Reynaldo Sietecase con su nota “Los dueños de los medios” me dejó pensando.
Arranca hablando muy livianamente de la propiedad de los medios pero inmediatamente, y sin desarrollar el enunciado, empieza a escribir sobre lo que – creo – más le interesa: El vínculo entre los periodistas con las empresas propietarias de medios y su dilema cotidiano de no herir susceptibilidades patronales y al mismo tiempo mostrarse “independientes” para la audiencia.
El intento de Sietecase arranca decididamente mal:
“A mí me gustaría que los dueños de los medios de comunicación fuesen Estela Carlotto, León Gieco y Juan Carr. Pero no, son Telefónica, Clarín, el Grupo Uno, el mexicano Remigio Ángel González y Daniel Hadad”
¿Sabés que a mí no me gustaría que Carlotto o Gieco fueran propietarios de medios?
Pensemos ¿Qué busca Sietecase con este párrafo? Seguramente provocar y darnos un baño de sentido común, de realismo y pragmatismo. Nos dice que, lamentablemente, los medios están en manos de sus actuales propietarios y que de lo que se trata es de trabajar en este contexto empresario con la mayor dignidad posible. Toda una demostración de falta de convicciones para intentar trastocar un sistema mediático perverso.
En realidad no se trata de que los medios pasen de Hadad a Gieco, se trata de enfocar la problemática de la comunicación desde otro lado, que no es otro que la necesidad de democratizar el acceso a los medios electrónicos garantizando que las diversas expresiones políticas, religiosas y sociales puedan explotar frecuencias de radio y TV.
Los medios están como están por causas políticas concretas.
No es casual que de la ley 22.285, sancionada en 1979 por Videla, se hayan modificado solamente los artículos que prohibían a los diarios explotar radios y canales de televisión en una misma zona.
Esta modificación concretada en tiempos de la Reforma del Estado menemista fue la que posibilitó la estructuración de grupos multimediáticos con un poder devastador, como se pudo verificar en la puja por la resolución 125, donde los medios jugaron a fondo y le asestaron un golpe durísimo al kirchnerismo que, repitámoslo, ha tenido una política horripilante en la materia: De prorrogarle en 2005 la explotación de licencias a todos los canales y radios; de autorizar la compra de Cablevisión por parte de Clarín a mediados del 2007 pasó, en el fragor de la pulseada con la patronal agropecuaria, a proponer una nueva ley de radiodifusión como un elemento más de presión política, con lo que devaluó irresponsablemente la necesidad estratégica de contar con una nueva legislación en la materia.
Si en algún momento el gobierno intentara sancionar una nueva ley de radiodifusión ¿Cómo haría para resistir el fuego cruzado de toda la estructura mediática del país?
Los resultados podrían ser dos: Una durísima y definitiva derrota o, peor aún, la sanción de una legislación que meramente lave la cara de lo existente y no sólo no trastoque la cuestión de la propiedad, sino que legalice el actual estado de cosas.
Mientras no haya una legislación que claramente amplíe las posibilidades de acceso a los medios a todos aquellos actores sociales y políticos relevantes, cualquier debate sobre la materia quedará siempre a mitad de camino.
Para que ningún despistado se confunda debe remarcarse que la cuestión no pasa por cercenar los espacios vigentes, sino por abrir otros. La inminencia de la digitalización de la radio y la TV es la gran aliada que posibilitará abrir nuevas frecuencias sin necesidad de sacar lo existente. La Cadena Nacional de la Gente Linda seguirá estando, sólo que a su lado habrá gente fea y desarreglada diciendo también sus verdades ¿Queda claro?
Este zapping dominguero que muchos hacemos yendo y viniendo entre el programa de la delantera Sietecase-Rosín-Montenegro y la de Navarro-Wainfeld-Brieger debe multiplicarse.
El acceso a los medios no debe estar filtrado exclusivamente por la cartera de anunciantes porque esa es la mejor forma de garantizar que nada cambie.
De no abordarse así la cuestión de los medios, el país seguirá padeciendo campañas y manipulaciones por doquier puesto que ha quedado comprobado que en la actualidad las empresas ligadas a la comunicación se han transformado en actores descarnadamente políticos y ello hace que se subordine el derecho a la información a sus intereses políticos coyunturales. Un ejemplo puntual es la del diario Crítica de ayer: Cuando la noticia era la sanción en el Senado de la estatización de los fondos previsionales, puso en tapa una foto de la presidenta titulando “Vamos a traer a Tutankamon a Buenos Aires”
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sábado, 22 de noviembre de 2008
jueves, 6 de noviembre de 2008
La mala leche de todos los días
La mala leche es corrosiva.
La mala leche es una infección contra la que hasta ahora no se conoce vacuna eficaz.
La mala leche es como un virus que descalifica al portador, que lo encasilla dentro de lo aborrecible, con todo lo que ello implica.
Tanto en el barrio como en la Universidad si hay algo abominable son los “mala leche”. Es la categoría más baja de los despreciables.
