Ahora que los sojeros lanzaron la segunda fase de la sedición quiero ver como se encolumnan los De Gennaro, los SI, los cinematrográficos, los socialistas leves, el monodiputado...
No les pido que banquen al gobierno, simplemente que por lo menos firmen una gacetilla de ocasión diciendo si ven bien o mal la avanzada verde. Nada más que eso: Una gacetilla. Una miserable gacetilla, un mail, un spamcito, alguito que sirva como elemento probatorio de si siguen jugando al lado de los sojeros como en la 125, si siguen siendo la pata progre de Biolcatti, Llambías y Grondona o si tienen la entereza de despegarse.Y está permitido decirle de todo al gobierno, vale. Pero quiero por lo menos leer una posición concreta y clara respecto a la avanzada sojera.
martes, 30 de septiembre de 2008
Me asusta no creerle a los gurúes
Leo, escucho, busco y revuelvo por todos lados y no encuentro explicaciones que logren indicarme concretamente en qué nos afectará el “Efecto jazz”. Y eso me asusta porque temo estar bailando en la cubierta del Titanic sin darme cuenta ¿Se entiende?
Cierto es que un crack como el que está padeciendo el capitalismo en su ombligo va a influir en el resto del mundo, pero no encuentro mucho más que titulares como el ya antológico de Clarín (“Algunos problemas de Argentina reducen el impacto de la crisis”) o uno muy voluntarista de hoy en La Nación sobre el fin del “Viento de cola”.
La verdad es que el cenáculo de gurúes sigue escribiendo y hablando como lo hizo siempre, pero sus previsiones no se compadecen con la realidad. Cuando nos decían que estábamos “haciendo bien los deberes” (¿Deberes? ¿Para quién? Seguro que no para el pueblo) nos iba como el orto. En otra época nos hablaban de las “Reformas pendientes” (Je, “Reformas”...) Si hasta el padre de la criatura vino luego auspiciado por el icono del progresismo vernáculo del Varela Varelita ha concretar las tareas pendientes y volcamos mal...
Y ahora le están volviendo a poner micrófonos para opinar...
Después nos vendieron un dólar a casi diez pesos...
Y desde que empezó el repunte, cuando los colectivos volvieron a llenarse de trabajadores, cuando empezaron a hacerse más asaditos en el segundo cordón, cuando mejoró objetivamente la situación de una porción interesante los que estaban en la lona, esos mismos jetones arrancaron con el discurso del “veranito” allá en las primeras épocas de Roberto Lavagna.
Cuando al pueblo le empezaba a ir mejor, para estos charlatanes la situación era pésima. Y ahora andan buscando motivos para el sufrimiento y no logran trascender las frases hechas.
La verdad, no logran asustarme.
Es como que cuando estos gurúes anuncian lluvia, salgo en hojotas.
El problema es la cantidad de espacios que tienen para lanzar sus pronósticos. No hay diario que no abras donde no estén opinando, no hay radio que enciendas donde a los pocos minutos no irrumpa alguno de estos bocones a repetir lo mismo.
Sé que esto que escribo es producto de una sensación térmica estrictamente personal, pero a esta altura de mi vida algo me dice que debo darle un poco de pelota a la realidad concreta que vivo.
Sé también que es la cabeza dependiente de estos tipos la que les impide pensar la crisis desde otro lado, tal cual lo plantea Alfredo Zaiat. Es la cabeza de los gurúes y de la dirigencia empresaria argentina la que no llega a evaluar que estas coyunturas pueden ser útiles para salir a jugar distinto en el mundo.
Son incapaces hasta para evaluar, tan sólo eso, si esta crisis no puede favorecernos en algo. No está en su software. Están formateados así, para la dependencia.
Fueron preparados sólo para la rapiña de cabotaje.
Cierto es que un crack como el que está padeciendo el capitalismo en su ombligo va a influir en el resto del mundo, pero no encuentro mucho más que titulares como el ya antológico de Clarín (“Algunos problemas de Argentina reducen el impacto de la crisis”) o uno muy voluntarista de hoy en La Nación sobre el fin del “Viento de cola”.
La verdad es que el cenáculo de gurúes sigue escribiendo y hablando como lo hizo siempre, pero sus previsiones no se compadecen con la realidad. Cuando nos decían que estábamos “haciendo bien los deberes” (¿Deberes? ¿Para quién? Seguro que no para el pueblo) nos iba como el orto. En otra época nos hablaban de las “Reformas pendientes” (Je, “Reformas”...) Si hasta el padre de la criatura vino luego auspiciado por el icono del progresismo vernáculo del Varela Varelita ha concretar las tareas pendientes y volcamos mal...
