
Esta noche abrimos la semana hablando con el Ministro de Trabajo Dr. Carlos Tomada sobre el Cabildo Abierto del peronismo porteño que se desarrolló el sábado y las perspectivas del kirchnerismo en capital.
Victor Hugo en El Club de la Política: "Te regalo el mundial si sale la Ley de Medios" from El Club de la Politica on Vimeo.
Lejos de la pompa acosadora, mutantes y buscas patrullan con displicencia la “Ciudad Bicentenarizada”. El estruendo hiriente que envuelve al Centro suscita la respuesta despreciativa de un sarcasmo sordo. Las gentes van y vienen, rodeadas de un pronunciado aire de ajenidad. Los fastos encarados a alto costo para celebrar los famosos doscientos años del país no los afectan, ni tampoco interpelan.
En varios sentidos, las muchedumbres porteñas miran de reojo y con fastidio el desparramo en una ciudad colapsada por preparativos de gruesa teatralidad. Se nos informa que estamos de fiesta.
Con la 9 de Julio literalmente intervenida, las laterales son corredores de pintoresco existencialismo, patrullados por merodeadores de todo pelaje. Al mediodía del jueves, camino por Lima desde Avenida de Mayo, y paso junto al sobredimensionado stand de las Madres de Bonafini convertidas en estatuas. Por la acera, innumerables tarjeteros, uno cada diez metros, reparten una folletería reveladora de un país envilecido donde innumerables desocupados rasguñan el fondo de la olla. Entregan unas pequeñas octavillas de 8x5, las mismas que decoran las derruidas cabinas telefónicas, vergonzosamente subsistentes.
En Buenos Aires la explosión incontenible de la promoción de servicios sexuales es llamativa. Las pequeñas tarjetas incluyen dirección formal y teléfono de línea de los burdeles. Sus apelaciones son pedestres. Completita, dulce y atrevida. Cumplimos todas tus fantasías. Sólo para exigentes. Sensual y atrevida. Ambiente climatizado. Solita en mi departamento. Te espero. Firman Candela, Pamela, Sofía, Aby, Brisa, Abril.
Ruidosos, beligerantes, invasivos, los bondis marchan a paso de hombre, paragolpe contra paragolpe. Nadie entiende por qué, ni para qué tamaño desbarajuste, pero por todas partes un patrioterismo banderillero y desfachatado pretende justificar el desorden, como si esta gestualidad callejera tan desaforada fuese equivalente a la exaltación de nobles ideas nacionales.
Esas gentes caminan a mi lado, rozan o chocan sus cuerpos, enajenados y miran sin ver nada. Habitan este tablado nacional de fines de la segunda centuria. ¿Estamos molestos? Claro que sí, pero nuestra reacción encarna la irritación arquetípica de esta época argentina, ya que nuestro prurito de fastidio no sale de un intrínseco aislamiento. No cambia nada.
El Teatro Colón muestra su formidable estampa recuperada, puesta en valor tan impresionante que sólo será debidamente valorizada dentro de algunos años, pero hasta en su propio entorno no se han podido evitar las radiografías más elocuentes de la rispidez social. En una Plaza Lavalle embellecida a fuerza de rejas para acotar el vandalismo galopante que barbariza los espacios públicos de este país, y cuya impronta de destructividad más furiosa se hace ver en Buenos Aires, césped, arbustos, canteros y árboles coexisten con grupos de indigentes que duermen al sereno, bajo tolderías vergonzosas. Hay que ser necio o deshonesto para no advertir la ostensible degradación humana patentizada en las calles de esta ciudad.
En una metrópolis donde había por lo menos diez espacios abiertos, enormes y propicios para montar la gran exhibición del patrioterismo gubernamental sin asfixiar a la gente, el Gobierno exhibe su desaforada espectacularidad en torno del Obelisco, para enloquecer aún más la vida cotidiana de decenas de millares de personas durante un mes, antes y después de este 25 de Mayo. No optaron por la Costanera Sur, el Parque Indoamericano, el Autódromo, o el Parque de la Memoria en la Costanera Norte. No. La idea es de un populismo primitivo y rutilante, para enfadar a la mayor cantidad de gente, la mayor cantidad de tiempo posible y al mayor costo.