Sólo el "batidor" queda abajo del “mala leche”
La mala leche define con precisión el diario de Jorge Lanata. Dicho de otro modo: Si usted quiere saber qué es la mala leche, hágase una pasadita todas las mañanas por la tapa del diario que dirige la nueva estrella de la calle Corrientes.
Hoy, por ejemplo, dedica nada menos que la tapa a pegarle a la nota de protocolo que envió nuestro país, contraponiéndola a lo que hizo Brasil.
Si hubiera sido Cristina quien hubiera hablado del bloqueo a Cuba, Crítica la hubiera tildado de oportunista y desubicada.
Como el chiste aquél que decía que si Menem caminaba sobre el agua, Página/12 titularía “Menem no sabe nadar”
Alguna vez la estrella del maipo dijo que es muy complejo conseguir contenido para llenar un diario, eso es una verdad inobjetable.
Lo que hay que decir ahora es que más complicado aún es pensar tapas y notas opositoras para todos los días.
Se corre el riesgo de dar pena.
Y asco
La mala leche es una infección contra la que hasta ahora no se conoce vacuna eficaz.
La mala leche es como un virus que descalifica al portador, que lo encasilla dentro de lo aborrecible, con todo lo que ello implica.
Tanto en el barrio como en la Universidad si hay algo abominable son los “mala leche”. Es la categoría más baja de los despreciables.
Sólo el "batidor" queda abajo del “mala leche”
La mala leche define con precisión el diario de Jorge Lanata. Dicho de otro modo: Si usted quiere saber qué es la mala leche, hágase una pasadita todas las mañanas por la tapa del diario que dirige la nueva estrella de la calle Corrientes.
Hoy, por ejemplo, dedica nada menos que la tapa a pegarle a la nota de protocolo que envió nuestro país, contraponiéndola a lo que hizo Brasil.
Si hubiera sido Cristina quien hubiera hablado del bloqueo a Cuba, Crítica la hubiera tildado de oportunista y desubicada.
Como el chiste aquél que decía que si Menem caminaba sobre el agua, Página/12 titularía “Menem no sabe nadar”
Alguna vez la estrella del maipo dijo que es muy complejo conseguir contenido para llenar un diario, eso es una verdad inobjetable.
Lo que hay que decir ahora es que más complicado aún es pensar tapas y notas opositoras para todos los días.
Se corre el riesgo de dar pena.
Y asco
viernes, 12 de septiembre de 2008
Caparrós se puso boludo ahora o siempre lo disimuló muy bien?
Es doloroso ver cómo algunas mentes que uno creía brillantes se opacan vertiginosamente cuando analizan la coyuntura política que nos toca vivir .
¿O soy yo el equivocado al otorgarle brillos que quizá no tenga Martín Caparrós?
Cambia todo tan rápido que en una de esas aquella persona que sospechábamos inteligente termina hoy reproduciendo razonamientos ramplones, agobiándonos con una caterva del lugares comunes.
Vaya uno a saber.
En rigor, debo admitir que ya Caparrós me sorprendió con una columna patética que vomitó en Perfil cuando murió Frank Sinatra. Me asombró que un tipo presumiblemente culto tuviera una caracterización tan tipo Feimann –el de Radio 10- de un cantante casi perfecto, en cuyo fraseo se inspiró nada menos que el mismísimo Miles Davis. En aquél 1998, desde New York descerrajó una sarta de pavadas, como sus vínculos probadísimos con la mafia, en el intento de aparecer con una mirada “distinta”, propia de una mente superior, sin darse cuenta que a veces, cuando las luces están apagadas conviene no escribir nada para no meter la pata.
“También a las personas cultas las asiste el derecho a la sordera”, pensé en esos días.
Pero fue un alerta, un llamado de atención sobre cierta tendencia al derrape del periodista que se ganó nuestro respeto intelectual junto a Jorge Dorio en las noches de Radio Belgrano y en “El Monitor Argentino”, efímero programa que se emitió por Canal 13, para luego sumarse a las filas de El Porteño y más tarde a Página/12, instalandose así como uno de los periodistas más lúcidos del progresismo periodístico porteño.
Pero ahora anda sufriendo las consecuencias de la cambiante realidad criolla, cuyas mutaciones y coletazos te vuelan de la butaca si no te ataste el cinturón de seguridad.
No es un caso como los de Tenembaum y Zlotowiazda que eligieron asalariarse en Clarín y operan en consecuencia.
De Caparrós no se sabe que se haya conchabado en algún multimedio poderoso y en consecuencia haya negociado libertad de opinión por jubilación apacible y segura, lo que constituye una verdadera fuente de preocupación a juzgar por estas pelotudeces que hoy publica en el diario de la nueva estrella de calle Corrientes. No estaríamos ante la resultante de una pluma domada por el billete sino frente a síntomas preocupantes de una rara variante de senilidad intelectual prematura.
¿O soy yo el equivocado al otorgarle brillos que quizá no tenga Martín Caparrós?