Y ahora le están volviendo a poner micrófonos para opinar...
Después nos vendieron un dólar a casi diez pesos...
Y desde que empezó el repunte, cuando los colectivos volvieron a llenarse de trabajadores, cuando empezaron a hacerse más asaditos en el segundo cordón, cuando mejoró objetivamente la situación de una porción interesante los que estaban en la lona, esos mismos jetones arrancaron con el discurso del “veranito” allá en las primeras épocas de Roberto Lavagna.
Cuando al pueblo le empezaba a ir mejor, para estos charlatanes la situación era pésima. Y ahora andan buscando motivos para el sufrimiento y no logran trascender las frases hechas.
La verdad, no logran asustarme.
Es como que cuando estos gurúes anuncian lluvia, salgo en hojotas.
El problema es la cantidad de espacios que tienen para lanzar sus pronósticos. No hay diario que no abras donde no estén opinando, no hay radio que enciendas donde a los pocos minutos no irrumpa alguno de estos bocones a repetir lo mismo.
Sé que esto que escribo es producto de una sensación térmica estrictamente personal, pero a esta altura de mi vida algo me dice que debo darle un poco de pelota a la realidad concreta que vivo.
Sé también que es la cabeza dependiente de estos tipos la que les impide pensar la crisis desde otro lado, tal cual lo plantea Alfredo Zaiat. Es la cabeza de los gurúes y de la dirigencia empresaria argentina la que no llega a evaluar que estas coyunturas pueden ser útiles para salir a jugar distinto en el mundo.
Son incapaces hasta para evaluar, tan sólo eso, si esta crisis no puede favorecernos en algo. No está en su software. Están formateados así, para la dependencia.
Fueron preparados sólo para la rapiña de cabotaje.
lunes, 29 de septiembre de 2008
"Efecto Jazz": Cómo desafina Martín Caparrós

Han pasado ya algunos días de la publicación de esta nota donde el periodista Martín Caparrós le pide a nuestra presidenta que no se meta con el jazz pues considera que la figura utilizada por la primera mandataria es una gran equivocación ya que, siempre según él, no se puede relacionar a esta música surgida en los arrabales de la sufrida comunidad negra con la explosión de la “economía más central y dominante del planeta”
La verdad es que si de buscar un parangón con la crisis financiera de Estados Unidos se trata, la definición de nuestra presidenta es sencillamente perfecta.
Ya se ha dicho mucho antes que el Jazz es quizá el aporte más importante (el único, sostienen algunos) de Estados Unidos a la humanidad y no nos engañemos: Independientemente de coincidir mucho poquito o nada con Cristina es incontestable que cuando decimos Jazz pensamos en Estados Unidos, así como si decimos Flamenco pensamos en España, si hablamos de Bossa Nova nos figuramos Brasil, si mentamos el Son naturalmente pensamos en Cuba y, sin ir más lejos, toda vez que hablamos de Tango pensamos en Argentina, aunque les duela a los hermanos orientales.
Pero hay más pulpa en esta certera caracterización de Cristina y es cuando ella hace mención a una crisis que estalla en el centro del poder financiero internacional y se expande a la periferia. El Jazz norteamericano siguió ese camino desde su nacimiento, irradiando su potencia desde Estados Unidos al resto del mundo, y sin proponérselo aún en nuestros días sigue siendo la referencia central para todos los músicos que hacen jazz sobre la tierra. Hoy cualquier músico de Europa o la periferia quiere tocar la trompeta como Winton Marsalis, la batería como Dave Weckl y la guitarra como Pat Metheny. Y ni hablar de lo que ha ocurrido en las décadas pasadas donde las referencias para los saxofonistas de cualquier parte del orbe fueron norteamericanos como Lester Young, Coleman Hawkins, Charlie Parker, John Coltrane, Sonny Rollins o Stan Getz. Donde cualquier trompetista siempre quiso tocar como Dizzy Gillespie o Miles Davis. Donde los referentes de los bajistas fueron Jimmy Blanton, Ray Brown o Ron Carter y así sucesivamente en todos los instrumentos, mientras que en lo conceptual, todos los directores de Big Bands abrevaron siempre en el gran Count Basie o en el inconmensurable Duke Ellington y muchos arregladores siguieron los pasos de Gil Evans.
Es cierto que el jazz tiene una innegable impronta negra. Es cierto que muchos de sus genios fueron muy maltratados –quizá los casos del pianista Bud Powell y del monumental saxofonista tenor Lester Young sean los más extremos- pero esto no invalida que como movimiento artístico, el Jazz es innegablemente norteamericano.
