema es qué estado hace falta: ¿hace falta más policías que administren y manejen la frontera del delito? ¿Más trabajadoras sociales? ¿Más maestros? ¿Más obreros de obra pública? ¿Más empleados de Anses? ¿Más agencias impositivas? ¿Qué estado? ¿Financiado con qué dinero? ¿Orientado con qué leyes?"

En realidad los que hablan de estado "ausente" apuntan sólo a incrementar su faz represiva, sin contar que al mismo tiempo pactan una creciente ausencia estatal en áreas como el comercio exterior de granos, a juzgar por los fluidos contactos de algunos candidatos con la crema de la patronales agropecuarias.

Hay un espacio de irracionalidad que es presa fácil para los vendedores de humo manodurista y es la suposición de que podría llegarse a un punto óptimo en materia de seguridad: una quimera total, como la del cibernauta que instaló un antivirus de la ostia y cree, de manera infantil, que puede navegar seguro. Basta que se cruce con un virus puesto en funcionamiento un rato después del antivirus que compró para que su máquina quede infectada. Es como la utopía de la seguridad del que se compró el auto más "seguro" y no repara en que como no se lo pueden llevar cuando está cerrado entonces inventaron  la "entradera"...  ¿O, acaso, las rejas y alarmas han contribuido a disminuir los asaltos? (alguna vez habrá que abordar también la industria de la "seguridad"). ¿Y qué nivel de "seguridad" tiene el señor que se fue al barrio privado cuando sale a la "vía pública" y un semáforo lo detiene?

Los que abominamos las proclamas oportunistas en materia de seguridad también vivimos acá y padecemos las mismas consecuencias que el resto de los ciudadanos. Los chorros de baja estofa no elijen victimas "anti K" y así como no salen a la calle con el código penal bajo el brazo tampoco llevan consigo una tablet con el blog de Andy Tow. Tenemos familia, hijos que salen a bailar y los mismos miedos que el resto, con la diferencia de que intentamos analizar la problemática con un poco más de responsabilidad, sin desconocer, incluso, que seremos estigmatizados por defender esta posición. Pero hay que buscar algo de responsabilidad en este debate y la verdad es que sin trabajar seriamente en achicar la exclusión es impensable que se reduzca el arrebato callejero con el agravante de que la mayoría de las medidas que tomó el gobierno para llevar Estado a los sectores más desprotegidos fueron estigmatizadas o calificadas como meros espasmos clientelistas.

Porque la verdad es que "Estado ausente" es lo que nos dejó el neoliberalismo y no sólo en materia de seguridad: su desguace fue funcional a un proyecto político de despojo, por eso será interesante ver de ahora en más cuáles de sus áreas planean reconstruir los declamadores del estado "Presente", no sea cosa que les preocupe sólo su faz represiva y tiren para atrás su presencia en la economía, por ejemplo.

Lo que es innegable es que el kirchnerismo tuvo la firme convicción de reconstruir el Estado entendiendo que es el instrumento indispensable para enmendar el tejido social y si bien es cierto que cometió errores o que podría haber hecho más, también es verdad que el dispositivo político/comunicacional opositor en lugar de sumarse, de acompañar y proponer correcciones, se dedicó a petardear una a una cada medida. La enseñanza es que solo no se puede lograr todo, por eso el gobierno revisó sus errores y convocó a especialistas de las fuerzas de oposición a pensar en paz una reforma al Código Penal vigente y ya sabemos cómo se reaccionó desde algunos espacios.

El gran desafío es sacar de la agenda electoral estos temas y ponerlos como políticas de Estado.

El desafío es crecer.


sábado, 7 de septiembre de 2013

Kirchnerismo y seguridad

Cuando te va mal en una elección siendo gobierno es lógico y legítimo que intentés analizar las causas, y buscar que es lo que tenés que modificar para cambiar las cosas.

Sin embargo tampoco se trata de salir a cazar votos, a como dé lugar, con el riesgo de terminar desperfilando tu propuesta política y sin nignuna garantía incluso de que te termine dando rédito, en terminos electorales.

El caso de la inseguridad (a propósito de la cuestión de la baja de imputabilidad de los menores de la que se habla acá) provee incluso un ejemplo cercano con Blümberg; y su ascenso meteórico a la política desde las plazas llenas, hasta la caída en la insignificancia electoral.

O lo que ocurre sin ir más lejos en Santa Fe, donde la política de seguridad del socialismo es desatrosa (con los ribetes de escándalo conocidos), y sin embargo gana las elecciones.