Cambia todo tan rápido que en una de esas aquella persona que sospechábamos inteligente termina hoy reproduciendo razonamientos ramplones, agobiándonos con una caterva del lugares comunes.
Vaya uno a saber.
En rigor, debo admitir que ya Caparrós me sorprendió con una columna patética que vomitó en Perfil cuando murió Frank Sinatra. Me asombró que un tipo presumiblemente culto tuviera una caracterización tan tipo Feimann –el de Radio 10- de un cantante casi perfecto, en cuyo fraseo se inspiró nada menos que el mismísimo Miles Davis. En aquél 1998, desde New York descerrajó una sarta de pavadas, como sus vínculos probadísimos con la mafia, en el intento de aparecer con una mirada “distinta”, propia de una mente superior, sin darse cuenta que a veces, cuando las luces están apagadas conviene no escribir nada para no meter la pata.
“También a las personas cultas las asiste el derecho a la sordera”, pensé en esos días.
Pero fue un alerta, un llamado de atención sobre cierta tendencia al derrape del periodista que se ganó nuestro respeto intelectual junto a Jorge Dorio en las noches de Radio Belgrano y en “El Monitor Argentino”, efímero programa que se emitió por Canal 13, para luego sumarse a las filas de El Porteño y más tarde a Página/12, instalandose así como uno de los periodistas más lúcidos del progresismo periodístico porteño.
Pero ahora anda sufriendo las consecuencias de la cambiante realidad criolla, cuyas mutaciones y coletazos te vuelan de la butaca si no te ataste el cinturón de seguridad.
No es un caso como los de Tenembaum y Zlotowiazda que eligieron asalariarse en Clarín y operan en consecuencia.
De Caparrós no se sabe que se haya conchabado en algún multimedio poderoso y en consecuencia haya negociado libertad de opinión por jubilación apacible y segura, lo que constituye una verdadera fuente de preocupación a juzgar por estas pelotudeces que hoy publica en el diario de la nueva estrella de calle Corrientes. No estaríamos ante la resultante de una pluma domada por el billete sino frente a síntomas preocupantes de una rara variante de senilidad intelectual prematura.
jueves, 28 de agosto de 2008
Reynaldo Sietecase: Cada vez más patético
Esta columna de Reynaldo Sietecase es toda una demostración del techo analítico que campea en el periodismo televisivo.
Sietecase remata su razonamiento en esta frase:
“Las noticias no son un espectáculo”
Antes de descerrajar esta oración rimbombante, el centralista transcribió una máxima de Ryszard Kapuscinski, citó alguna definición de Tomás Eloy Martínez y hasta manifestó una crítica timorata al hacedor de TVR, Diego Gvirtz.
Todo muy bien, muy rico todo y muy linda la novia ¿Pero el resto del análisis, Sietecase? ¿La propiedad de los canales no importa? ¿La utilización política de la TV por parte de las patronales no debe ser tenida en cuenta toda vez que hablamos de periodismo y televisión?
Sietecase dice que la TV se aleja cada vez más del periodismo. Le pido, le suplico que me diga cuándo estuvo cerca, salvando excepciones puntuales.
Pero aparte de eso, el asunto es desentrañar el carácter desinformador de estas líneas. Porque si Sietecase habla desde el periodismo televisivo e intenta lanzar una autocrítica, está omitiendo muchísimos elementos en el diagnóstico, entonces la resultante puede ser creíble para lectores con escasa información en materia de medios, pero no para quienes están de una u otra manera ligados a estos.
Sietecase no puede soslayar que el flujo publicitario en Argentina está infectado por intereses políticos e ideológicos, hecho que condiciona desde el vamos el la el perfil de los programas; Sietecase no puede venir a hablar del minuto a minuto y silenciar que el canal en donde él trabaja es de un dirigente político opositor, y donde, por ejemplo, casi no existen las noticias que desfavorezcan al gobierno de Mauricio Macri ; Sietecase no puede desconocer que hay campañas de prensa, que hay operaciones, que hay intereses concretos por parte de los licenciatarios de los canales de TV.
Sietecase no puede ignorar que esta TV que supuestamente se aleja de lo que nunca tuvo cerca demonizó a Luis D’Elía transformando una trompada a un provocador en decenas de patoteadas, mientras que encriptó las informaciones sobre los abusos y tropelías cometidos en las rutas por las hordas enardecidas de soja.
Sietecase no puede venir a hablar del periodismo televisivo sin reparar en cómo la TV se embanderó con la patronal agropecuaria, cómo trató desde sus noticieros de “ciudadanos” y “vecinos” a los poco espontáneos caceroleros, mientras que a quienes nos movilizamos a favor del gobierno y la democracia fuimos estigmatizados jodidamente como “activistas”.
Indigna la manera en que estos muchachos nos quieren tomar el pelo. ¿Pensará Reynaldo que lo escribe es creíble?