Cuando Caparrós describe los problemas de los músicos negros da en la tecla, o toca la nota justa, por decirlo de manera musical. Pero hiere los oídos con una desafinación de principiante cuando no visualiza que esa es una de las tantas contradicciones internas de la gran potencia del norte que no invalidan lo que el Jazz significa para afuera.
El Jazz es rebelde y revolucionario, pero más respecto de la música clásica europea que del capitalismo. El jazz es revolucionario en lo artístico y conlleva la paradoja de que muchas de sus grandes figuras fueron muy transgresoras en materia musical y muy conservadoras en su vida ciudadana. Pero no por ello deja de ser un producto típicamente norteamericano que luego se derramó por el mundo en algunos casos como modelo a imitar y en otros como lenguaje, como forma de abordar el hecho artístico con la mayor libertad posible.
Si será norteamericano que hasta la revolución cubana prohibió tocar jazz en sus primeros años, incurriendo en un error colosal que por supuesto corrigió con el paso del tiempo. Por eso la primera gran agrupación de jazz que surgió durante la revolución, allá por 1967 en la isla se llamó “Orquesta cubana de música moderna” de la que saldrían los músicos como Chucho Valdés, paquito D’Rivera, Carlos Emilio Morales, entre otros, que luego crearían Irakere, el grupo de jazz cubano más importante de las décadas posteriores. Aquél nombre -OCMM- surgió por la prohibición que existía de usar la palabra “jazz”, por considerarla imperialista...
Y ,por supuesto, el jazz no es exclusividad de los negros porque hubo y hay figuras rutilantes blancas como Gerry Mulligan, Stan Getz, Gary Burton, Chick Corea, Benny Goodman, Gene Krupa, Glenn Miller, Stan Kenton, Chet Baker y tantos más. Incluso el mismísimo Miles Davis cometió el error de afirmar que él podría determinar a ciegas que el sonido de los músicos negros se diferenciaba del de los blancos. El crítico Leonard Feather lo desafió y por supuesto Miles pasó un gran papelón. Feather lo sentó en una habitación de espaldas, le fue haciendo escuchar decenas de músicos y Miles tenía que decir “Blanco” o “Negro”. El resultado fue demoledor para Miles, que tuvo que reconocer a regañadientes que su teoría había quedado hecha pedazos.
Si bien el jazz norteamericano procesó en su interior las contradicciones raciales de los Estados Unidos, bueno es reconocer también que ni Miles Davis, ni Louis Armstrong, Duke Ellington o en la actualidad Winton Marsalis renegaron de ser norteamericanos. De ahí que vincular al jazz con ese país, como lo hizo Cristina, es absolutamente pertinente y preciso.
La constante se repite sin cesar: Todo lo que haga o diga Cristina debe ser desacreditado.
Aunque tenga razón
La verdad es que si de buscar un parangón con la crisis financiera de Estados Unidos se trata, la definición de nuestra presidenta es sencillamente perfecta.
Ya se ha dicho mucho antes que el Jazz es quizá el aporte más importante (el único, sostienen algunos) de Estados Unidos a la humanidad y no nos engañemos: Independientemente de coincidir mucho poquito o nada con Cristina es incontestable que cuando decimos Jazz pensamos en Estados Unidos, así como si decimos Flamenco pensamos en España, si hablamos de Bossa Nova nos figuramos Brasil, si mentamos el Son naturalmente pensamos en Cuba y, sin ir más lejos, toda vez que hablamos de Tango pensamos en Argentina, aunque les duela a los hermanos orientales.
Pero hay más pulpa en esta certera caracterización de Cristina y es cuando ella hace mención a una crisis que estalla en el centro del poder financiero internacional y se expande a la periferia. El Jazz norteamericano siguió ese camino desde su nacimiento, irradiando su potencia desde Estados Unidos al resto del mundo, y sin proponérselo aún en nuestros días sigue siendo la referencia central para todos los músicos que hacen jazz sobre la tierra. Hoy cualquier músico de Europa o la periferia quiere tocar la trompeta como Winton Marsalis, la batería como Dave Weckl y la guitarra como Pat Metheny. Y ni hablar de lo que ha ocurrido en las décadas pasadas donde las referencias para los saxofonistas de cualquier parte del orbe fueron norteamericanos como Lester Young, Coleman Hawkins, Charlie Parker, John Coltrane, Sonny Rollins o Stan Getz. Donde cualquier trompetista siempre quiso tocar como Dizzy Gillespie o Miles Davis. Donde los referentes de los bajistas fueron Jimmy Blanton, Ray Brown o Ron Carter y así sucesivamente en todos los instrumentos, mientras que en lo conceptual, todos los directores de Big Bands abrevaron siempre en el gran Count Basie o en el inconmensurable Duke Ellington y muchos arregladores siguieron los pasos de Gil Evans.