Y eso tiene que ver con que es cierto que la inseguridad es un problema real (y no una simple sensación, aunque ésta exista entre quienes no la padecieron en carne propia, como consecuencia de los múltiples casos en que sí fue así), que preocupa a la gente común, al que el Estado debe darle respuesta; pero esa misma gente sabe íntimamente que no existen soluciones mágicas, y que si alguien se las propone, le está mintiendo.

Como es una pretendida solución mágica este asunto de la edad de imputabilidad de los menores (como bien lo puntualiza acá Artemio); máxime cuando es abordado con efectismo, y sin un apoyo real de base científica en estadísticas sobre el grado real de incidencia de los delitos cometidos por menores de edad (en muchos casos, instrumentados por los mayores para su beneficio) sobre el universo total del delito, y por ende sobre los niveles de inseguridad.

Porque es cierto que hay delitos (y algunos graves) cometidos por menores de edad, que todos los días leemos en los diarios, y que puede resultar atractivo o consolador para quien ha sido víctima de ellos, plantear que esos menores puedan ir presos, desde cada vez menos edad; y sacándolos de las calles para meterlos en una cárcel, no los vuelvan a cometer.

Sin embargo el abordaje del problema requiere ser un poco más serios, dejando de lado la desgastante polémica entre "garantismo" y "mano dura", por la simple y sencilla razón de que nuestro sistema constitucional (ése que los opositores se juramentaron a no modificar) es garantista; de modo que para que deje de serlo, habría que modificarlo.

Si de lo que estamos hablando, más que de la baja de imputabilidad de los menores (que se basa en otra idea fracasada, como la demagogia punitiva o inflación de las escalas penale), es de revisar en general la situación de los menores frente al delito, a lo mejor la cosa cambia.

jueves, 20 de junio de 2013

Caso Angeles ¿Problemas de cobertura mediática o incontinencia editorial?


Tomamos La Nacion por ser un diario donde día a día se nota cómo los objetivos editoriales arrasan con las bases más elementales del periodismo.

Vemos en la primera captura esta nota donde se critica la cobertura mediática sobre el asesinato de Angeles Rawson. En ningún momento el colega Fernando Rodríguez explica qué llevó a La Nacion a sostener nada menos que en tapa que la adolescente fue violada, como se puede ver en la captura de abajo (Acá está la tapa del 12 de junio). 


Lo peor es que sobre la base de una suposición, ese mismo día el diario llegó a publicar una columna de opinión donde se cae con una dureza inusitada sobre la política de Derechos Humanos y se da el lujo de preguntarse sobre el final "¿Quiénes se harán cargo de estas violaciones y muertes salvajes que podrían haberse evitado con una política criminológica lúcidamente saneada?"


Esto no le sucedió a La Nacion por error, por falta de información o ineptitud de un editor. La realidad es que buscó tirarle un nuevo cadáver al gobierno nacional enancándose en la "ola de inseguridad"

Venimos diciendo hace rato que la tecnología es el gran enemigo de los grandes medios de comunicación porque permite a cualquier ciudadano revisar archivos y publicar capturas de pantalla donde se demuestra de manera irrefutable cómo condicionan la información a sus objetivos políticos, económicos e ideológicos.

Antes estos medios armaban agenda y construían un relato con mucha facilidad. Operaban con total impunidad porque era muy difícil probar cómo mentían y acomodaban la información a sus lineamientos editoriales. Internet vino a ponerlos en serios problemas

Por suerte.

jueves, 13 de junio de 2013

La orgía de la carroña




Hasta las 7.06 de esta mañana volvían en masa del orsay, abochornados. Estamos tan tomados por el tema de "la inseguridad" que el primer acto reflejo fue imaginar a un loco suelto, un psicópata que agarró de los pelos a Angeles en un descampado, la violó y la tiró en un container. Para los medios y periodistas opositores era la gran oportunidad de tirarle un nuevo cadáver al gobierno. Para legisladores que siempre se anotan en la primera fila, se trataba de correr en busca del registro de violadores... ¿Tiene que haber otra violación para que se reflote en los diputados la necesidad del registro de violadores, si es que eso ayuda?

¿No se puede superar ese reflejo pedorro de ir a redactar proyectos ante cada caso que conmociona a la sociedad? O dicho de modo ¿Hay que esperar que sucedan actos abominables para legislar?

