sábado, 26 de septiembre de 2015

Raúl Carnota, a un año de su partida


Sin dudas fue de lo mejor que le pasó a nuestra música popular en las últimas 4 décadas. Quizá lo fundamental de su obra haya sido modelar en su punto justo la tradición con la experimentación, algo que, sin dudas, es lo más difícil en la música. Aquellos que desconozcan a fondo los cimientos de una construcción musical, muy probablemente incorporarán reformas que terminen por tirar al piso todo. Raúl, al igual que el Chango Farías Gómez, tensó la cuerda pero siembre sabiendo hasta qué punto.

Era un tipo con una información musical absolutamente amplia: amaba a Frank Zappa, sin ir más lejos y escuchaba de todo. Aún recuerdo las tardes donde lo visitaba con discos del Poncho Sánchez, un conguero chicano de Los Angeles que es de lo mejor en la escena californiana del latin jazz.

Era un gran burlón. Sin ir más lejos, en su famosa chacarera “salamanqueando pa’ mi” se mofa de todo el aura de solemnidad mística con que el folkore aborda este lugar sagrado de las tradiciones paganas de nuestras poblaciones de Santiago de Estero. Una de sus últimas composiciones fue la “Chacarera del pensador”, donde se ríe de cierta tendencia de sectores progresistas a detenerse más de la cuenta en ciertos debates. Como buen peronista, llegaba un punto en que quería más acción y menos cháchara.

Junto a Eduardo Spinassi y Rodolfo Sánchez armó un trío que, como siempre decía Norberto Minichilo, le competía a cualquiera del mundo. Y no se equivocaba Norberto: el nivel de sincronización que tenían asombraba. Tocaban de taquito con una premisa: divertirse e innovar. Así es que en el CD “Sólo los martes”, la versión en vivo de la chacarera “La casi trunca” arranca con una base funky increíble y de a poco se le va filtrando la chacarera. Cosas de tres tipos comprometidos sólo con la creación.

Completó, acá

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