martes, 18 de octubre de 2011

EL Peronismo es nuestra genuina centroizquierda

Conocí a Oscar Valdovinos en el PI, lo traté muchísimo y durante un par de años milité al lado suyo. Lo considero un cuadro intelectual de los más lúcidos que haya conocido. Es un gramsciano de aquellos, un tipo con la suficiente lucidez como para haber recalado finalmente en el peronismo que es el destino que todos los que andamos en sus suburbios tenemos marcado como sino. El lunes lo entrevisté para conocer su opinión del 17 de octubre de 1945 y me pareció una exquisitez su mirada. Recordé en ese momento una nota muy interesante que publicó en Clarín el 3 de agosto de 2005 donde desarrolla los puntos que tocó en la radio. De modo que entonces por el mismo precio les ofrezco el audio de la charla (10 minutos) y la nota de marras.



EL PERONISMO ES NUESTRA GENUINA CENTROIZQUIERDA
Oscar Valdovinos
Publicada en Clarín del 3-08-2005


La ubicación del peronismo en el escenario político es tema de eterno debate. No obstante, si lo situamos en la izquierda, daremos con una clave para descifrar la confusa realidad actual.

Si hiciéramos un identikit del centroizquierda revelaría estos rasgos: restringe el ejercicio omnímodo de las potestades inherentes al derecho de propiedad; interviene en la economía procurando regularla, controlarla y orientarla y, en ocasiones, estatizando servicios y unidades productivas; promueve el crecimiento privilegiando incentivar la demanda; media en las relaciones laborales, protegiendo a la parte más débil a través del fortalecimiento de los sindicatos y de regulaciones laborales tendientes a conformar un amplio y alto piso de derechos irrenunciables e inderogables; propicia un vasto sistema de seguridad social y políticas educacionales, sanitarias y habitacionales dirigidas a crear un marco de efectiva protección.

En suma, el centroizquierda no pretende suprimir la propiedad privada ni el funcionamiento del mercado, pero los subordina al interés social, tendiendo a construir una sociedad más igualitaria, donde la dignidad humana sea efectivamente respetada y en la que todos tengan la oportunidad cierta de realizarse en plenitud.

En ese empeño, su base de sustentación político-social reside fundamentalmente en las masas populares y específicamente en la clase trabajadora, sin perjuicio de las alianzas apropiadas a la realidad singular de cada país.

Pues bien, en la Argentina, todo eso fue expresado y realizado por el peronismo.

Podría objetarse que el centroizquierda posee, además, un fuerte compromiso democrático que no ha sido demasiado visible, a veces, en el peronismo; y que éste profesa un nacionalismo que no es común en la izquierda.

En ambos casos la respuesta reconoce una misma matriz: el peronismo es una expresión política del Tercer Mundo y ello le imprime particularidades insoslayables, que no desvirtúan su condición de centroizquierda.

En el Primer Mundo, la cuestión nacional está resuelta, la nación ya fue construida y el desarrollo productivo está logrado. La pugna se reduce —en lo sustancial— a la distribución del ingreso y a cómo garantizar el acceso a una alta calidad de vida.

En el Tercer Mundo, por el contrario, la cuestión nacional subsiste irresuelta, la nación es una categoría inconclusa y el desarrollo económico, una meta pendiente. En esas condiciones, la aspiración de conquistar una sociedad más igualitaria y justa conlleva como condición necesaria la consolidación nacional y el aumento de la producción de bienes y servicios. Ser de centroizquierda en la periferia exige ser nacionalista.

Y en cuanto al compromiso con la institucionalidad democrática lo cierto es que, en la Argentina, antes de 1976, nadie lo asumió cabalmente.

La primera experiencia computable —los catorce años de gobiernos radicales— está manchada por las masacres obreras. Cuando advino el peronismo, los partidos del arco político supuestamente democrático se dedicaron a conspirar en procura de un golpe militar y recurrieron al terrorismo más salvaje.

Una vez logrado el golpe, poblaron de figuras consulares la Junta Consultiva y lo proveyeron de cuadros, como ocurrió con todas las dictaduras posteriores sin excluir la del 76. No se conmovieron ni ante los feroces fusilamientos de 1956. En suma: fue el país entero y no solamente el peronismo, quien recién después del horror selló uncompromiso firme con la democracia institucional.

La verdadera significación del peronismo no es otra que haber sido la genuina, eficaz y masiva expresión del centroizquierda. Ello explica la impotencia, debilidad y fugacidad de quienes quisieron (quisimos) ocupar alguna vez ese espacio (PI, sectores de la Democracia Cristiana, FREPASO, ARI) y el destino marginal de las otras izquierdas, las arcaicas, recluidas en el gueto del 1% y en su propia irracionalidad.

La significación negativa sin par del menemismo obedece a que abandonó ese rol, así como la clave de la fortaleza de Kirchner consiste en ser el artífice de su restauración. Ello así, aunque todavía adeude la clarificación doctrinaria, la definición del proyecto y la estructuración orgánica que le otorguen carnadura a su liderazgo, más allá de lo gestual y lo mediático.