Hoy Clarín tituló "Imprevisto giro en la investigación por el crimen de Angeles"

"Giro de la investigación" significa "La realidad nos volvió a triturar todos los titulares y todos los zócalos"

¿Giro en torno a qué? La fiscal nunca cambió la carátula, pero ayer vimos durante toda la mañana a los móviles de la TV en Colegiales entrevistando a vecinos sobre la inseguridad y diarios importantes descontaban que la piba había sido violada.

Hasta que los informes descartaron la violación y se supo que las cámaras vieron a la adolescente en la cuadra de su casa, como volviendo a su hogar. No se sabe mucho más, pero sí que todo lo que se especuló estuvo sólo fundado en el prejuzgamiento y en la necesidad de tirarle con lo venga al gobierno nacional.

En este blog hemos escrito mucho sobre cómo los lineamientos editoriales de los medios opositores se vienen llevando puesto al periodismo. El tratamiento del crimen de esta pobre piba es tan solo una prueba más.

Pero a partir de las  7:07, cuando se produjo el choque de trenes en Castelar, todos los que volvían abochornados del orsay tuvieron una noticia caída del cielo, inesperada: otro siniestro o accidente (eso está por verse) en el Sarmiento. La mañana fue invadida por todo tipo de especies carroñeras que como no podía ser de otra manera impusieron su ritmo oportunista, menor, vomitivo. Todavía no están claras las causas del accidente y se aconseja esperar para emitir conclusiones. El sentido común, no obstante, lleva a pensar que es raro que una formación salida hace muy poco de los talleres, que fue refaccionada, que se le pusieron frenos nuevos y que de Once hasta Morón circuló sin el más mínimo inconveniente se haya quedado sin frenos en un santiamén. El sentido común también indica que con las imágenes aún presentes del 22/F a alguien se le pueda ocurrir poner en funcionamiento una formación que no está en condiciones.

Es raro...

Nada de esto reduce, empero, el costo político que el gobierno pagará. Gestionar tiene estas reglas y si en un área sensible como el transporte ferroviario se cometieron errores durante años, todo lo que se ha venido haciendo desde que Randazzo tomó el fierro caliente siempre será poco ya que décadas de abandono no se revierten en un año y pico.

Es simple y doloroso. 

Cada descarrilamiento, cada incidente es responsabilidad de los gobiernos que desde 1960 en adelante operaron para destruir nuestro sistema ferroviario pero la cuenta se le cobra al gobierno de turno.

¿Se podría haber hecho más desde 2003? Sin dudas que sí, pero me parece que hay que mirar la situación desde otro lado: los gobiernos también cometen errores, también se equivocan. En materia ferroviaria nuestro gobierno no ha estado a la altura que estuvo en otras áreas y lo está reconociendo en los hechos, con las obras que emprendió y en las inversiones realizadas para reequipar todas las líneas del transporte interurbano con material rodante que en su mayoría empezará a llegar al país el año entrante. Pero ello queda arrumbado en un rincón porque en días como el de hoy la orgía de la carroña todo lo puede.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Caminando | Editorial y nota con Eduardo Blaustein

Editorial sbre cómo reaccionaron La Nacion y Clarín rerspecto al asalto que padeció Mariana Moyano


Nota con Eduardo Blaustein sobre lo que deja el cacerolazo del jueves


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lunes, 9 de abril de 2012

martes, 1 de junio de 2010

Inseguridad: El discurso de los familiares es para pensar...



En este audio que dura unos dos minutos se puede escuchar cómo el sábado a la mañana el juez de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni ya adelantó lo que iba a suceder en materia de "inseguridad". Bien, ya estamos ante una nueva escalada. Los delincuentes han decidido salir nuevamente a asolar las calles de la ciudad y el conurbano. Estaban tranquilos, pero algo los despertó...

Sabemos que esto no es así, sabemos que el delito tiene un piso determinado y que lo que marca la diferencia entre la percepción de su incremento es el foco mediático. Basta que un par de medios de peso pongan sus móviles en dos asesinatos para que como por arte de magia crezca esta idea de que "acá ya no se puede vivir" y que "nos matan como a perros y nadie hace nada"

Lo que llama poderosamente la atención es el discurso de los familiares. Ayer escuché en Radio Continental a una señora, creo que era familiar del señor asesinado en Monte Castro, que contrapuso los festejos del bicentenario al crimen de su pariente ¿Qué es lo que desencadena este tipo de discursos? ¿Será que el discurso de los medios va cargando ciertas zonas de la conciencia que luego, ante hechos de violencia, se exteriorizan con un sentido político e ideológico profundamente reaccionario?