Si trasladamos el razonamiento de Sietecase al fútbol podríamos aventurar, por ejemplo, que ya no hay wines por culpa de los Directores Técnicos, cuando en verdad el problema, si bien los incluye, es mucho más profundo y se remonta a las transformaciones que se han venido operando en el negocio del fútbol en los últimos treinta años, abarcando desde el juego en si mismo hasta intereses políticos e ideológicos y asuntos económicos variopintos que convergen en este espectáculo cada vez más rentable.
No se puede hablar de periodismo y TV sin considerar que hay intereses concretos que condicionan y formatean la cotidianeidad de la TV como tampoco se puede seguir blandiendo el cuentito de que a la gente le gusta la porquería, porque aquellas veces en que la TV ha tenido propuestas periodísticas de fuste la audiencia las ha acompañado considerablemente, dejando en claro, por supuesto, que siempre va a existir una mayoría que prefiera ver las propuestas pasatistas.
Sin ir más lejos, los programas de Lanata tuvieron muy buenas mediciones, pero claro, distaban de lo que hoy por separado hacen Tenembaum, Zlotowiazda y el mismísimo Sietecase con Maximiliano Montenegro.
Se me acaba de ocurrir que viene a cuento preguntarle a Reynaldo porqué sumando sus programas con los de Tenembaum y Zloto, en lo periodístico no le llegan a los talones a aquél “Día D”. ¿Qué es lo que hace que la calidad periodística de estos programas sea tan pobre al lado de lo que estos mismos colegas realizaban cuando estaban con la nueva estrella de la revista porteña? ¿La culpa es del “minuto a minuto”? Vamos...
¿No será que Tenembaum, Zloto, Montenegro y Sietecase tienen hoy algunos corsés y en aquellos años no? Porque si no es esto, pues habrá que considerar que un puñado de años bastaron para que cuatro periodistas sufrieran un retroceso profesional e intelectual alarmante.
Mientras no se reconozca que para trabajar en la primera división del sistema mediático tal como está, hay que someterse a varios condicionamientos, ningún análisis será creíble. Por supuesto que ninguno de estos periodistas lo va a reconocer y va de suyo que cuentan con vastos recursos intelectuales para defenderse y desacreditar a quienes desde afuera marcamos estas cuestiones.
En todo caso no estaría mal que se aliaran a ideas un poco más solventes o que por lo menos asuman que han cambiado.
Al fin y al cabo siempre se pueden entender las razones laborales, lo que no se puede justificar es que un diagnóstico pletórico de falencias se nos lo quiera vender como autocrítica profunda .
Sietecase remata su razonamiento en esta frase:
“Las noticias no son un espectáculo”
Antes de descerrajar esta oración rimbombante, el centralista transcribió una máxima de Ryszard Kapuscinski, citó alguna definición de Tomás Eloy Martínez y hasta manifestó una crítica timorata al hacedor de TVR, Diego Gvirtz.
Todo muy bien, muy rico todo y muy linda la novia ¿Pero el resto del análisis, Sietecase? ¿La propiedad de los canales no importa? ¿La utilización política de la TV por parte de las patronales no debe ser tenida en cuenta toda vez que hablamos de periodismo y televisión?
Sietecase dice que la TV se aleja cada vez más del periodismo. Le pido, le suplico que me diga cuándo estuvo cerca, salvando excepciones puntuales.
Pero aparte de eso, el asunto es desentrañar el carácter desinformador de estas líneas. Porque si Sietecase habla desde el periodismo televisivo e intenta lanzar una autocrítica, está omitiendo muchísimos elementos en el diagnóstico, entonces la resultante puede ser creíble para lectores con escasa información en materia de medios, pero no para quienes están de una u otra manera ligados a estos.
Sietecase no puede soslayar que el flujo publicitario en Argentina está infectado por intereses políticos e ideológicos, hecho que condiciona desde el vamos el la el perfil de los programas; Sietecase no puede venir a hablar del minuto a minuto y silenciar que el canal en donde él trabaja es de un dirigente político opositor, y donde, por ejemplo, casi no existen las noticias que desfavorezcan al gobierno de Mauricio Macri ; Sietecase no puede desconocer que hay campañas de prensa, que hay operaciones, que hay intereses concretos por parte de los licenciatarios de los canales de TV.
Sietecase no puede ignorar que esta TV que supuestamente se aleja de lo que nunca tuvo cerca demonizó a Luis D’Elía transformando una trompada a un provocador en decenas de patoteadas, mientras que encriptó las informaciones sobre los abusos y tropelías cometidos en las rutas por las hordas enardecidas de soja.
Sietecase no puede venir a hablar del periodismo televisivo sin reparar en cómo la TV se embanderó con la patronal agropecuaria, cómo trató desde sus noticieros de “ciudadanos” y “vecinos” a los poco espontáneos caceroleros, mientras que a quienes nos movilizamos a favor del gobierno y la democracia fuimos estigmatizados jodidamente como “activistas”.