Recién entonces nos encaminaremos a ser un país políticamente normal. Es decir, con una coalición de centroizquierda, necesariamente liderada por el peronismo, no ya como partido hegemónico sino comoprotagonista de un frente real y amplio, capaz de expresar la heterogeneidad que ahora caracteriza a los sectores nacionales y populares.

Y con una oposición de centroderecha que aglutine también a todos sus matices (sin excluir los desprendimientos neoliberales y reaccionarios del peronismo) y constituya el contrapeso equilibrante que el sistema democrático requiere.

Es cierto que hay dos clases de personas que rechazan tercamente esta tesis: dirigentes peronistas y progresistas europeos y norteamericanos. Sin embargo, parecería que para los primeros —Kirchner mediante— llegó la hora de la verdad. Para los segundos —aliados naturales y necesarios— sólo se requiere una buena dosis de paciencia y didáctica. .
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3 comentarios:

Pablo dijo...

así, por arriba, podria decir que está bien, pero hay cosas que uno no puede dejar pasar

La primera experiencia computable —los catorce años de gobiernos radicales— está manchada por las masacres obreras. Cuando advino el peronismo, los partidos del arco político supuestamente democrático se dedicaron a conspirar en procura de un golpe militar y recurrieron al terrorismo más salvaje.

se olvidó del golpe del 43 (un golpe muuuy represivo)
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La significación negativa sin par del menemismo obedece a que abandonó ese rol,
cuac! o sea, de esto, el peronismo es imimputable porque "fue un error"... pero Gerardo, no obviemos que gran parte del PERONISMO -por aquello de la verdad Nº 21- se alineó detrás de Carlitos

todos tenemos cagadas en nuestro haber, pero tampoco vamos a exculparnos con la cosa del error o las lecturas olvidadizas.

de todos modos, en líneas generales comparto el anali

ram dijo...

La verdad, no soy peronista, pero estoy absolutamente podrido de tanto "análisis" del peronismo donde lo malo se eleva a la estratósfera y lo bueno se relativiza hasta la insignificancia.
Con el peronismo, parece, no puede haber una mirada neutra (no es la mejor palabra pero ahora no se me ocurre otra) y medianamente libre de odios y prejuicios.
El peronismo NO ES izquierda - Ok. perfecto - ¿Qué es? derecha nazi-fascista-estalinista, como deliran por ahí?; y la verdad es que no puede ser eso, porque si lo fuera, los delirantes no podrían delirar nada; estarían muertos. Así, sencillito y contundente, el fascismo no discute, mata, suprime, elimina.
Entonces el peronismo no será izquierda pero "fascista" no es y no es precisamente poco el detallito. Ah y no me vengan con lopecito y las 3A que ese merengue nunca fue estrictamente peronista, había "comedidos" de todos los colores.
Otra cosa, el peronismo no es izquierda pero casualmente es lo más odiado por la derecha, sí, la derecha, ésa de los medios concentrados, la rural, los gurúes del FMI y los rubios vikingos de la Argentina europea. Si izquierda no es y a la derecha no lo admiten, qué carajo es?
Mi modesta opinión es que es un movimiento nacional, de raigambre popular y que, sea por obligación o por necesidad tiene que ocuparse de intereses que, ay!, ésos sí que están a la izquierda de la pantalla. Claro, donde dice intereses, ponga "la negrada" y es lo mismo.
Es contradictorio, claro que sí, hay cada caripela "peronista" que los efínteres se fruncen pero, no hay manual de estilo ni hay normas IRAM o ISO para cumplir y que te den el diplomita. No, porque eso no hay para nadie, todo grupo, grupucho o sello político no tiene nada de eso (sin ir muy lejos, miren a la maravillosa oposición, qué revoltijo de gatos quilomberos, no? - y pa'pior, mininos sin la menor astucia felina, bochorno químicamente puro) pero sólo al peronismo se le exigen certificados de blancura inmaculada.
Y esta joda no es nueva, la tele cumple 60 años - bueno, la idea de terminar con el peronismo también, ¿se acuerdan del intento de golpe del '51?.
Había que borrarlo, ignorarlo, terminarlo - Fracaso absoluto, ahí anda el peronismo, resucitando hasta de la traición del riojano más famoso. Obvio, resucitanto la negrada y al odio vikingo y rubio.
Digo yo, ¿no era más negocio dejar que el peronismo nazca, sea adolescente, adulto, viejo carcamán y finalmente se muera solo de muerte natural? - sí, como los radicales, pero sin la changüi del rival proscripto (si serán salames, no?, tenían el campo servido y.... bueno, miralo al ricardito, lo que tiene de insufrible lo tiene de simbólico)
No hay que hablar tanto de peronismo, hay que respetarlo y, si uno quiere algo mejor, hay que laburar para hacerlo porque, de última, es política, un rubro donde las comadres criticonas y de mala leche, que yo sepa, no califican.

Carlos G. dijo...

Por una vez encuentro clara y sintéticamente explicada la diferente situación del centro izquierda en los paises centrales respecto de los paises de los "suburbios del mundo".
Visión con la que coincido ampliamente y que nunca parece estar considerada cuando se comparan los procesos políticos de los paises de nuestra región con los de los paises centrales.

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