Pareciera como que hay familiares que buscan sus treinta segundos de fama y entonces aprovechan la ocasión, lamentable por cierto, para descerrajar un discurso que "venda" y sume mucho rating y entonces la emprenden repitiendo casi textualmente lo que durante el día van recibiendo de esos mismos medios que ahora los están entrevistando.

Es horrible pensarlo, pero por momentos pareciera que se seleccionan las víctimas pensando en las reacciones de sus familiares....

Es horrible también decirlo, pero me permito decir que un familiar que dice "A la presidenta y al bigotudo tengo un cadáver para mostrarles" está demostrando un nivel de frialdad política realmente llamativo que más que solidaridad me genera bronca.

No todo da lo mismo y ninguna muerte amerita que un familiar diga cualquier bestialidad y el resto de la sociedad lo escuche pasivamente.


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domingo, 29 de noviembre de 2009

Sobre el delito

El 17 de marzo publiqué este post conteniendo una exposición del Dr. Julio Aparicio en unas jornadas realizadas en el Colegio de Abogados de San Isidro en 2003 sobre políticas penitenciarias.
A todos aquellos que no lo hayan escuchado (dura 32 minutos) les recomiendo que lo hagan porque provee una información indispensable para pensar los temas vinculados a la denominada "inseguridad" .

sábado, 28 de noviembre de 2009

En qué se transforma un facho cuando le matan un familiar?


En qué se transforma un tipo de mierda cuando envejece?

En un viejo de mierda

Hay ciertas nociones que atribuyen ciertas condiciones de sabiduría a los viejos, que por lo tanto convocan a respetar las “las canas”.

Nunca me afilié a esos maniqueísmos puesto que un “mal bicho” será, en el ocaso de su vida, un mal bicho viejo. No hay pruebas de represores arrepentidos en la vejez ni tampoco de estafadores o violadores.

Un anciano bostero hasta la médula va a desear en sus últimos días la derrota gallina antes que la victoria propia. Eso no se cambia con los años y hasta es probable que estos rasgos se profundicen.

¿Y qué decir de la reacción que podrá tener un señor con posturas políticas e ideológicas muy reaccionarias cuando le matan un familiar?

Va a transformarse en un señor reaccionario dolido que hasta incluso se sentirá con cierto derecho a sacar afuera toda la colección de excrementos ideológicos que en épocas normales no se animaría a exhibir.

El dispositivo mediático le hace creer a la gente que la muerte de un familiar directo le confiere un poder especial para tirar cualquier verdura, para decir cualquier tipo de barbaridad. Pero lo peor, lo más perverso es que les hace creer por un instante que son importantes, que son “famosos” y que sus declaraciones torcerán el rumbo de la historia.

Entonces sacan todo afuera y exponen ante la cámara lo que horas antes la pantalla les metió en la cabeza. El familiar de una victima termina reaccionando como sólo la tele puede lograr que reaccione: validando de punta a punta el discurso único de la inseguridad.


Y con el paso de las horas las cámaras se apagan, los móviles parten tras otra noticia manchada de sangre y la vida sigue como si nada


¿Y el señor?


¿Qué señor?


Hasta que otra muerte suburbana injusta, inexplicable y al pedo vuelva a facilitarle la producción a ciertos canales que con dos cámaras, un movilero y un par de micrófonos tienen cubierta la banda horaria que va de 18.00 a 21.00.


En un conglomerado de 15 millones de habitantes la media te garantiza varios asesinatos por día. Sólo hay que buscar el más televisivo para montar el show.


La gente se encarga del resto.


Esto está mendietizado acá y acá con un poco más de profundidad.



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jueves, 26 de noviembre de 2009

Quién le dispara al agua?


No se trata de contraponer una cosa con la otra pero uno no puede quedarse en el molde cuando escucha en un informativo radial que “crece la indignación por el asesinato de la docente en Derqui” y a continuación que “Ya suman más de 10.000 lo evacuados por las inundaciones”

¿Cómo es que no crece la indignación por las inundaciones?

¿Cómo se explica que no crezca también la indignación por los tres chiquitos que asesinó el agua?

Aclaremos ya mismo que está bárbaro que crezca la indignación por la muerte de la docente, pero estaría mucho mejor la cosa si también la hubiera por los angelitos fallecidos en Chaco y Corrientes ¿no?

