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martes, 12 de abril de 2011

Jorge Fernández Díaz, un sutil desorientado


Jorge Fernández Díaz me hace pensar. Es un tipo sutil, inteligente, que siempre es bueno seguir pues sus notas en La Nación son un testimonio de época invalorable para todo aquél que quiera pensar los tiempos políticos que corren y la desorientación del establishment para entender ya no al kirchnerismo sino a una porción nada desdeñable de la sociedad que visualiza a este proyecto político como el instrumento idóneo para sacar al país adelante. Es invalorable el aporte de Fernández Díaz porque en sus textos subyase, a modo de columna vertebral, una falacia: Que la única virtud del kirchnerismo es ser menos malo que el resto de las opciones políticas. En rigor, esta idea está sólidamente instalada en ciertos cenáculos de conspicuos, esa “gente bien” que está de vuelta de todo, tipo Caparrós, ese minúsculo sector social que en el fondo siente que “este país” no lo merece, que en realidad reúnen condiciones de sobra como para haber nacido en lugares más depurados del planeta.

La idea de estos “inteligentes” es que las cosas buenas que han pasado se han desencadenado porque era inevitable, porque una mezcla de providencia con “viento de cola” generó un estado de cosas que sin ser perfecto ha bastado para que el país esté mucho mejor que ocho años atrás. Leyendo a Fernández Díaz se descubre también otra idea, muy trabajada por las usinas de la reacción: que marchamos indefectiblemente al precipicio, que esta relativamente buena situación que atraviesa el país sería algo así como esa calma chicha que precede a la feroz tempestad. De este planteo se desprende un ramillete de razonamientos patéticos que tienen un común denominador en el supuesto de que el crecimiento de la actividad económica, de las inversiones y del turismo en realidad se debe a que la gente "se resguarda" del tsunami que acecha a la vuelta de la esquina. Nadie explica porqué ahora se venden más autos que antes ni porqué se engrosan los contingentes de turismo. La paupérrima explicación que da el dispositivo mediático es que todos se cubren de un inminente desbarranque que nunca llega.

Así les va...

Claro, en el fondo nuestro sutil escriba repite este concepto pues le cree a los mismos que en 2002 pronosticaron un dólar de 9 pesos. No logra salirse de una lógica, de un análisis que a veces me da por pensar que es el meollo del permanente dislate del complejo mediático-político opositor. No se dan cuenta que el mundo y el país cambió, que muchas cosas ya no son como eran antes. No se dan cuenta o lo ven pero emulan al avestruz, nunca me queda claro. Nunca me queda claro, tampoco, cómo los mismos sectores que hacen negocios fabulosos y obtienen grandes beneficios, con expectativas de largo plazo más que alentadoras, siguen diciendo “laucha” cuando leen “rata” ¿Cómo hacen muchos grandes empresarios para seguir pagando fortunas a consultoras que les presagian desastres que luego no acontecen? No me lo explico…

De lo que no hay dudas es que sólo merced a un diagnóstico muy desacertado se pueden cometer tantos errores. El establishment se ha quedado sin cuadros, es evidente, se han secado las cabezas que otrora componían un relato que encolumnaba al país y están echando mano a chapuceros. Basta verlo a Luis Majul en el staff de columnistas del legendario diario de los Mitre para corroborarlo.

Pero entre tanta miopía, lo que colegas como Fernández Díaz parecieran no advertir es que pese a las limitaciones –que las tiene- el kirchnerismo no deja de estar en el centro del escenario político, dando incluso muestras cotidianas de una vitalidad no vista en las últimas décadas (no deja de arrimarse gente a sus espacios) demostrando que están pasando cosas que van mucho más allá del núcleo duro K. Es que el kirchnerismo fue el gran despertador de la política argentina, por eso sigue juntando cada vez más gente. Y no es que esas personas no se preocupen por la inflación, por el 400 % del aumento de la carne ni por la inseguridad, no, en absoluto. Es gente tan preocupada como esa señora que llama a Magdalena y termina su mensaje con un “Por favor, yo no sé adónde vamos a ir a parar” Esa gente que se arrima al kirchnerismo y que no sólo son pibes (hay muchos espacios creciendo con personas de 50/60 años) comparte las mismas preocupaciones que todo el mundo, sólo que tiene un diagnóstico distinto y fundamentalmente tiene muy pero muy claro qué es lo que no hay que hacer, adónde no hay que volver. Ahí es donde se hace la gran diferencia a favor del proyecto liderado por Cristina.