Es cierto que el jazz tiene una innegable impronta negra. Es cierto que muchos de sus genios fueron muy maltratados –quizá los casos del pianista Bud Powell y del monumental saxofonista tenor Lester Young sean los más extremos- pero esto no invalida que como movimiento artístico, el Jazz es innegablemente norteamericano.
Cuando Caparrós describe los problemas de los músicos negros da en la tecla, o toca la nota justa, por decirlo de manera musical. Pero hiere los oídos con una desafinación de principiante cuando no visualiza que esa es una de las tantas contradicciones internas de la gran potencia del norte que no invalidan lo que el Jazz significa para afuera.
El Jazz es rebelde y revolucionario, pero más respecto de la música clásica europea que del capitalismo. El jazz es revolucionario en lo artístico y conlleva la paradoja de que muchas de sus grandes figuras fueron muy transgresoras en materia musical y muy conservadoras en su vida ciudadana. Pero no por ello deja de ser un producto típicamente norteamericano que luego se derramó por el mundo en algunos casos como modelo a imitar y en otros como lenguaje, como forma de abordar el hecho artístico con la mayor libertad posible.
Si será norteamericano que hasta la revolución cubana prohibió tocar jazz en sus primeros años, incurriendo en un error colosal que por supuesto corrigió con el paso del tiempo. Por eso la primera gran agrupación de jazz que surgió durante la revolución, allá por 1967 en la isla se llamó “Orquesta cubana de música moderna” de la que saldrían los músicos como Chucho Valdés, paquito D’Rivera, Carlos Emilio Morales, entre otros, que luego crearían Irakere, el grupo de jazz cubano más importante de las décadas posteriores. Aquél nombre -OCMM- surgió por la prohibición que existía de usar la palabra “jazz”, por considerarla imperialista...
Y ,por supuesto, el jazz no es exclusividad de los negros porque hubo y hay figuras rutilantes blancas como Gerry Mulligan, Stan Getz, Gary Burton, Chick Corea, Benny Goodman, Gene Krupa, Glenn Miller, Stan Kenton, Chet Baker y tantos más. Incluso el mismísimo Miles Davis cometió el error de afirmar que él podría determinar a ciegas que el sonido de los músicos negros se diferenciaba del de los blancos. El crítico Leonard Feather lo desafió y por supuesto Miles pasó un gran papelón. Feather lo sentó en una habitación de espaldas, le fue haciendo escuchar decenas de músicos y Miles tenía que decir “Blanco” o “Negro”. El resultado fue demoledor para Miles, que tuvo que reconocer a regañadientes que su teoría había quedado hecha pedazos.
Si bien el jazz norteamericano procesó en su interior las contradicciones raciales de los Estados Unidos, bueno es reconocer también que ni Miles Davis, ni Louis Armstrong, Duke Ellington o en la actualidad Winton Marsalis renegaron de ser norteamericanos. De ahí que vincular al jazz con ese país, como lo hizo Cristina, es absolutamente pertinente y preciso.
La constante se repite sin cesar: Todo lo que haga o diga Cristina debe ser desacreditado.
Aunque tenga razón
domingo, 28 de septiembre de 2008
Un tren para los progres...

José Natanson se suma acá al debate sobre la cuestión ferroviaria y pone el acento en la necesidad de evaluar el diagnóstico del que parte el cineasta para edificar un relato que conduce hábilmente a otro de los tantos clímax cinematográficos a que nos tiene acostumbrados.
Desde este lugar, el aporte de Natanson es vital dado que hay mucha gente perezosa y con tendencia a correr por izquierda al gobierno que se nutre de estos guiones rimbombantes y taquilleros pero flacos y carentes de pulpa a la hora del debate serio sobre la cuestión ferroviaria argentina.
Ya que no podemos opinar sobre la gestión de Solanas, porque salvo una muy buena diputación nacional no ha tenido responsabilidades en el Estado, sí podemos hacerlo en lo artístico y rendirnos ante su gran sensibilidad y olfato para interpretar a cierta platea progre, de esa que siente que yendo a ver sus películas realiza un acto de militancia revolucionaria.
El problema sobreviene luego de unas horas, cuando el documental llegó a su fin y el progre dejó la propina en el restaurante donde, cena mediante, le dió sin piedad al Tren Bala, al napia, a De Vido y parte a su merecido descanso sintiendo que ha hecho algo por la patria.