Indignación por la muerte de la maestra y solidaridad por con los 18.000 afectados por las inundaciones sólo en la provincia del Chaco, entre los que se cuentan 1.700 niños…

Marchas para clamar “SE GU RI DAD” en Derqui y “SO LI DA RI DAD” para con nuestros hermanos inundados.

El dispositivo mediático reacciona con sus viejos reflejos fabricando enormes cadenas de solidaridad que tienen éxito, antes que nada, porque la gente buena se conmueve y saca algo de lo mejor que tiene, además de frazadas que ya no sabía dónde colocar. Entonces esa misma señora que entra en pánico por el asesinato suburbano al rato está culo pa’ arriba buscando ropa y demás yerbas para sumarse a la cadena de solidaridad.

La gente pone (ponemos, pongo) una cara muy especial cuando concreta un acto solidario. Basta observar el rostro de quien se toma el trabajo de buscar una monedita en el tren para depositarla en la mano de esa niñita indigente. En el instante en que la chiquita le agradece con esos ojitos penetrantes con que los chicos devuelven un gestito, la cara de ese pasajero es por un instante angelical, inocentona… y hasta si se quiere siente “cosita” por la buena acción (El domingo pasado en las inmediaciones de mi casa amanecieron todos los cestos de basura en el suelo, señal de que algunos pibes enemistados con “la sociedad” habían calmado su bronca…Créanme que dudé antes de colocarlos nuevamente en su lugar y hasta que lo hice porque era muy temprano y nadie me veía…)

¿Por qué intimida hacer cosas buenas por los demás?

La gente es solidaria

¿Es solidaria?

¿O será que la solidaridad tiene distintos grados de profundidad?

¿O será que hay solidaridades de distintas calidades, como los jeans?

¿O soy yo que mezclo las cosas al pensar que una solidaridad de las mejores, de las más puras sería tomar conciencia de que estas inundaciones están íntimamente ligadas a la gran cosecha de soja que se avecina y que a su manera la lucha de clases conurbana ha vuelto a cobrarse otra víctima que hasta incluso pertenece al mundo asalariado?

“El que mata debe morir” volverá a rugir la pantera rubia.

Ponele que capturen a los asesinos de Derqui.

¿Y al agua matadora del litoral quién la ajusticia?



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viernes, 20 de noviembre de 2009

La gente, la tele y la muerte


La escena es más o menos así: Los vecinos de un barrio cualquiera de la ciudad de Buenos Aires o el conurbano están reunidos en la esquina porque alguien llamó a los medios y anduvo avisando que tipo 18.00, 18.30 vendrán algunos móviles. Se van juntando de a poco y distribuyendo en grupitos donde, naturalmente, se habla de la inseguridad y se comentan detalles del hecho sangriento acontecido en la otra cuadra.
Llega el primer móvil y causa ese “no se que”, ese cambio de rictus que sufre la gente cuando llega un móvil de un medio. (Porque en los tiempos que corren la combi con el logo de un canal es lo más cercano que hay a la fama, a la justicia y a la gloria. El móvil en mi cuadra la engalana. Mi cuadra ya no será la misma después de que un puñado de móviles estuvo acá y yo tampoco seré el mismo, máxime luego de haberle comprado ese agüita al periodista que me guiñó el ojo y me hizo una seña como diciendo “Quedate acá cerca que arranco con vos”)

Llegó el primer móvil pero todo sigue más o menos tranqui. Es de un canal de cable. Pero cuando llegan las combis de Telefé o de Canal 13/TN te quiero ver…
Los rostros comienzan a transformarse y cuando minutos después los técnicos le dan la orden al movilero para que empuñe el micrófono y se ponga en posición de disparo, cuando la potentísima luz blanca ilumina al enviado especial, en ese mismo instante ya no queda nada de aquellos vecinos que una hora antes compartían amablemente su preocupación por el actual estado de cosas. Ahora están todos brotados, crispados, con esos ojos desorbitados que exige la tele para apiadarse de uno. Si los ojos están normales y denotan cierta paz, no sirven, no son ojos de TV. Lo mismo que con las comisuras de la boca: si no están levemente torcidas para abajo, esa cara no es televisable.

No reúne los requisitos básicos, no califica…

Ahí están los vecinos, arremolinándose y pisoteándose para salir en la tele y disfrutar de sus 12, a lo sumo 15 segundos de fama (porque los 30 sólo los da Marcelo)
¿Al fin y al cabo no estamos para eso? ¿Qué logro supera el haber estado en la tele para la buena gente?
Qué vale más que esos segundos en la tele?
Qué vale más que ese llamado del cuñado de Neuquén que llegará después de la cena, o esa señora que mañana me mirará con cara de “¿Este tipo no es que salió ayer con Biasatti?”