Indigna la manera en que estos muchachos nos quieren tomar el pelo. ¿Pensará Reynaldo que lo escribe es creíble?
Si trasladamos el razonamiento de Sietecase al fútbol podríamos aventurar, por ejemplo, que ya no hay wines por culpa de los Directores Técnicos, cuando en verdad el problema, si bien los incluye, es mucho más profundo y se remonta a las transformaciones que se han venido operando en el negocio del fútbol en los últimos treinta años, abarcando desde el juego en si mismo hasta intereses políticos e ideológicos y asuntos económicos variopintos que convergen en este espectáculo cada vez más rentable.
No se puede hablar de periodismo y TV sin considerar que hay intereses concretos que condicionan y formatean la cotidianeidad de la TV como tampoco se puede seguir blandiendo el cuentito de que a la gente le gusta la porquería, porque aquellas veces en que la TV ha tenido propuestas periodísticas de fuste la audiencia las ha acompañado considerablemente, dejando en claro, por supuesto, que siempre va a existir una mayoría que prefiera ver las propuestas pasatistas.
Sin ir más lejos, los programas de Lanata tuvieron muy buenas mediciones, pero claro, distaban de lo que hoy por separado hacen Tenembaum, Zlotowiazda y el mismísimo Sietecase con Maximiliano Montenegro.
Se me acaba de ocurrir que viene a cuento preguntarle a Reynaldo porqué sumando sus programas con los de Tenembaum y Zloto, en lo periodístico no le llegan a los talones a aquél “Día D”. ¿Qué es lo que hace que la calidad periodística de estos programas sea tan pobre al lado de lo que estos mismos colegas realizaban cuando estaban con la nueva estrella de la revista porteña? ¿La culpa es del “minuto a minuto”? Vamos...
¿No será que Tenembaum, Zloto, Montenegro y Sietecase tienen hoy algunos corsés y en aquellos años no? Porque si no es esto, pues habrá que considerar que un puñado de años bastaron para que cuatro periodistas sufrieran un retroceso profesional e intelectual alarmante.
Mientras no se reconozca que para trabajar en la primera división del sistema mediático tal como está, hay que someterse a varios condicionamientos, ningún análisis será creíble. Por supuesto que ninguno de estos periodistas lo va a reconocer y va de suyo que cuentan con vastos recursos intelectuales para defenderse y desacreditar a quienes desde afuera marcamos estas cuestiones.
En todo caso no estaría mal que se aliaran a ideas un poco más solventes o que por lo menos asuman que han cambiado.
Al fin y al cabo siempre se pueden entender las razones laborales, lo que no se puede justificar es que un diagnóstico pletórico de falencias se nos lo quiera vender como autocrítica profunda .
domingo, 22 de junio de 2008
Lanata cada vez mas amarillo (y no por ser del PCR)
Para recortar y pegar esta noticia que publica Crítica sobre los comicios para Intendente en Río Cuarto. El título es "Voto Castigo en Río Cuarto", pero luego, en el medio de la nota se lee:
" Vale destacar que en la elección no se presentaron candidatos que se reivindican kirchneristas"
¿Entonces Jorge, en qué quedamos? ¿Voto castigo para quién? En todo caso para De La Sota y Schiaretti...
" Vale destacar que en la elección no se presentaron candidatos que se reivindican kirchneristas"
¿Entonces Jorge, en qué quedamos? ¿Voto castigo para quién? En todo caso para De La Sota y Schiaretti...
martes, 27 de mayo de 2008
El eructo de Lanata
Leyendo ayer a Jorge Lanata concluí que ciertas sospechas que albergaba tenían su fundamento. La verdad es que siempre sospeché que con gran habilidad Lanata se apropió de todo el prestigio de Página/12 y que en rigor, el impacto saludable de Página se debió al concurso mancomunado de varias personalidades del periodismo y la intelectualidad que ya venían reuniéndose en publicaciones muy piolas como El Porteño o El periodista. Por supuesto que le cabe al director el reconocimiento de haber conducido tamaña reunión de figuras, lo que seguramente no debe haber sido fácil. Pero es impensable la revolución y el impacto de Página/12 sin reparar en el aporte de figuras como Osvaldo Soriano, Eduardo Aliverti, Miguel Bonasso, Miguel Briante, Horacio Vervitsky o Eduardo Galeano, por nombrar injustamente unos pocos.
Incluso desde lo ideológico nunca estuvo muy claro cuál era el posicionamiento de Lanata, seguramente porque el hoy director de Crítica de la Argentina con gran cintura siempre se las ingenió para saltar de un lugar a otro haciendo gala de un pragmatismo aparentemente progre y por ende en mas de una ocasión quedó eximido de presentar credenciales político-ideológicas.
Hoy, cuando Crítica va llegando a las 100 ediciones, Lanata muestra que atrás de su ego deforme tímidamente va apareciendo su verdadera pulpa política.