El problema es que el documental se revela como un instrumento no apto para encarar el debate que necesitamos darnos sobre qué hacer con los trenes.
Y es aquí donde Natanson realiza un aporte invalorable al preguntarse:
“Si antes de los ’90 (o del ’76, como usted prefiera) no había inflación ni déficit fiscal, si los teléfonos funcionaban, Segba era una compañía modelo y los trenes llegaban siempre a tiempo, ¿cómo se explica una década de apoyo al menemismo (y a Alberto Fujimori y a Fernando Henrique Cardoso y a Julio Sanguinetti y siguen las firmas)?”
Este párrafo nos conduce a la discusión de fondo que hay que dar. Y esa discusión debe contener un capítulo dedicado íntegramente a revisar de dónde parte esa vocinglería que le quiere facturar al gobierno cuestiones que se arraigan en un proceso histórico que por supuesto arranca mucho antes del 2003.
Debe ser irrefrenable la tentación de hacer jueguito con las cámaras para la tribuna de cierta clase media izquierdosa (pero no tanto). No se requiere un diagnóstico muy serio y basta sólo con machacar sobre algunas cuestiones de esas que emocionan al progre y lo nutren de un par de frases contundentes que descerrajará en la primera reunión social o familiar a la que asista. Empero, el problema es bastante más profundo que el síntoma pequebú.
El punto es que la discusión sobre la cuestión ferroviaria trasciende, y por mucho, esa tendencia a conmover a este sector social tan especial, porque la contradicción que plantean Solanas y su grupo: Tren Bala versus Un Tren para Todos, es deliberadamente falsa y maniquea.
No obstante se debe reconocer que han tenido una gran habilidad para instalarla incluso trascendiendo el espectro de su clientela cinematográficamente electoral, llegando a ser utilizada por prohombres de la vida nacional como Mario Llambías, Hugo Biolcatti y hasta el mismísimo Mariano Grondona... (a propósito ¿Porqué cada vez con más frecuencia los cuadros de la derecha promocionan a ciertos políticos progresistas? ¿Se izquierdizan aquellos, se derechizan estos o son las consecuencias de los nuevos bloques políticos que alumbró la 125?)
Pero no pasa por ahí la cuestión.
Tampoco por la barrabasada de Aníbal Fernández.
El punto es que el Estado debe de una buena vez tomar la cuestión ferroviaria, hacerse cargo y dar testimonio en los hechos de qué quiere hacer en la materia.
Seguir tal como hasta ahora, exponiendo a la sociedad a un incendio de vagones por quincena o demostrar que tiene interés en modificar el actual estado de cosas.
Esta es la cuestión central.
Del resto nos encargamos nosotros en las cada vez mas esporádicas reuniones a las que somos invitados puesto que la clase media K no es bien recibida en muchos hogares de esos donde siempre hay un sahumerio encendido, mucho almohadón y un libro de Caparrós dejado así como al descuido sobre la mesita ratona del living, al lado de los cds de Concha Buika, Cesaria Evora y Susana Baca.
viernes, 26 de septiembre de 2008
Conversando con Liliana Felipe
Es un talento desde todo punto de vista. Visceral, creativa, única, anticlerical como pocos. Liliana Felipe es una de las artistas más grandes del continente y en algún momento escribiré largo y tendido sobre su obra y su arte.
Por ahora cuelgo la charla que mantuve con ella hoy en la radio y les recuerdo que mañana, a las 17, actúa en la Ex ESMA.
El audio dura casi 20 minutos.
Por ahora cuelgo la charla que mantuve con ella hoy en la radio y les recuerdo que mañana, a las 17, actúa en la Ex ESMA.
El audio dura casi 20 minutos.
jueves, 25 de septiembre de 2008
Clarín es la noticia (audio)
Hoy en la radio enumeré las posibles causas que estarían motivando esta campaña de Clarín.
El audio dura 9 minutos.
La noticia es Clarín, no la valija
El tema ya no es la valija. La pregunta del millón es qué está buscando Clarín o porqué está apretando de esta manera.
¿Ley de Radiodifusión?
¿No quiere que el gobierno ate con Brasil para aprobar la norma japonesa de la TV digital?
¿Qué está pidiendo a cambio para levantar el pie del acelerador?
De otra manera no se explica tamaña operación.
¿Ley de Radiodifusión?
¿No quiere que el gobierno ate con Brasil para aprobar la norma japonesa de la TV digital?
¿Qué está pidiendo a cambio para levantar el pie del acelerador?
De otra manera no se explica tamaña operación.
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