El 19 de abril, el dirio La Opinión de Trenque Lauquen publicó el comentario editorial que a continuación transcribo:
Scioli no vino, pasó
19-04-2009 - El año pasado el gobernador Scioli llegó y se trasladó a las instalaciones de la empresa de La Serenísima. Luego de visitar la planta industrial y de regreso al aeródromo en una combi ofreció dentro del vehículo una entrevista a los periodistas. Fue una visita fugaz, puntual, para complacer seguramente un pedido de los propietarios de la empresa. La segunda oportunidad se produjo el jueves de esta semana, cuando se suponía venía a tomar contacto con la comunidad o con sus organizaciones representativas. Lamentablemente, no fue así. El gobernador fue depositado en el Centro Cívico para firmar convenios con los intendentes de la región por lo que se denominó el Fondo Federal Solidario. Estuvo por espacio de 30 minutos y se retiró raudamente en medio de un operativo de seguridad cerrojo como no se conoció en la historia lugareña. Históricamente, para los gobernantes que han llegado aquí o a cualquier otro lugar, su inquietud primaria es tomar contacto con su gente. De otro modo no tiene sentido su visita. Es menos costoso en términos económicos y políticos convocar a su despacho en La Plata a los jefes comunales, que exponerse a una situación que lo obliga a refugiarse para evitar enfrentar a un público al que considera inamistoso. En tiempos de las inundaciones en los años ’80, todo un pueblo estaba enardecido contra las autoridades, con razón o sin ella. Pero ni el gobernador ni la vicegobernadora de ese momento, le sacaron el cuerpo. Y no hubo ningún operativo de seguridad. Llegaron, se “bancaron” las protestas, hablaron y se fueron tranquilos, sin ser molestados.Es insólito que un gobierno que se dice “popular” no pueda salir al interior sin sentir el disgusto de la gente. Esto que hemos vivido no tiene precedentes. Sería bueno que en lugar de vivir para las encuestas, comiencen a mirar el rostro de las personas.
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Esto generó la siguiente respuesta de mi parte:
La Opinión ha dejado de maravillarnos con Editoriales profundas, de esas que además enseñaban, educaban. Ahora no se diferencia en nada del dispositivo mediático opositor. Pero además asombra por el bajo vuelo: Hablar de un dispositivo de seguridad sin precedentes -como el que se montó para la visita del gobernador- sin reparar que fue en esta ciudad donde las ordas rurales ingresaron hasta el jardín del mismísimo señor Intendente es por lo menos deshonesto ¿Cómo no tomar medidas con los antecedentes que hay en esta ciudad, donde se cuelgan terneritos en la rotonda durante un lock out?
¿Cómo no tomar precauciones ante versiones que hablaban de un posible escrache por parte de los sufridos labriegos del lugar?
Esto me recuerda al señor Biolcatti que anduvo diciendo que Kirchner no puede andar por las rutas ¿Cómo va a andar por las rutas si en la primera de cambio le hacen volcar el auto los "autoconvocados" esos que tienen un nivel de organización que desmiente de cuajo el mote con que se escudan?
En setiembre del año pasado, cerca de Firmat, cuando el helicóptero que transportaba a nuestra presidenta se aprestaba a descender, los "autoconvocados" comenzaron a hacer trompos con las 4 X 4 a lo Marquito Di Palma, para levantar una espesa polvareda que dificultara el descenso de la máquina donde viajaba la primera mandataria, poniendo en serio riesgo la integridad física de la presidenta...
Con estos antecedentes y muchos, muchísimos más ¿Cómo no se van a tomar medidas de seguridad?
Lamentablemente hoy es más inseguro andar por las rutas del interior que por el conurbano. El "campo" está cada vez más pesado e intolerante.
Y para finalizar, es llamativa esta línea editorial en un diario dirigido por Juan Ramón Nazar, a quién conozco desde el día en que recuperó la libertad luego de haber atravezado la más ignominiosa cárcel y tortura en un período donde curiosamente el "campo" puso desde el ministro de economía de la nación hasta el gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Me llama la atención pero, la verdad, lo que me da es mucha pena.
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jueves, 23 de abril de 2009
viernes, 15 de agosto de 2008
Murió Eduardo Falcón

Si no sos de Tres Lomas o Trenque Lauquen no sabés de qué estoy hablando.
Eduardo fue el mejor amigo de mi hermano Oscar; Eduardo me prestó "Los pueblos de gesto antíguo" de Los Trovadores cuando era delito escuchar eso; Eduardo me trajo "En Tránsito" de Serrat cuando recién salió para que me lo copiara.
Cierta noche de comienzos de 1984 nos pusimos a discutir de política con él y Malisa, su esposa y compañera. Me dió una clase de "eurocomunismo", me habló del PC italiano y me demostró que se podía pensar la democracia y la política desde otros lados, no sólo desde "Liberación o dependencia"; Eduardo le prestó a mi hermano un Long Play de Quicy Jones que me cambió la vida y las orejas.
Eduardo era periodista y trabajaba en el diario La Opinión de Trenque Lauquen y escribió esto en plena crisis sojera.
Eduardo fue por sobre todas las cosas una buena persona.
Y fue cultor del humor inteligente. Y fue de esos tipos que cuando aún no había ni cable ni internet, en un pueblito de mala muerte, a 500 km de las luces porteñas, demostraba que se podía estar informado y leer o escuchar lo mismo que un porteño. Eduardo -y antes sus padre- me enseñaron que vivir en un pueblo chico no equivale a sumergirse en la chatura.