En esta nota pobre ("Gobernar en democracia es reconocer el derecho a decir no") con poca iluminación y desabastecida fatalmente de ideas, Lanata sólo consigue espantarnos con un eructo execrable:
Caracteriza al gobierno de intolerante, se mofa de quienes sostienen que tras el camionetazo agropecuario hay un plan desestabilizador y culmina tratando de “subsidiados” a todos aquellos intelectuales que están planteando un apoyo crítico a la gestión oficial.
No sería grave este steep trease ideológico-político que revela en toda su dimensión un corpus profundamente reaccionario si no fuera que todavía hay muchas personas bien pensantes que siguen creyendo que Lanata es otra cosa.
Incluso desde lo ideológico nunca estuvo muy claro cuál era el posicionamiento de Lanata, seguramente porque el hoy director de Crítica de la Argentina con gran cintura siempre se las ingenió para saltar de un lugar a otro haciendo gala de un pragmatismo aparentemente progre y por ende en mas de una ocasión quedó eximido de presentar credenciales político-ideológicas.
Hoy, cuando Crítica va llegando a las 100 ediciones, Lanata muestra que atrás de su ego deforme tímidamente va apareciendo su verdadera pulpa política.
En esta nota pobre ("Gobernar en democracia es reconocer el derecho a decir no") con poca iluminación y desabastecida fatalmente de ideas, Lanata sólo consigue espantarnos con un eructo execrable:
Caracteriza al gobierno de intolerante, se mofa de quienes sostienen que tras el camionetazo agropecuario hay un plan desestabilizador y culmina tratando de “subsidiados” a todos aquellos intelectuales que están planteando un apoyo crítico a la gestión oficial.
No sería grave este steep trease ideológico-político que revela en toda su dimensión un corpus profundamente reaccionario si no fuera que todavía hay muchas personas bien pensantes que siguen creyendo que Lanata es otra cosa.
sábado, 5 de abril de 2008
Lanata: Cada vez mas cerca de La Nación
Leer a Jorge Lanata es un buen ejercicio para corroborar cómo un periodista que en sus tiempos mozos supo sorprendernos a fuerza de ingenio y creatividad ahora trasunta los caminos trillados de la obviedad y, como esos futbolistas con algunos kilos de más, exhibe un juego predecible y aburrido.
Quizá creyendo que inventa algo, Lanata escribe en su diario parrafadas que no son otra cosa que reiteraciones de lugares comunes propios de los editoriales de La Nación que, además, no resisten ningún archivo.
Hoy, por ejemplo, opina sobre las referencias que hizo la Presidenta a cierta tendencia de la prensa a ningunear las buenas noticias y se manda algunos párrafos que no tienen desperdicio. Por ejemplo, éste:
“Nunca, en toda mi carrera, vi esta obsesión de un gobierno por los medios. Tengo 47 años y trabajo desde los 14. A excepción hecha, claro, de la dictadura”
O Lanata vivió en otro mundo o miente descaradamente.
Cualquier persona bien informada sabe que la relación con los medios fue central en todos los gobiernos, desde 1983 a la fecha. ¿Se acuerdan cuando el alfonsinismo amagó con el “Derecho a Réplica” como mecanismo para responderle a la prensa? Cualquier persona que se tome el trabajo de revisar los diarios de la época lo puede corroborar.
¿Nos olvidamos cuando los funcionarios radicales decían que “Comunicaban mal” y que por ende, sus buenas gestiones eran destrozadas por los medios?
¿Y cuando en un acto público Alfonsín le respondió a Clarín sobre las cifras del desempleo?
El menemismo tuvo también en la primera página de su agenda la cuestión de los medios, lo que pasa es que la resolvió aliándose con ellos ¿O no fue durante los años del riojano que, por ejemplo, se modificaron artículos vitales de la Ley de Radiodifusión de la dictadura -la 22.285- para posibilitarle a Clarín la explotación de Radio Mitre y Canal 13? ¿No se acuerda Lanata que gracias a esa modificación de la 22.285 el diario La Nación adquirió en aquellos años Radio del Plata y en sociedad con Alejandro Romay lanzó Buenos Aires Cable?
Pero lo que no tiene desperdicio es el final:
“Cuando los gobiernos se pelean con los medios se están peleando, en verdad, con el espejo. No les gusta lo que se ve de ellos mismos. Y deciden romper el espejo. Creen que así se dejará de verlos.”
Si si si, el que escribe esto no es el editorialista de La Nación, es Jorge Lanata. El que agrede a la inteligencia es el director de Crítica. Porque la figura del espejo no resiste el análisis mas sencillo. Porque los medios no son un espejo. El espejo es algo fijo que proyecta una imagen pero los medios son algo vivo, con intereses, con motivaciones políticas y económicas. Esto es básico, es sentido común de primer grado.
Un ejemplo: Cuando se realizó la primera exhibición de teflón en Recoleta y Belgrano, luego de que Cristina hablara de los “Piquetes de la abundancia”, Crítica de la Argentina Tituló “Luego del discurso presindencial la ciudad estalló en un cacerolazo” ¿Eso es un espejo que está devolviendo una imagen fidedigna de la realidad o un titular que la falsea y manipula?
