martes, 30 de septiembre de 2014

Molina no dijo lo que dicen que dijo


“Nosotros no hablamos de despenalización sino de la no criminalización. Es reformular de alguna manera la ley que ya existe que es la 23737. Entonces, planteamos modificar 2 o 3 artículos que tienen que ver con el consumo personal. En realidad lo que estamos buscando es poner en la legalidad lo que ya es un hecho legal, porque en realidad hoy el que ya consume, por varios fallos de la Corte Suprema, no va preso, supuestamente ¿no?

Hoy tenemos un Estado presente, entonces creo que estamos en condiciones de poder decir, primero que al consumidor no hay que meterlo preso. Segundo, porque se sufre el abuso de las policías: ustedes fíjense que nunca van a agarrar a los pibes que salen de un boliche de la costanera norte. Siempre los que caen en cana son los de los barrios más vulnerables, de las villas, entonces queremos defender a esos y sobre todo sacar el “ojímetro” que tiene la policía porque si sos morochito y sospechoso te meto en cana para ver si te encuentro un porro y te tengo en cana una semana hasta que la justicia actúe. Eso le lleva al estado 1200 millones de pesos al año. Ese dinero tendría que ir a la lucha contra los grandes traficantes. Estamos agarrando a los perejiles, y no lo digo yo, lo dicen los estudiosos, incluso los de la UCA, para aquellos que no le creen al estado y sí le creen a otros organismos. La misma UCA se puso a decir esto “ojo con la criminalización”. Cuarenta mil pesos sale un mes mantener a una persona presa sin proceso.

Completo acá


viernes, 26 de septiembre de 2014

El indignado por las dudas o indignado "ponele que..."



Los escuchás gritando “Yo no viajo al exterior, pero ponele que lo hiciera ¿Por qué tengo que llenar un formulario?” o “Yo no tengo campo, pero ponele que lo tuviera ¿Por qué me tienen que sacar el 35%? Otra “No me puedo comprar un auto de alta gama importado, pero ponele que ello estuviera dentro de mis posibilidades ¿Por qué me tienen que cobrar un impuesto que encarece la operación en más de un 30%?

Son los indignados por la dudas, personas que se enojan por lo que les podría pasar pero que en su vida concreta no les pasa, gente que sin pensarlo termina corporizando ese sujeto indignado que minuto a minuto construye el conglomerado de medios opositores. El indignado por las dudas sería ese individuo que al asumirse como un ricachón perseguido, de alguna manera estaría perteneciendo a un mundo que no le es propio.

Indignarse por las dudas sería entonces una forma de pertenecer…

En los noventa se pertenecía leyendo “Caras”, ahora mediante la indignación. Hace ya muchos años se escribió sobre cómo las pequeñas burguesías oscilaban entre la identificación con los de abajo –el proletariado- y los de arriba –la burguesía- y sobre cómo a la postre terminaba adhiriendo a los postulados, al discurso y a la defensa de los intereses de la gran burguesía. Cuando hoy analizamos el derrotero del indignado por las dudas no estamos descubriendo nada nuevo.  La novedad, en todo caso, es cómo ha bajado la calidad de esa identificación. Llama la atención que se puedan transformar en causantes de indignación una serie de pavadas como el llenado de un formulario para viajar al exterior que no agrega nada al que presenta cualquier agencia de turismo.

Asombra la pérdida de calidad en la dieta noticiosa de ciertas audiencias. Gentes preparadas, que demuestran inteligencia en su trabajo, en el deporte, en la profesión y en definitiva en la vida cotidiana pero que cuando se pasan al modo ciudadano pareciera que se transforman en todo lo contrario ¿Tendrá que ver en esto una suerte de tercerización de la conciencia política en cierto dispositivo de medios? ¿Será que el depositar en el zócalo televisivo la percepción de lo que pasa atrofia la capacidad para separar lo importante de lo accesorio?

¿Despolitización 2.0? ¿Gran Hermano audiovisual? 

sábado, 20 de septiembre de 2014

El Vermucito | Audio del 20-09-2014


Hablamos con el Secretario de Culto, Guillermo Oliveri, sobre en encuentro de la presidenta con el Papa; Arnaldo bocco realizó una gran columna con datos ninguneados por la gran prensa opositora. Camila García analizó el referéndum en Escocia y Néstor descifró el enigma Martín Insaurralde

Programa completo


Columna de Arnaldo Bocco



viernes, 19 de septiembre de 2014

Oposición que da pena



En este editorial que podés escuchar más abajo desarrollo algunas ideas troncales para entender la etapa: una es la necesidad del complejo opositor de que la experiencia kirchnerista termine en el caos. Otra es el error de los que creen que conviene perder, pensando que se retorna en 2019: con el país que deja Cristina el opositor que gane tiene asegurado gobierno hasta 2023. Y finalmente, el tema de piñata, que cuando se rompe siempre favorece a los más dotados.

Recomiendo el editorial, entre otras cosas porque me expreso mejor hablando que escribiendo

KISCO 937 | Audio del Editorial


jueves, 18 de septiembre de 2014

El flagelo de esconderse en la academia para oponerse al gobierno, Hoy: “Los aplazos en primaria”

Escribe: Mariana Melgarejo


El martes salió en La Nación esta nota de una doctora en educación, vocera de una Universidad destacada por su carácter elitista y conservador, cuestión que la mencionada Doctora no intenta ocultar, es más refuerza sin pudor en lo que escribe.