Supuestamente “autónoma” desde 1994, la Ciudad de Buenos Aires padece impotente la trituradora estatal, que cierra calles, desvía tránsito y destruye espacios oportunamente reparados. En muchos sentidos, todo lo que acontece pareciera sugerir que hay en curso un “máster plan” perverso, indómito e imparable, destinado a cambiar la sustancia y espíritu de una ciudad a la que el poder nacional desdeña, por demasiado burguesa.
Sentadas en cuclillas, a la manera andina, personas ataviadas como indígenas del Altiplano venden objetos, supuestamente artesanales, exhibidos en sus mantas en la esquina, supuestamente peatonal, de Avenida de Mayo y Perú. Para acentuar su apariencia de habitantes legítimamente originarios, beben mate y fuman unas imponentes pipas, junto a la legendaria confitería London eternizada por Julio Cortázar en Los premios, sitio otrora encantado en apasionantes tiempos ya idos.
Recorrer la ciudad observando sus intersticios con morosa y atenta prolijidad revela existencias sorprendentes. ¿Qué tienen que ver esas estampas de derrota y abatimiento con la prepotente y grosera exhibición nacionalista que se agiganta este 25 de Mayo?
Cerca del Congreso, los que viven y duermen en la calle dejan sus colchones sobre los altos alfeizares del edificio del Senado, en la esquina de Solís y Rivadavia. Cuando anochece los bajan, se acurrucan en ellos y ahí se quedan hasta la madrugada. No menos de 50 seres duermen en esos huecos, alimentados de noche desde camionetas del Gobierno de la Ciudad que reparten comida caliente en la Plaza del Congreso. Pocas cuadras más al sur, en la esquina de Solís y Belgrano, a cien metros del Departamento de Policia, un chico está casi todo el día echado al piso junto a una boca de respiración desde la que sale el aire caliente de la cocina de una pizzería.
Mutantes, ambulantes, resignados, alelados, gente desorientada y condenada, sobrevive malamente en una impávida ciudad emborrachada de banderas argentinas y Bicentenarios pretenciosos.
Si me despojo, por un breve instante, de los efectos anestesiantes del brebaje patriotero, percibo de modo rotundo, las imágenes de una puesta en escena indecorosa, como si una gruesa capa de maquillaje intentara tenazmente vestir de tersura y belleza un rostro descompuesto y surcado de arrugas.
*Visite el blog de Pepe Eliaschev en www.perfil.com
"El lunes 24 de mayo, Canal Siete midió 24.7 puntos., Telefe con la edición especial de Telefe noticias (20 hs.) marcó 9.5 puntos y El Trece con la transmisión de la reapertura del Teatro Colón midió 10.9 puntos.
El martes 25 de mayo,. con el final del Festejo del Bicentenario la TV pública promedió 19.9 puntos y Telefe con otra edición especial de Telefe noticias (20 hs.) midió 8.9 puntos.
En conclusión, la sumatoria en ratings de las cinco jornadas de los Festejos del Bicentenario le dejaron a Canal Siete 78.9 puntos, mientras que Telefe cosechó 18.4 y El Trece solo 10.9 puntos."
En política las cosas no suceden por casualidad, por eso no hay que ver las imágenes del bicentenario ni como pelea estéril o producto de una politiquería que no logra ponerse a la altura de las circunstancias. Que la reapertura del Teatro Colón haya sido una remake del centenario pero mucho más vulgar, mucho más degradada socialmente, no es una casualidad. Como tampoco que hoy Bergoglio haya recurrido a ese típico llamado a concordias que ellos mismos dinamitan toda vez que no se haga lo que les place. Esa mentira de la unidad y el diálogo se recluyó ayer en esa fastuosidad del antipueblo que expresa el Teatro Colón mientras afuera la plebe escuchaba otros sonidos, otras canciones y otros ritmos. No es casual.