Los medios nos hacen creer que suministran justicia, además de fama, entonces los vecinos pugnan por salir en la tele porque cándidamente creen que ahí conseguirán lo que les niega el Estado. En esa misma tele donde uno entre millones gana cinco lucas con Susana una vez por semana, otros sienten que han hecho algo por la sociedad cuando tan sólo han sido extras de un show reaccionario y pueril que vive cual vampiro moderno de ellos.
La misma tele que los hace gastar fortunas en mensajitos, la misma tele que los hace endeudarse con la tarjeta para comprar plasmas de setecientas pulgadas, la misma tele que les hace comer chatarra en 12 cuotas y luego les ordena clavarse un actimel para cagar mejor; la misma tele que administra sus magros salarios ahora les vende un humo de justicia que dura menos que un paco.

Los pastores electrónicos le han acercado a Dios a sus fieles, por eso su potencia creciente, porque le hacen creer al desesperado que en esos shows del sábado a la nochecita Dios está más a mano que en la Iglesia ceremoniosa y aburrida de los curas católicos.

La tele hace lo mismo con la justicia. La tele acerca la justicia a las almas desesperadas por eso los vecinos se arremolinan en torno al movilero, porque creen honestamente que ese acto provee justicia…

¿Al fin y al cabo no se trata de meras abstracciones?

La pobre gente cree que llamando a los medios le acota el margen de acción al delito y está bien que crea eso. Bah, no está bien. Quiero decir que a la postre cada uno se agarra de lo que tiene a mano para sobrellevar el sacudón que genera la muerte cuando pasa cerca.

Lo dice alguien que vive muy cerca de un paso a nivel y huele a menudo el aroma de la muerte, lo dice alguien que experimenta la sensación horrenda de pasar a metros de esos manchones de cal y arena con que los empleados de TBA y los bomberos tapan las manchas de sangre que han quedado sobre las vías, lo dice alguien que ha escuchado el tronar de la bocina desesperada y ha sentido el chirriar frenético de la mole tratando de frenar lo infrenable…
Lo dice alguien que ha escuchado el ruido sordo, apagado, del impacto del convoy contra un cuerpo humano…

Si eso me pasa a mí, que convivo con una muerte si se quiere más honesta, no tan delictual, no quiero imaginarme lo que genera la muerte armada, la muerte desatada por pendejos que matan sin ton ni son, total, esta noche o mañana serán ellos los que mueran. Lo saben, bien que lo saben y por eso, entre pacos y otras yerbas, no le hacen asco al gatillo, total…total mañana es nunca, mañana es quien sabe. Total que no tienen mañana, loco.

Por eso la gente cree que en ese móvil de un canal viene Dios, Ceferino Namuncurá, Evita y el Llanero Solitario con Toro y Plata

¿Y qué querés que hagan?

La gente no puede hacer otra cosa, pero sí los medios. Sí los dirigentes políticos. Y lo que habría que hacer sería, antes que nada, un pacto, un gran acuerdo de que con la muerte no se jode ni se juega ni se hace campaña. Mientras ese pacto no se concrete y mientras los que saben cómo viene la mano se hagan los giles y los que informan lucren con el pánico popular, no hacemos más que arrimarnos al pantano.

Es muy fulero saber que todo es una gran mentira. Es horrible saber que lo único que espanta al delito es el trabajo y la dignidad. Y es peor aún tener que morderse en la panadería porque si decís esto te miran como a un boludo.

Es horrible sentir que esos pibitos de 8 años que usan la escalera mecánica del subte como tobogán, dentro de cuatro o cinco años, si sobreviven a su entorno y a la policía, cuando puedan sostener un arma, saldrán a cagar a tiros a esa misma sociedad que vieron pasar indiferente delante de sus narices desde el mismo día en que tuvieron uso de razón.

No hay Estado de Sitio que valga ni patrullas vecinales que puedan lograr un solo triunfo ante la muerte porque una sola víctima en un conglomerado urbano de 15 millones de habitantes, una sola muerte, injusta, al pedo y al voleo que encima sea amplificada con un machaqueo mediático irresponsable y perverso bastará para poner todo patas para arriba.