Lo que no pueden responder desde La Nación es porqué el kirchnerismo está tan pero tan vigente. Porque se niegan a asumir que ya no es algo de cuatro o cinco dirigentes maquiavélicos sino una corriente de pensamiento, una postura, una decisión de infinidad de argentinos que despertó de un pronunciado letargo y no está dispuesta a que los acontecimientos se sucedan sin tomar partido. 
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6 comentarios:

rinconete dijo...

Gerardo

Como conversamos alguna vez, todo lo bueno es inevitable y todo lo malo es intencional.

A este paradigma sencillo los medios concentrados agregan otro, la catástrofe inevitable.

Es la inversa exacta de la profecía neoliberal que los mismos medios apoyaron el los ´90. No importaba el presente de miseria, el desempleo galopante o la desindustrialización, ya que el éxito era inevitable. Llevaría años o siglos, pero el éxito era inevitable.

Lopez Murphy vestido de Nerón tiraba nafta sobre el incendio pero nos garantizaba que el éxito estaba asegurado. Y que, además, era la única solución.

Hoy es al revés. No importa el crecimiento, la baja del desempleo y de la indigencia o el aumento de las jubilaciones. La catástrofe es inevitable.

Si no la vemos, es que estamos ciegos.

El Repúblico Javier dijo...

Leí ayer la nota Gerardo. De tratarse de un episodio cierto, resulta enternecedor el esfuerzo de Fernandez Díaz por convencer a su primo. No deja pasar ni una de las cuentas del rosario opositor: inflación / corrupción / ideología / caja / atropellos / autoritarismo / INDEC.

Le tiró con todo el arsenal y el primo ni mosqueado. Eso es lo que los desorienta más: incluso se les están dando vuelta aquellos que hasta hace no mucho aceptaban acríticamente la línea que les bajaban.
El espanto ante el espectáculo de la "clientela" propia escurriendoseles por los dedos, los deja descolocados cada vez más a menudo.

carlos dijo...

Estimado Gerardo; sencillamente excelente el comentario de hoy.
Acompañando al "repúblico Javier" creo que los nervios por el derrape final de la corporación está llegando a su clímax con el round entre Bonelli y su productor.
Abrazo.

El Cordobés dijo...

Muy bueno Gerardo, están desconcertados, jamás se imaginaron un escenario así previo a las elecciones.

Raúl C. dijo...

Hay un detalle muy curioso: los que somos 'del palo' y de clase media (y en especial los que vivimos en barrios 'norteños') tendemos a ver, masoquistamente, que 'todo el mundo' piensa como Clarín, La Nación y los taxistas. Que 'toda' la CABA quiere un Macri a pesar de todo, etc.
En cambio, Fernández Díaz, aun moviéndose en ambientes parecidos, parece pensar masoquistamente que 'todo el mundo' (que ejemplifica con un primo, no importa si real o no) es por lo menos tolerante con la K.
Aunque parece todavía mentira, es posible que él esté más en lo cierto, y eso se confirme en octubre. O quizá en julio.

Gragui dijo...

Me parece q la sociedad argenta esta atravesando una etapa que es el miedo al cambio, a lo desconocido sino por que habria tantas voces argumentando caos? les escandaliza que todos podamos decir lo que pensamos equivocados o no, la derecha se tapa los oidos y los ojos, no quieren cambios el orden establecido les favorece,el cambio esta en marcha muchachada dificil pararlo, hay que comenzar a caminar.