En esta nota Claudia Romero intenta explicar porqué hay una disyuntiva entre “inclusión populista” y “camino arduo de la educación”. Parece que en su planteo son incompatibles, y que el “camino arduo de la educación” sólo puede darse sin inclusión del pueblo (porque convengamos que cuando se usa “populismo” para describir una medida de gobierno, se tiene la pretensión no disimulada de desvalorizar lo popular).
La doctora se hace una serie de preguntas, que pretenden encerrar críticas a la “inclusión populista”, cuando en realidad son las críticas que levantan Clarín, La nación y todos los relatos de los medios opositores. Se hace en la nota las siguientes preguntas:

“Es posible incluir con calidad educativa en una Argentina desigual y excluyente? ¿Es posible educar para el trabajo a chicos que no vieron trabajar ni a su padre ni a su abuelo, sostenidos todos por asignaciones y planes? ¿Es posible educar para la convivencia en un país en el que locales y visitantes no pueden compartir un partido de fútbol en la misma cancha? ¿Es posible educar en el cumplimiento de la ley en un Estado de default y desacato? ¿Es posible educar para el futuro cuando cada día se resume en un relato salvaje de supervivencia?”

La verdad que para levantar como propias las preguntas que vienen haciendo en TN no hace falta un doctorado en nada, señora Romero. No son preguntas auténticas que retomen el debate educativo, ni siquiera desde el campo académico, sino aquellas que reproducen el discurso de los medios opositores, no hay ninguna pregunta que apunte al cambio necesario en educación, fijate vos. Sería más honesto que se presente como “opinóloga” para argumentar desde donde lo está haciendo.
Y para que no se note tanto, disfraza la argumentación retomando el concepto de “clima escolar”, poniendo de forma maniquea el ejemplo de una escuela de Villa Lugano, que ni siquiera se encuentra en la jurisdicción que impulsa la reforma, que es la Provincia de Buenos Aires.
Señora Romero, si vamos a mezclar toalla con mondongo, no necesitamos un doctorado en educación. Si le reconozco que puede ayudar dirigir algo en la Universidad Di Tella o escribir en La Nación.
Yo le haría, en todo caso, otras preguntas:
La educación es la respuesta a todas las injusticias sociales? Tiendo a creer que no, que para eso está la política, la integralidad de las políticas que puede llevar adelante un Estado. Creo que la educación genera mejores condiciones para muchas cosas, pero no resuelve la inseguridad, el tema del empleo, y no dirime internas políticas, que siempre van a existir y está bien que así sea.
Se puede hablar de una educación de calidad que no incluya a todos en el marco de la justicia social y el ejercicio de derechos? Yo creo que no, pero parece que la mayoría de expertos internacionales acuerdan en lo mismo, incluso el índice de inclusión de un sistema educativo es uno de los indicadores de calidad educativa en un país.
Se puede hablar de una educación de calidad si le esquivamos el cuerpo a cualquier discusión educativa hasta que estén dadas todas las condiciones sociales para el cambio?
Creo que no, pero no sólo porque soy defensora de cualquier medida que democratice la educación (puedo mencionarle la Ley de Centros de Estudiantes, el Programa Conectar Igualdad, la Ley de Educación Sexual Integral y seguir…) sino porque no hay cambio que pueda esperar a que estén dadas todas las condiciones, y menos el cambio educativo.
Los cambios hay que impulsarlos, el debate hay que darlo, la batalla cultural es contra la exclusión y la pobreza, y todo cambio va a generar crisis en una institución como la escuela, que, gracias a gente que opina como usted, sigue siendo conservadora. Y saber que va a haber resistencia, crisis e incluso vueltas atrás no debe ser obstáculo para impulsar el debate y los cambios, sino que debe ser considerado como una condición.
Pero luego ya vienen afirmaciones no sólo falaces, sino que demuestran para dónde va la cosa, escuchate ésta:
“La inclusión populista, en un delirante ejercicio de tergiversación de la realidad, se centra en la alteración de la escala de calificaciones que tradicionalmente fue del 1 al 10; le saca los tres dígitos fatídicos que indicaban aplazo y dice que la cuenta comienza con el 4. Calificaciones "blandas" que acompañen. La inclusión real es sin duda más difícil, se realiza por el conocimiento y a través del aprendizaje.”
Falso. Pero muy falso. No sólo no se centra en eso, sino que es un punto de un apartado del Régimen Académico, que ocupa un lugar mínimo en una serie de cambios mucho más profundos, cosa que luego, y sin disimular para nada, reconoce contradictoriamente.
“Siguiendo con los cambios en el régimen académico de la primaria, es apropiado pensar en ciclos de aprendizaje sin repitencia o con "promoción acompañada", otro neologismo que tan bien les sienta a las reformas.”
Ay la doctora qué manera de mostrar la hilacha! Los hilos conservadores con los cuales evidentemente acuerda, que tal vez incluso refuerce en su práctica en tanto formadora de docentes, vuelve toda su nota una “Oda reactiva al cambio”, donde sólo pueden ser educados aquellos que mejor han incorporado los discursos culturales hegemónicos, que la mayoría de los espacios de formación docente aún reproducen.
Decir cosas tales como “hay que cambiar la educación, pero cuando todo lo demás también cambie”, o bien “no estoy en desacuerdo con incluir educativamente, pero dejando las cosas como están” es un argumento mentiroso. Equivale a decir, en realidad: “no hay que cambiar nada”, y eso es una definición política que sólo pueden darse los opinólogos. Los gobiernos y los militantes no podemos darnos ese lujo.

El “camino arduo de la educación” no puede, no debe ser incompatible con la inclusión. Y para que un sistema excluyente incluya, es necesario empezar a hacer cambios, y empezar a romper estructuras, dar debates, “hacer lío” como dijo Francisco.

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