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miércoles, 23 de octubre de 2013

Campaña, niñez y comunicación

Escribe Hugo Muleiro


Entre varias observaciones posibles, en el primer caso se nota que los candidatos resignaron mostrarse, dar la cara y arriesgar su voz, para que hablen alumnos de un tercer grado “A”. Estos alumnos sí ocupan entonces el primer plano con el mensaje, que recitan y está escrito en un pizarrón. Voces que representan la pureza de la niñez, que nadie podría considerar dominadas por ambición de poder y por las supuestas mezquindades de “la política”, obtienen por fin espacio prioritario, pero para decir lo que unos adultos le dictaron. Es que en la Argentina, como en una mayoría desoladora de países, nadie se toma el trabajo de rastrear con cierto rigor el pensamiento político de niñas y niños, por lo que nuestro conocimiento queda circunscripto al registro más íntimo. No sabemos, por lo tanto, qué piensan, pero sí sabemos que las consignas que debieron pronunciar para este mensaje, sobre votar a “alguien que no robe” y a quien no ayude “a sus amiguitos”, responden estrictamente a la estrategia electoral de los candidatos. Peor aún, fueron llevados a una crítica indirecta al gobierno actual (“roba para sus amiguitos”) en un tono que ni siquiera parece propio de este Frente, sino que es rehén de estrategias de grupos de poder que manejan a los medios de difusión dominantes, y con ellos los discursos.

 De Narváez también usa a los niños para una propaganda marcada por enunciados muy repetidos actualmente en ciertos ámbitos de los adultos, ya que, aceptando que no contamos con comprobación seria, es atinado suponer que gran cantidad de niñas y niños, si pudieran expresarse por sí mismos, pedirían para ellos y para todos más juegos, diversión, esparcimiento, alegrías, que todos puedan comer e ir a la escuela.

Completo acá

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuando aparecen spots con un candidato alzando en brazos a un chico queda claro que el chico simplemente es alzado en brazos y no tiene por qué saber quién es el candidato ni por qué está allí.

Cuando los chicos son filmados en la escuela, en sus actividades cotidianas (una clase, izar la bandera, etc.) están en el marco de esas actividades que, para ellos, son cotidianas.

Ahora, cuando se los hace recitar cosas como "no quiero que roben", ya la situación es otra. Están siendo actores de una película, representando un papel de un guión de una ficción. Pero el problema es que ese producto no se vende como una ficción, sino como parte de la realidad. "No quiero que roben y se lo den a sus amiguitos" es, si se trata de política, un concepto demasiado complejo, con derivaciones harto complejas, que no es esperable sea enunciado sinceramente por chicos salvo que se los instruya a través de simplificaciones excesivas. Si los chicos creen en lo que dicen, entonces fueron "educados" para esos spots con consignas simplistas que, por esa simplicidad, deja afuera una verdadera educación ciudadana. Y si no creen en lo que dicen, son, como decía antes, actores que representan un papel. El problema es ¿y qué les quedará en su mente con el paso de los años, acerca de esos spots en los que participaron?

El autor de la nota señala, con mucha claridad, que estas son formas de ocultar la voz verdadera de los chicos; ellos no tienen voz por sí mismos, no tienen inquietudes, deseos, frustraciones ni esperanzas por sí mismos: todo eso queda oculto detrás del interés de los adultos.

A mí, la verdad sea dicha, me molesta mucho ese uso de los chicos. Porque es un uso.

Saludos.
Esther

Carpe Diem dijo...

Es interesante para mi la reflexión de Muleiro, y también la de Esther, porque cuando veo publicidades como las de Alfonsin-Stolbizer o la del Colorado, pienso en eso: en el uso inmoral de niños para decir desde "la inocencia" consignas que sus adultos autores no son capaces de introducir por medios menos espurios en el debate.
No es nuevo, pero sigue siendo berreta. Aún recuerdo el jingle de Paco Manrique, candidato presidencial de la derecha en 1973, que una voz aflautada, simil niño cantaba: "Por Manrique, por Manrique, por Manrique hay que votar, así dice mi mamita, así dice mi papá", que tenía la módica ventaja ética con respecto a los actuales de no atribuir al párvulo incomprobadas ideas propias.