Al igual que Carrió en la política, Lanata ha emprendido una alocada carrera hacia posiciones cada vez más reaccionarias.
Tanto vértigo asusta.
Quizá creyendo que inventa algo, Lanata escribe en su diario parrafadas que no son otra cosa que reiteraciones de lugares comunes propios de los editoriales de La Nación que, además, no resisten ningún archivo.
Hoy, por ejemplo, opina sobre las referencias que hizo la Presidenta a cierta tendencia de la prensa a ningunear las buenas noticias y se manda algunos párrafos que no tienen desperdicio. Por ejemplo, éste:
“Nunca, en toda mi carrera, vi esta obsesión de un gobierno por los medios. Tengo 47 años y trabajo desde los 14. A excepción hecha, claro, de la dictadura”
O Lanata vivió en otro mundo o miente descaradamente.
Cualquier persona bien informada sabe que la relación con los medios fue central en todos los gobiernos, desde 1983 a la fecha. ¿Se acuerdan cuando el alfonsinismo amagó con el “Derecho a Réplica” como mecanismo para responderle a la prensa? Cualquier persona que se tome el trabajo de revisar los diarios de la época lo puede corroborar.
¿Nos olvidamos cuando los funcionarios radicales decían que “Comunicaban mal” y que por ende, sus buenas gestiones eran destrozadas por los medios?
¿Y cuando en un acto público Alfonsín le respondió a Clarín sobre las cifras del desempleo?
El menemismo tuvo también en la primera página de su agenda la cuestión de los medios, lo que pasa es que la resolvió aliándose con ellos ¿O no fue durante los años del riojano que, por ejemplo, se modificaron artículos vitales de la Ley de Radiodifusión de la dictadura -la 22.285- para posibilitarle a Clarín la explotación de Radio Mitre y Canal 13? ¿No se acuerda Lanata que gracias a esa modificación de la 22.285 el diario La Nación adquirió en aquellos años Radio del Plata y en sociedad con Alejandro Romay lanzó Buenos Aires Cable?
Pero lo que no tiene desperdicio es el final:
“Cuando los gobiernos se pelean con los medios se están peleando, en verdad, con el espejo. No les gusta lo que se ve de ellos mismos. Y deciden romper el espejo. Creen que así se dejará de verlos.”
Si si si, el que escribe esto no es el editorialista de La Nación, es Jorge Lanata. El que agrede a la inteligencia es el director de Crítica. Porque la figura del espejo no resiste el análisis mas sencillo. Porque los medios no son un espejo. El espejo es algo fijo que proyecta una imagen pero los medios son algo vivo, con intereses, con motivaciones políticas y económicas. Esto es básico, es sentido común de primer grado.
Un ejemplo: Cuando se realizó la primera exhibición de teflón en Recoleta y Belgrano, luego de que Cristina hablara de los “Piquetes de la abundancia”, Crítica de la Argentina Tituló “Luego del discurso presindencial la ciudad estalló en un cacerolazo” ¿Eso es un espejo que está devolviendo una imagen fidedigna de la realidad o un titular que la falsea y manipula?
Al igual que Carrió en la política, Lanata ha emprendido una alocada carrera hacia posiciones cada vez más reaccionarias.
Tanto vértigo asusta.
domingo, 9 de marzo de 2008
Siempre se vuelve a Página/12

Los pocos domingos que no compré Página/12 me arrepentí. Las veces que opté por Clarín me embargó un sentimiento de vaciedad enorme. Tanta cantidad de papel y tan pocas notas interesantes!!!
Cuando compré Perfil me dí vergüenza.
Y hoy me arriesgué con Crítica de la Argentina y La verdad que me salió carísimo pues a los $ 4,50 que pagué tuve que sumar el cartucho de la impresora que me devoré bajando notas de Página/12.
Por comprar Crítica tuve que imprimir una nota excepcional de Verbitsky sobre el interés del Comando Sur en Colombia y alrededores. Luego imprimí una muy buena cobertura de Martín Piqué sobre los entretelones del acuerdo en la cumbre de Santo Domingo y un editorial al respecto de Mario Wainfeld con su nivel habitual. Más tarde me bajé la contratapa donde Juan Gelman anticipa lo mal que le va a ir en Hollywood a la buena de Marion Cotillard luego de que una revista levantara sus dudas sobre la versión oficial de la Casa Blanca respecto al atentado del 11/9.
Por ser una persona rodeada de psicólogos y esposo de una lectora del libro de Rolón, naturalmente que no pude resistir la tentación de bajarme también eso.
Y por supuesto que también imprimí la nota de tapa y comentario de Zaiat sobre la influencia creciente de Telefónica en Telecom. Y cómo se vincula esto con la sorda batalla que se está dando entre las telefónicas y Clarín por el paquete del llamado “Triple Play” (Telefonía mas Internet y TV).