Las clases pudientes de la ciudad de Buenos Aires transformaron al Teatro Colón en un antro de paquetería al que sólo pueden acceder unos pocos elegidos y en esto no tienen nada que ver las cuestiones musicales ni mucho menos desarrapados como el mismísimo Wolfang Amadeus Mozart. Socialmente, el Teatro Colón es el reducto de la oligarquía, por eso no es casual que anoche se haya visto allí a la flor y nata de esa corriente de restauración conservadora que puja por abrirse camino. Si otrora los abonados del Colón se hubieran escandalizado al ver a figuras de la chabacanería más ramplona como Susana Giménez, Luis Majul o Valeria Mazza, ahora las toleran porque no confunden lo principal con lo accesorio, porque saben que lo urgente es volver a poner las cosas en su lugar y que a esos fines son valiosos los aportes que pueden realizar estas figuras tan poco cultivadas pero con llegada a la plebe. En cierta medida, el Teatro Colón fue anoche lo más parecido a la entrega de un Martín Fierro, y la televisación de Clarín lo corroboró de punta a punta.
Y en esta mañana luminosa Bergoglio nos ametralla con el discurso de la unidad para una celebración importante. En realidad nos siguen corriendo con el Billiken, con esas imágenes falsas de una historia insípida. Quieren que la política mienta y deje por un momento las razones profundas que justifican sus pujas internas.
No lo consiguen.
Trabajan sobre esas nociones que todos tenemos selladas en la piel pues al fin y al cabo hemos sido formateados en esos actos patéticos de escuela primaria. Nos ametrallan con que tenemos que unirnos en esta celebración y en realidad es una burda patraña porque es por lo menos un impulso falaz pretender unir artificialmente lo que está terminantemente desunido. Porque, además, la unidad que proclaman, al igual que el diálogo y el consenso que publicitan, contienen la trampa de la entrega de posiciones y banderas. Cuando
Vivimos un tiempo histórico donde se le están discutiendo muchas cosas al poder tradicional que a lo largo de doscientos años fue delineando un tipo de país y que sólo en cortos interregnos soportó que se desafiara su hegemonía.
El bicentenario no podía bajo ningún aspecto silenciar o esconder esas discusiones.
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"Desde la asunción de la presidencia por Néstor Kirchner, y luego, durante el mandato de su esposa, desde el Poder Ejecutivo se ha procurado idealizar la actividad terrorista desarrollada en la década del 70 y demonizar a quienes la reprimieron. A estos fines, se han impartido cursos en colegios y universidades, se ha promovido la declaración de inconstitucionalidad de las leyes de pacificación dictadas a instancias de Raúl Alfonsín, y de los indultos dictados por Carlos Menem, en este caso, tan sólo respecto de los represores pero no de los terroristas.
Con el mismo propósito, se designó como secretario de Derechos Humanos al abogado Eduardo Luis Duhalde, protagonista en esa década como apologista, desde la revista Militancia , de muchos de los atroces crímenes cometidos por el terrorismo. La designación de un antiguo promotor de la violencia en un cargo de esa naturaleza sólo podría justificarse si mediara algún arrepentimiento en la persona así designada. Pero no ha sido el caso. El secretario de Derechos Humanos es absolutamente funcional al propósito de reescribir la historia, de perseguir a sus antiguos adversarios y de llevarlos a la cárcel, en condiciones a veces violatorias de los mismos derechos que debiera proteger, despreocupándose de los demás aspectos que hacen a la protección de los derechos humanos en la actualidad. En este sentido, es oportuno y triste recordar que alrededor de un centenar de ancianos han muerto en cautiverio durante prolongados procesos sin que se los haya condenado.
Desafortunadamente, varios de los integrantes de la actual Corte Suprema de Justicia también han sido funcionales al propósito oficial de perseguir a integrantes del gobierno militar y de dotar de impunidad a los de las organizaciones guerrilleras, declarando delitos de lesa humanidad a los actos perpetrados por los primeros más no así, a los cometidos por los segundos. Esta distinción, que lleva a la persecución de unos y a la impunidad de otros, no tiene cabida en los tratados internacionales incorporados a la Constitución a partir de 1994 y también invocados como fundamento para declarar inconstitucionales las leyes pacificadoras de Alfonsín, previamente reconocidas por la Corte como válidas, y los indultos de Menem, excepto los concedidos a terroristas."
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A propósito del fallecimiento de Marcos Mundstock volvió a aflorar esa actitud mediocre de refutar a un artista por sus posiciones políti...