Conmovedora confesión del presidente del bloque de diputados de la UCR, Ricardo Gil Lavedra: "Sólo la gente puede detener al kirchnerismo", lo que equivale a decir "nosotros ya hicimos todo lo posible y no logramos nada". Renuncia cruel a la acción política la del Dr. Para cambiar algo o detener un proceso político es obvio que se necesita gente, como también que esa gente necesita dirigentes, porque si no pasa que hasta incluso muchos de los que putean y cacerolean terminan luego votando al oficialismo porque saben que, aún a pesar de las disidencias, les garantiza que hay mañana. En cambio ¿Qué puede esperarse de dirigentes como éste, que admiten de manera patética su impotencia, su inhabilidad?
No han habido cambios sin dirigentes y ese es el cuello de botella que no logra sortear el espectro opositor: no tienen dirigentes que conduzcan y lleven la bronca para algún lado, por eso se da que se puede reventar el obelisco con miles de indignados y al día siguiente todo sigue como si tal cosa.
"Amor no es literatura si no se puede escribir en la piel", canta Serrat y no sé porqué relaciono esta frase con la oposición criolla. La canción habla de un amor de miradas y un vínculo similar se da entre el bochorno opositor y la bronca de la clase media acomodada. Falta sexo, muchachos, falta política, roña, ganas de tomar el poder, ganas de ganar, ganas de ponerse al frente, no se sumarse
¿Qué consuelo le queda a los cacerolos si los dirigentes más cercanos a sus sueños, en lugar de dirigirlos, de orientarlos, sólo se suman a sus actos?


