Mostrando las entradas con la etiqueta premio nobel. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta premio nobel. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de octubre de 2010

El Nobel ayer y hoy

Ayer

El Nobel es eso que no te interesa hasta que puede tocarte a vos, ahí sí se torna importante o eventualmente despreciable. Ayer cundió en ciertos sectores una suerte de reflejo un tanto pavote donde por ejemplo en Twitter se instaló una competencia para ver quién era el que lograba los 140 caracteres que más genialmente se mofaran del Nobel al "intelectual orgánico del partido del dinero", como maravillosamente dijo alguien por ahí refiriéndose a Mario Vargas Llosa. Me hizo pensar en cómo vamos a veces para atrás en estas cosas.  Pareciera que Twitter  nos conmina a ser ingeniosos y brillantes y  en esa loca carrera por ser el más retwitteado de la tarde nos sumergimos en una paja colectiva que pierde de vista cuestiones elementales como que, por caso, Vargas Llosa no va a ser recordado por sus posiciones políticas tanto como por su pluma. Volvió a surgir esa noción de motosierra, esa falta de cintura conceptual según la cuál la coincidencia o disidencia política o ideológica con un artista define el disfrute o rechazo de su obra. A veces ciertos ambientes progresistas y nacional populares manifiestan un atraso que agobia.

Hoy

Cuando se percibe cierto alivio y hasta algún desliz de algarabía de algunos sectores por que el Nobel no fue otorgado a las Abuelas de Plaza de Mayo se me ocurre que hay una fracción de la sociedad argentina para la que no somos merecedores de ningún reconocimiento como castigo a "nuestra insistencia en estar fuera del mundo". Hay un tipo de argentino que acata al mundo tal como es, que no tiene pensado jamás cambiar nada, que pasa por la vida como un forastero, como un turista, que sólo observa, que sólo mira y que sólo atina a sentir si las cosas le gustan poco, poquito o nada. Ese muerto vivo que cuando le discutís con razón al chofer del bondi te mira como diciendo "está bien, tenés razón pero no lo distraigas que queremos llegar rápido al laburo", ese convencido de que "todo fue siempre así" en un punto hoy se alegra de que el Nobel haya ido al chino. Porque de haber venido para acá hubiera significado un impulso más a "la prepotencia kichnerista" y agrandado la imagen de "este grupo de los derechos humanos cooptado por la impostura santacruceña" cuando lo que importa son los derechos humanos de los vivos...

Pero hay algo más profundo aún y es esa convicción de habitante del suburbio del mundo, esa certeza de no ser merecedores de nada, ese desagrado constante por haber nacido en "este país" que no se parece en nada a la grandeza y fastuosidad del mundo desarrollado. Esa cabeza colonial formateada en décadas.

Esa porción de argentinos, que la temo mayor de lo supuesto, no toma a las Abuelas precisamente como una reunión de los mejores valores de nuestra forma de ser, de nuestra cultura y de nuestra política. Las ve como algo disfuncional y molesto. No le gusta ser noticia por los Derechos Humanos porque en el fondo todo esto es culpa de que alguna vez se intentó cambiar nuestro modo de vida

¿Quiénes somos nosotros para cambiar algo?

¿Con qué derecho?

Entrada destacada

A propósito de Mundstock y ciertas giladas

A propósito del fallecimiento de Marcos Mundstock volvió a aflorar esa actitud mediocre de refutar a un artista por sus posiciones políti...