La presidenta de la Nación, fiel a su estilo, ha redoblado la apuesta y lo que se impone a esta altura de los acontecimientos es poner la mirada en el núcleo del problema que no es otro que la disputa desatada entre el gobierno nacional y la estructura de servicios de inteligencia descabezada a en diciembre.
Nada puede entenderse sin este análisis.
Leyendo la carta de Cristina queda muy claro que se ha entrado en un terreno de lucha franca contra el poder más oculto y poderoso que se pueda uno imaginar: Stiusso y su estructura armada en más de 40 años en la SIDE.
Lo más probable es que la presidenta haya tomado esta decisión luego de sopesar distintas opciones y de comprobar que pese a las consecuencias nefastas que podría acarrearle -ya hay un cadáver de un fiscal federal, nada menos- era la menos mala.
Incluso hasta pierde centralidad la discusión sobre si Nisman se suicidó o fue asesinado. Sigo creyendo que viéndose fatalmente operado por los servicios y en vistas de que la denuncia presentada se caía a pedazos tomó la decisión de pegarse un tiro. Pero aunque no fuera así, el análisis político sigue siendo el mismo. Nadie necesitaba a Nisman más vivo que nunca que el mismísimo gobierno nacional, entre otras cosas porque ya había sospechas fundadas de que la denuncia estaba muy flojita de papeles, de ahí que cualquier lectura inteligente de lo sucedido en la torre Le Parc lo menos que podrá hacer es poner al gobierno como instigador del crimen.
Y es por eso que hace tanto ruido este párrafo de la carta presidencial:
"La denuncia del Fiscal Nisman nunca fue en sí misma la verdadera operación contra el Gobierno. Se derrumbaba a poco de andar. Nisman no lo sabía y probablemente no lo supo nunca. La verdadera operación contra el Gobierno era la muerte del Fiscal después de acusar a la Presidenta, a su Canciller y al Secretario General de La Cámpora de ser encubridores de los iraníes acusados por el atentado terrorista de la AMIA."
Por eso el lunes temprano puse el acento en el regreso abrupto de Nisman, porque sólo a partir de ese hecho puede entenderse la operación.
Nadie puede asegurar cómo terminará esta confrontación, tampoco dudar en que se ha desatado una lucha de consecuencias impredecibles.
Ya llegará el tiempo de analizar porqué fue ahora y no antes. Lo urgente en estas horas es entender que quizá por primera vez en la historia nacional un presidente se anima a meter mano en esa suerte de estado paralelo que se montó en la SIDE, que esta batalla es probablemente la más ardua que le haya tocado afrontar al kirchnerismo y que de su resultado depende en buena parte el futuro de todos los argentinos, no sólo del gobierno.
A no confundirse





