Hay un sector que ha tercerizado su conciencia política en eso que denominados "La Cadena Nacional de la Gente Linda" para dedicar su tiempo a cuestiones personales, al amor y al trabajo. Es que tanta operación a la través de los años para despolitizar a la sociedad ha generado esta nueva especie de ciudadanos con parte de su conciencia amputada. El razonamiento más o menos es éste: "Que del mundo, la economía y la política se ocupen los medios y que me den una síntesis cada media hora en los zócalos de la tele o directamente por Twitter" (es notable, ya que mencioné TW cómo en la primera mañana los conductores twittean "títulos" que emiten los entrevistados en sus programas de radio. Esto aparece hasta más "económico" que la audición íntegra del reportaje. Es peligrosa esta "zocalización de la radio", pero de eso hablaremos con detenimiento en otro momento)
Esa tercerización del consumo y digestión de información causa estragos, el primero y más notable es que el individuo comienza cada vez con más asiduidad a repetir gansadas, es como que tiene un chip que se actualiza cada media hora con consignas que serán automáticamente emitidas sin el menor filtro. Por eso cuando alguien le pregunta qué piensa él de lo que acaba de decir, suelen vivirse momentos de un bochorno indescriptible.
Para este tipo de seres humanos imposibilitados de razonar un poquitito así es que se montan operaciones que no resisten el más mínimo análisis. Pueden leer en
La Razón sin inmutarse que el programa de
Lanata midió -según
IBOPE, la medidora de
Clarín- 20 puntos un domingo a las 11 y media de la noche y no preguntarse cómo puede ser que el clásico
Boca-Racing hubiera medido sólo dos puntos más a las 20 de ese mismo día. El tema pasa, se lee y se archiva, no se mastica. Se archiva y punto.
Pero el top top ha sido sin duda la foto de
Clarín de ayer mostrando
el celular del diputado provincial
José Ottavis. Da vergüenza ajena escribirlo, de verdad, y hasta pena. ¿Cuan limada tiene que estar la cabeza de un lector de ese diario para no razonar que en una cámara de diputados o hasta en un concejo deliberante los acuerdos políticos no se hacen en el recinto, que cuando se baja a debatir ya está todo claro y ya se sabe cómo vota cada bloque? El jueves pasado, a las once de la mañana el diputado opositor Mauricio Dalesandro me anticipó en
esta nota que bajaba el FAP, que bajaba el properonismo, que hasta el radicalismo bajaba "Hay síndrome Puerta 12, Gerardo" me dijo mientras me hacía descostillar de risa. Ese mismo día, todos los informativos de las 12 en adelante fueron contando cómo se desarrollaba la sesión y se sabía, además, que el oficialismo, una vez logrado el quórum, tenía mayoría para aprobar el paquete impositivo. Pero nuestros tercerizadores de conciencias no llegan a razonar estas simples cuestiones y entonces, de manera infantil comienzan a emitir comentarios del tipo "¿Viste la tapa de
Clarín?" "¿Viste lo que hizo ese de
La Cámpora?" Hasta que irrumpe el compañero de oficina que les pregunta "¿Ustedes realmente creen que esas cosas se arreglan por mensajito?" y se termina el intercambio...
Ojo que esto también es un mensaje para la comunicación kirchnerista. Es muy probable que haya que extremar la capacidad de simplificación argumental. Al fin y al cabo ¿Acaso la principal virtud de
Jorge Lanata no es hacer un editorial con frases cortísimas tipo Twitt? Agarrá cualquier columna suya y fijate. Es una sucesión de zócalos y frases contundentes, que es lo que la mayoría de la audiencia está en condiciones de asimilar.
Claudio Lozano hace algo parecido en el tema económico.
Y también hay que tomar nota de que muy probablemente tengamos que volver a discutir lo discutido, porque se olvidaron, porque la memoria del tercerizador de conciencia tiene la duración del zócalo televisivo. Si hasta tenemos que recordarles que en agosto y octubre del año pasado el país votó dos veces y que en ambas elecciones (las PASO y las generales) el actual gobierno ganó por paliza y que hasta en la ciudad de Buenos Aires Cristina triunfó con el 35 % de los votos.
Pero también tenemos que ser flexibles y recordar aquello de la "democracia participativa" de la que tanto hablábamos en los ochenta. Decíamos que la democracia no se remite sólo a votar cada dos años, que la sociedad tiene que participar en las organizaciones intermedias de modo de fortalecer en el día a día el proceso democrático. Bien, hay pequeños bolsones de sectores acomodados que están empezando a hacer su experiencia de democracia participativa, sólo que están tan despolitizados y tan desrepresentados que salen a mostrar sus enojos en pitucas esquinas porteñas. Son, además, violentos, agresivos. La violencia siempre vino de arriba e incluso a veces
la sufren sus propios referentes.
En los barrios, la participación popular se da en las cooperadoras, en las salitas de Primeros Auxilios, en los clubes, en las parroquias. En las esquinas paquetas de la CABA el proceso participativo es violento y, en estrecha sintonía con el ADN de las clases altas argentinas, comienza por la exacerbación del egoísmo en su fase de queja. La violencia que ostentan tiene por objetivo blindar su protesta. No quieren ser mirados por otros que no sean sus custodios o sus medios afines. Son fieles a la tradición de que sus cosas sólo son relatadas por su propia prensa. Habrá entonces que adiestrar sofisticados equipos comando para filmarlos sin que ellos lo noten y así mostrarle al conjunto de la sociedad de qué la va el frenesí de Santa Fe y Coronel Díaz.
Habrá que volver a discutir lo discutido...
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