Con gran astucia,
Julio Blanck estampa un párrafo de alto vuelo para correr por izquierda al kirchnerismo:
"Curiosa trampa la que se fabricó el sistema de poder más formidable construido en nuestra democracia reciente. El kirchnerismo insiste en proclamarse renovador de la política, pero sus posibles sucesores son Scioli, nacido en el laboratorio menemista de los ahora aborrecidos años 90, y Randa-zzo, surgido de la factoría del más puro y tradicional aparato peronista bonaerense. Y ni qué hablar de los aspirantes más firmes hoy a gobernar la Provincia: Aníbal Fernández y Julián Domínguez son dos productos del duhaldismo original que han evolucionado notablemente, pero sin renegar nunca de su origen."
Tarde: los destinatarios de ese mensaje ya se fueron desencantados.
En el universo K, la discusión hoy no es si Randazzo viene de tal lugar o si Aníbal esto y lo otro. Todos sabemos de dónde venimos. Ninguno ignora de dónde vinieron figuras emblemáticas como Héctor Recalde, Carlos Kunkel, o Néstor y Cristina, sin ir más lejos.
Al fin y al cabo, estamos ante una nueva demostración del peronismo para captar sectores provenientes de otras experiencias y sumarlas a su lógica de construcción. Quizá eso haya sido la fase kirchnerista: un puente, un conector con una periferia que no terminaba de sumarse por ausencia de conectores eficaces.
¿De dónde podrían surgir los candidatos si no del peronismo, que es la columna vertebral indiscutida del Frente para la Victoria?