Mientras tanto, mientras el trabajo no llegue y la dignidad no pase cerca, solo resta esperar el nuevo cadáver y que los vecinos se arremolinen cada vez más cerca de las comisarías y que vuelvan a llegar los móviles de la tele y que de Narváez aparezca con esa cara actuada, preparada, moldeada por expertos en imagen a decir que se está llegando al límite…

Y puede que su victoria llegue un día y mágicamente la seguridad “se haga” en un lapso de tiempo en el que todos estaremos felices imaginando ilusoriamente al delito en retirada…

Hasta que las pujas intestinas de la bonaerense arrojen un par de cadáveres inocentes y suburbanos y algún canal vuelva a mandar un móvil a las 18.00/18.30 y los vecinos vuelvan a aferrarse a ese movilero como si fuera el Papa y la tele reincida en traficar justicia en formato de 22 a 29 pulgadas.

Y la muerte, socarrona, turra y lasciva se dé el lujo hasta de plagiar al gordo susurrando:

“Alguien dijo que yo me fui de mi barrio
Pero cuando, si siempre estoy llegando”



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domingo, 8 de noviembre de 2009

Inseguridad, Homicidios y Suicidios


Uno de los mecanismos más efectivos para no caer abatido por el manijeo mediático sobre la inseguridad es abrevar en fuentes que suministren los que comúnmente se denomina “datos duros”. El objetivo no es negar que existe un incremento del delito generalmete asociado al robo, sino analizar la realidad con cifras y datos que surgen de trabajos realizados por personas y entidades que estudian científicamente estos temas.

En esta búsqueda me encontré con la página de la Asociación de Políticas Públicas (http://www.app.org.ar/) donde hay varios trabajos sumamente interesantes sobre tráfico de armas; incidencia de las armas de fuego en homicidios y suicidios, etc.


Entre tanta documentación valiosa hay un trabajo titulado “VIOLENCIA Y USO DE ARMAS DE FUEGO EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES” (Ver el documento acá) que contiene datos interesantes como, por ejemplo, que en 2005 hubo más muertes por suicidios (3.076) que por homicidios (2.715).

Otro dato interesante es que en el año 2004, por caso, un 55 % de los homicidios fue ocasionado por conflictos interpersonales (peleas entre familiares y vecinos, cuestiones sentimentales, etc) mientras que sólo un 25 % se originó en ocasión de robo.


El Dr. Diego Fleitas, Director de la APP y uno de los autores de este trabajo, quedó en mandarme datos más actualizados que aún no han sido subidos a la página y que ni bien me lleguen, por supuesto que publicaré para que ampliemos el abanico de fuentes sobre estos temas.


Ya que estamos, recomiendo también este post del blog conurbanos que también tiene buenos datos.


Otro post recomendable es éste , del blog Economista Serial Crónico



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viernes, 17 de abril de 2009

El delito, los vecinos y los Medios

Leyendo y escuchando lo que dicen los vecinos de Valentín Alsina uno no puede menos que preocuparse porque ninguna de esas ideas conduce a la solución del problema de la denominada “inseguridad”. Ni la pena de muerte, ni cortarlos en pedacitos, ni colgarlos en la plaza y luego tirarlos al río arregla un problema indudablemente grave como el delito perpetrado por menores que ante el más mínimo contratiempo aprietan el gatillo hasta que no queda una sola bala.
Tampoco contribuye a estudiar con frialdad las soluciones el hecho de que el dispositivo mediático objetivamente opere para que la gente angustiada y hastiada por un crimen horrendo ante la presencia de los movileros se enardezca aún más.
En la actualidad, la presencia de los medios no es ya un mero hecho de prensa neutral, sin incidencia concreta. Los medios hoy condicionan, exaltan, excitan a personas a las que antes les han hecho creer que precisamente ellos (los medios) sirven para arreglarle sus problemas. Lamentablemente ha cundido la creencia que los medios son la única vía para encontrar las respuestas.
Estamos hasta las manos.
Los medios no arreglan nada y en muchos casos empeoran el estado de las cosas, pero andá a decírselo a quien le han metido en la cabeza que la tele te soluciona los problemas de empleo, de hambre y de inseguridad…
El deseo de estar en la tele todo lo puede. Ese video famoso de Crónica TV mostrando a un motoquero estroladísimo en plena avenida realizando declaraciones es la muestra más acabada de hasta dónde puede llegar la fiebre por 30 segundos de fama.
Cualquiera que haya estado en algún conglomerado de gente que luego salió en la tele podrá ratificar lo que relato a continuación: Supongamos que hubo un accidente por un semáforo roto. Se reúne una determinada cantidad de vecinos y transeúntes que naturalmente comentan el accidente, los detalles y cosas por el estilo. Cuando llega un móvil de algún Canal, la expresión de los vecinos comienza a trastocarse y en la medida que los preparativos técnicos de los movileros se van desplegando y se acerca el momento de salir al aire, esos mismos señores y esas mismas señoras que 15 minutos atrás estaban tranquilos y “normales” ahora ya tienen un rostro exaltado, la típica cara de “vecino saliendo en la tele”. Este ejercicio es muy bien observado por el notero que a esta altura del partido ya sabe qué vecino le rendirá más en los dos minutos de aire que tendrá. El movilero sabe también que si tiene el tacto para descubrir al vecino más elocuente y que mejor comunique “lo que le pasa a la gente” recibirá una palmadita de aprobación de parte de su jefe, que a su vez creerá haber ganado algún porotito en la consideración de la empresa.
El medio se alimenta gratis de la gente y la pobre gente cree que habiendo repetido lo que el medio le mete en la cabeza día a día se soluciona su problema.

