jueves, 6 de junio de 2013

El progresismo no es progresista



Carrió y Prat Gay están dentro del espacio "progresista" de la ciudad de Buenos Aires ¿Es que se corrieron a su izquierda? Para nada, significa apenas que el concepto de la denominación "progresismo" se va destiñendo con el paso del tiempo y paulatinamente aflora su verdadera coloratura político-ideológica. Se trata de pararse en  el espacio antiperonista que durante décadas ocupó el partido de Alem e Yrigoyen, no casualmente el 90 por ciento de los desprendimientos radicales vuelven a encontrarse en estos acuerdos FAP-UCR.

El Frepaso fue la expresión más elevada que pudo darse el progresismo y la que que demostró, además, sus fuertes limitaciones. La convocatoria de Chacho Alvarez a Cavallo en la Alianza fue el desenmascaramiento de qué es el progresismo y la frutilla del postre se exhibió cuando Aníbal Ibarra, quizá el producto más químicamente puro de esa experiencia política terminó sepultado por su reflejo de borrarse ante el drama de Cromañón, su irrelevancia territorial que ni siquiera le permitió mantener una veintena de mesas en la CABA para juntar firmas para un plebiscito, y su "muñeca" de armador, que lo dejó con 2 legisladores sobre un total de 60, a expensas del mandoble macrista que como no podía ser de otra manera, llegó implacable.

El progresismo no es progresista. Nunca lo fue. Los equivocados fuimos los que lo supusimos progre. Lo mismo que con Lanata...



El gordo nunca fue otra cosa que lo que es. Pero hubimos un montonazo de pelotudos que cuando sacó el famoso carnet del boludo argentino lo compramos y nos sentíamos unos cancheros de aquellos exhibiéndolo en nuestras fiestas de clase media, donde nos reíamos de Tinelli, Menem y De la Rua...

Eramos unos piolas...

5 comentarios:

Daniel dijo...

Muy bueno.

carlos dijo...

Una descripción contundente del "boludo" argentino, con la que muchos, no sin pooa verguenza, nos sentimos identificados.
Un abrazo, Carlos.

Gustavo Marcelo Sala dijo...

"Es mucho más sencillo autodefinirse como progresista desde la oposición que desde el oficialismo, demandar cambios adolece del compromiso ejecutivo que toda gestión tiene, pero cae de maduro que es desde el lugar de la ejecución en donde el progresismo puede manifestarse concretamente. De todas formas si no aclaramos previamente aquellos caminos mencionados muy difícilmente vamos a poder entender qué nos dicen cuando nos hablan de progresismo.



Por ejemplo, hace pocos años la Alianza se presentó como tal. Una fuerza progresista horizontal y democrática que venía a romper con determinadas inercias noventistas. Por entonces muchos percibían que si bien su discurso era en ese aspecto sumamente seductor y potenciado por aquel nefasto presente, no es menos cierto que otros ponían su énfasis en que ese grupo político no venía a modificar inercias sino a prolijarlas, adecentarlas acaso. La Alianza no ponía en tela de juicio el modelo exclusivo planteado y plantado por el Consenso de Washington. Pues no hizo ni una cosa ni la otra, además terminó profundizando el anterior esquema socioeconómico, incluyendo los mismos gestores, anexando notorias medidas regresivas llegando a niveles de represión insólitos para nuestra novel democracia.



A pesar de aquella experiencia, el Radicalismo, nave insignia de la Alianza, continúa autodefiniéndose como progresista muy a pesar de que en la praxis exhibió una tendencia conservadora extrema. Tres cuartos de lo mismo sucede con la C.C. y con el Fap. Si bien, desde la formalidad, este último sello no existía, el Socialismo participó de aquel proyecto con marcados entusiasmos. Incluso funcionarios del Pro y del actual gobierno kirchnerista formaron parte de la Alianza (Lombardi y Garré sirven como ejemplo).



Al mismo tiempo podemos constatar que cuando aparece un Gobierno con serias intenciones de ampliar derechos, que coloca en su justo término político a los DD.HH y al drama de los setenta, que democratiza incisos hasta hoy encapsulados, que no omite discutir a los poderes fácticos, que promueve políticas a favor de incluir a los excluidos, que implementa resortes industrialistas tratando de encauzar y limitar el poder de las corporaciones oligopólicas, es el supuesto campo “progresista” el que se opone con mayor virulencia bajo la insondable excusa dictatorial. Y esto se debe justamente por que los cómo, los cuándo y los para quién comienzan a protagonizar la escena corriendo velos indefectiblemente, quitando de plano cualquier tipo de embuste dialéctico".

ram dijo...

Capaz que haya que empezar a llamar las cosas por su verdadero nombre, al pan pan y al progresismo hipocresía, que al fin y al cabo es lo que es.
Se puede ser muy "crítico" de la realidad y tener un rosario de recetas para "lo que hay que hacer" y cuando llega la ocasión de hacerla, hacer exactamente lo que venías criticando, eso sí, con el versito más prolijo, más, ay!, "decente".
Hubo "progresistas" - lanata tiene razón en su obsesión por la guita, justamente podríamos empezar la lista con él y sus auspiciantes kohan y desantibañez - también los hubo de a variante boludos, como Ibarra que no fue tan malo como otros peeeeeeero, pasará a la historia como un bolas tristes de aquellos.
Hubo quien dijo que era más peligroso un boludo que un hijo de puta, y el progresismo le da razón, llegar a la cocina de las cosas con chamuyo inocentón y justo ahí, se te ocurre hacerte en piola y joder a todo bicho que camina y te votó, y bueno, ningún sistema banca garcas por adopción (y boludos por definición) y chau progres.
Y es justicia, lástima que no pase lo mismo con toda esa tropa de malandras que la van de moralistas, sean ex progres o garcas con pedigree.

Alfre dijo...

No sé, mara mí es mucho más fácil y lógico dejar que se llamen a sí mismos progresistas. Porque realmente el "progresismo" no ha sido más que eso. Progresismo es Zapatero. Y Binner, Pino, Lanata, Hollande, etc. No traicionaron al progresismo. Ellos son (también) progresismo. Han tenido representantes más o menos lúcidos, con una agenda que a veces uno comparte (personalmente hablando), pero se da cuenta de que es un efecto superficial: lo esencial es invisible a los ojos, y, para hacerla corta, bajo la idea occidental de "progreso", y por ende de cualquier "ismo" que crea representarlo, se atrincheran demasiadas zonceras, que no comparto.

Así que si alguien sale con que es el "verdadero" progresismo, etc., bueno, felicitaciones. Ojalá que rezarle a ese dios lo haga feliz. Pero si realmente se asume progresista, le convendría mucho más disputarles espacios a la "verdadera" derecha, ¿no?

¿Por qué será que tienen mucha más ganas de crearse "impostores" para pelearse con ellos (peronistas, kirchneristas, etc.), que disputarle algo a los (supuestos) "verdaderos" adversarios ideológicos? Porque Prat Gay también "es" progresista, y no me molesta decirlo porque ya no es una bandera que me interese defender, y tenga la necesidad de mantenerla libre de manchas.

Entrada destacada

Carta Abierta a Carta Abierta