Quiero compartir con ustedes un texto bellísimo que escribió en el diario La Opinión de Trenque Lauquen Diego Tiseira, quien compartía con Eduardo el programa radial "Nadie es perfecto" los sábados por la mañana.
Diego lo dice todo
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Eduardo y la lluvia
Escribe: Diego Tiseira
Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa. De cualquier manera la lluvia es saludable y triste. De cualquier manera sus tambores acunan nuestras noches y la lectura tranquila corre a su lado por los canales del sueño”.
Entonces comprendimos, Eduardo, que estas lágrimas caen sobre el teclado con toda la ternura de la lluvia. Con toda la furia de la lluvia. Con todos los violines de la lluvia.
Eduardo Falcón vivía en una calle con un agujero en la media, tenía una piedra en el zapato y a veces le salían pajaritos por la boca. El bolsillo de su camisa era un mar sin orillas. Y en su puño guardaba a todos los poetas que generosamente iba soltando en pleno vuelo.
Prendidos del hilo de su cometa viajaban Malisa, Juani, Eugenia, Mateo, Lorenzo y Lautaro. Familia de cronopios, celebraban hasta el aire que abrazaba la ciudad. Y se regaban con una lluvia que siempre era distinta. Como las nubes cuando dejan de serlo. Como la trompeta violeta del jazz, por donde se asomaban para ver cómo salía humo, fotos viejas y sombrillas japonesas.
Eduardo Falcón tenía 20 centavos para echar a la ranura y ver la vida color de rosa. Tenía las venas cargadas con tinta. Tenía papeles, papelitos, cartas y las voces de sus entrevistados quedaban entre sus cejas y un improvisado anotador.
Así, Eduardo nos organizaba desde su admirable desorden, en donde siempre dejaba olvidados sus 20 centavos para ver la vida color de rosa.
Entre copas, muchas veces se burló de un título de portada como el de hoy. Y hoy, que la fotografía lo muestra inapenable, entre consternados y rabiosos maldecimos los títulos que dijimos. Porque el vino perdió sus colores y sin colores no hay chiste, porque esto duele hasta la contratapa.
Eduardo Falcón vivía en una calle con un agujero en la media. Tenía una piedra en el zapato. Y del bolsillo de su camisa asomaban los gorriones de Gelman, la piola de su cometa y las manos de sus nietos.
Dejó 20 centavos para echar a la ranura y ver una vida que nunca volverá a ser como antes.
Dejó todo este lío de palabras. El cuento de Don Flores. Y un gorro de Piluso.
Dejó esto que duele hasta la contratapa. La palabra compañero. Y un sobretodo donde guardó sus manos y todas las lluvias del mundo. Dejó un No. Y un sueño de cronopios.
Eduardo Falcón dejó un título que hoy no sale. Aunque comprendamos que la lluvia es saludable y triste.
Escribe: Diego Tiseira
Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa. De cualquier manera la lluvia es saludable y triste. De cualquier manera sus tambores acunan nuestras noches y la lectura tranquila corre a su lado por los canales del sueño”.
Entonces comprendimos, Eduardo, que estas lágrimas caen sobre el teclado con toda la ternura de la lluvia. Con toda la furia de la lluvia. Con todos los violines de la lluvia.
Eduardo Falcón vivía en una calle con un agujero en la media, tenía una piedra en el zapato y a veces le salían pajaritos por la boca. El bolsillo de su camisa era un mar sin orillas. Y en su puño guardaba a todos los poetas que generosamente iba soltando en pleno vuelo.
Prendidos del hilo de su cometa viajaban Malisa, Juani, Eugenia, Mateo, Lorenzo y Lautaro. Familia de cronopios, celebraban hasta el aire que abrazaba la ciudad. Y se regaban con una lluvia que siempre era distinta. Como las nubes cuando dejan de serlo. Como la trompeta violeta del jazz, por donde se asomaban para ver cómo salía humo, fotos viejas y sombrillas japonesas.
Eduardo Falcón tenía 20 centavos para echar a la ranura y ver la vida color de rosa. Tenía las venas cargadas con tinta. Tenía papeles, papelitos, cartas y las voces de sus entrevistados quedaban entre sus cejas y un improvisado anotador.
Así, Eduardo nos organizaba desde su admirable desorden, en donde siempre dejaba olvidados sus 20 centavos para ver la vida color de rosa.
Entre copas, muchas veces se burló de un título de portada como el de hoy. Y hoy, que la fotografía lo muestra inapenable, entre consternados y rabiosos maldecimos los títulos que dijimos. Porque el vino perdió sus colores y sin colores no hay chiste, porque esto duele hasta la contratapa.
Eduardo Falcón vivía en una calle con un agujero en la media. Tenía una piedra en el zapato. Y del bolsillo de su camisa asomaban los gorriones de Gelman, la piola de su cometa y las manos de sus nietos.
Dejó 20 centavos para echar a la ranura y ver una vida que nunca volverá a ser como antes.
Dejó todo este lío de palabras. El cuento de Don Flores. Y un gorro de Piluso.
Dejó esto que duele hasta la contratapa. La palabra compañero. Y un sobretodo donde guardó sus manos y todas las lluvias del mundo. Dejó un No. Y un sueño de cronopios.
Eduardo Falcón dejó un título que hoy no sale. Aunque comprendamos que la lluvia es saludable y triste.
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