Otro aspecto negativo es el tratamiento que se le da al tema del delito, donde se pone en un mismo plano la opinión de un experto con la de un familiar que en un estado emocional propio de quien ha perdido un familiar a tiros le dice “Y ahora quién me devuelve a mi marido, doctor”
Ahí estamos ante un manejo sumamente irresponsable del medio porque no se puede cruzar a un experto con un familiar de una víctima, esto es de sentido común.
Nunca ese doctor podrá darle una respuesta que satisfaga la demanda de alguien a quien le han matado un hermano, un esposo o un hijo, por eso se deben manejar estas cuestiones en planos diferenciados si es que se intenta ejercer el periodismo con algún grado de responsabilidad.
Hay un problema con el delito y acá no vamos a meternos a opinar sobre cómo encarar las soluciones precisamente porque somos respetuosos de quienes tienen más formación y dedicación en la materia. No queremos hacer lo que criticamos.
Pero también hay un problema en cómo procede el dispositivo mediático.
Tengo la sensación que todo esto contribuye a buscar soluciones por derecha con la gravedad que tiene el hecho de saber que por ese lado no hay perspectivas de mejorar la situación. Querer correr con la pena de muerte a pibes que saben que están condenados a morir hoy, mañana o pasado, no incide, no asusta a ese flaquito que se crió mangando en subtes y trenes, engendrando odio y esperando el día en que su brazo resista el peso de un revólver para salir a hacerse una moneda y de paso vengarse de toda la inmundicia que viene padeciendo. Ahí no hay pena de muerte que valga, ese programita no está en el sistema operativo del menor que delinque.
No sé cómo se soluciona este problema, pero tengo muy claro el daño que producen los medios al amplificar intencionalmente las peores y más viscerales expresiones de personas enardecidas por un crimen.

lunes, 6 de abril de 2009

Para la inseguridad terminó el duelo por Alfonsín

Qué bárbaro che, estos son delincuentes sí que dan gusto.
Fijate vos que desde el martes pasado hasta ayer fueron respetuosos con el luto de gran parte del país y ya desde anoche volvieron a la rutina.
A, acá, y acá están las pruebas.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Cerramos en 9.000?


Clarín da 8.000; La Nación y Crítica acusan 10.000.

Definitivamente es muy poco.

Casi nada.

Definitivamente la gente preocupada por la inseguridad es muchísima y si hoy juntaron un número tan escueto de personas es señal de que algo le está saliendo mal al dispositivo mediático opositor.

Intentaron masificar un tarifazo a los grandes consumidores residenciales y fracasaron.

Ahora pusieron nada menos que a Susana Giménez, Sandro y Tinelli convocar a la plaza y juntaron esto.

Si yo estuviera en su lugar estaría realmente preocupado.

martes, 17 de marzo de 2009

El día que se frenó el robo de pasacassettes nació el arrebato

De vez en cuando no viene mal escuchar a los que saben.
La frase del título la dijo el Doctor Julio Aparicio en unas jornadas realizadas en el Colegio de Abogados de San Isidro en 2003 sobre políticas penitenciarias.
Aparicio es profesor universitario en la UBA y la Kennedy. Fue Director del Patronato de liberados desde 1974 hasta los años ochenta y trabajó en el Ministerio de Justicia en los noventa.
Entre tanta intoxicación de famosos operando a favor de la mano dura está bueno escuchar a especialistas.
Ojalá nos sirva.
DURACION: 32 MINUTOS

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