Como la tinta se acababa leí online a Diego Fischerman sobre Betty Davis, aquella pareja de Miles Davis que inspiró su mítico álbum “Bitches Brew” y en “Cash” la problemática sobre la desocupación de los jóvenes que andan entre los 18 y los 24 años y, por supuesto, “Buena Moneda” esa imperdible joya que semanalmente nos regala Alfredo Zaiat
¿Y qué encontré en Crítica? La nota de Lanata sobre que se paga el fuel oil mas caro; que el ex montonero Montoto maneja las cámaras vigiladoras para el gobierno porteño; una buena contratapa de Bonasso sobre la masacre de Trelew; una nota de Caparrós sobre los millones de jóvenes chinos que marchan del campo a la ciudad; una típica nota sobre las mentiras de los alimentos ligt, reportaje a Charly García y no mucho mas.
Nada del otro mundo, nada que impacte o sorprenda, nada que te haga sentir que los cuantro mangos con cincuenta estuvieron bien gastados.
Llegado a este punto volví a ratificar la esencialidad de Página y que hasta ahora ningún otro medio logra reemplazarlo.
Pese a todo lo que se dice y a lo que se lo petardea, Página/12 sigue teniendo ese plus que lo caracterizó desde el comienzo.
Finalmente pensé en el slogan de Crítica, ese que dice “La diferencia entre enterarte y entender” y la verdad es que, chequeando ambos diarios, se entienden muchas mas cosas con Página...
Y también me ofusqué con ese slogan pues es un típico producto del ego lanatista que te manda como meta mensaje “Ahora nosotros te vamos a ayudar a entender la realidad a vos que sos un gil...”
Conclusión: Lanata ha dejado de sorprender. Cual wing entrado en años, sus amagues son predecibles y siempre, indefectiblemente, engancha para el centro o la derecha.
Cuando compré Perfil me dí vergüenza.
Y hoy me arriesgué con Crítica de la Argentina y La verdad que me salió carísimo pues a los $ 4,50 que pagué tuve que sumar el cartucho de la impresora que me devoré bajando notas de Página/12.
Por comprar Crítica tuve que imprimir una nota excepcional de Verbitsky sobre el interés del Comando Sur en Colombia y alrededores. Luego imprimí una muy buena cobertura de Martín Piqué sobre los entretelones del acuerdo en la cumbre de Santo Domingo y un editorial al respecto de Mario Wainfeld con su nivel habitual. Más tarde me bajé la contratapa donde Juan Gelman anticipa lo mal que le va a ir en Hollywood a la buena de Marion Cotillard luego de que una revista levantara sus dudas sobre la versión oficial de la Casa Blanca respecto al atentado del 11/9.
Por ser una persona rodeada de psicólogos y esposo de una lectora del libro de Rolón, naturalmente que no pude resistir la tentación de bajarme también eso.
Y por supuesto que también imprimí la nota de tapa y comentario de Zaiat sobre la influencia creciente de Telefónica en Telecom. Y cómo se vincula esto con la sorda batalla que se está dando entre las telefónicas y Clarín por el paquete del llamado “Triple Play” (Telefonía mas Internet y TV).
Como la tinta se acababa leí online a Diego Fischerman sobre Betty Davis, aquella pareja de Miles Davis que inspiró su mítico álbum “Bitches Brew” y en “Cash” la problemática sobre la desocupación de los jóvenes que andan entre los 18 y los 24 años y, por supuesto, “Buena Moneda” esa imperdible joya que semanalmente nos regala Alfredo Zaiat
¿Y qué encontré en Crítica? La nota de Lanata sobre que se paga el fuel oil mas caro; que el ex montonero Montoto maneja las cámaras vigiladoras para el gobierno porteño; una buena contratapa de Bonasso sobre la masacre de Trelew; una nota de Caparrós sobre los millones de jóvenes chinos que marchan del campo a la ciudad; una típica nota sobre las mentiras de los alimentos ligt, reportaje a Charly García y no mucho mas.
Nada del otro mundo, nada que impacte o sorprenda, nada que te haga sentir que los cuantro mangos con cincuenta estuvieron bien gastados.
Llegado a este punto volví a ratificar la esencialidad de Página y que hasta ahora ningún otro medio logra reemplazarlo.
Pese a todo lo que se dice y a lo que se lo petardea, Página/12 sigue teniendo ese plus que lo caracterizó desde el comienzo.
Finalmente pensé en el slogan de Crítica, ese que dice “La diferencia entre enterarte y entender” y la verdad es que, chequeando ambos diarios, se entienden muchas mas cosas con Página...
Y también me ofusqué con ese slogan pues es un típico producto del ego lanatista que te manda como meta mensaje “Ahora nosotros te vamos a ayudar a entender la realidad a vos que sos un gil...”
Conclusión: Lanata ha dejado de sorprender. Cual wing entrado en años, sus amagues son predecibles y siempre, indefectiblemente, engancha para el centro o la derecha.
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