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lunes, 26 de mayo de 2014

Miles Davis, negro y mal entretenido


Lo había sentido nombrar como una referencia insoslayable, hasta que esa soleada mañana del 28 de setiembre de 1991 mientras caminaba por la calle 8 de La Plata rumbo a la legislatura, Lalo anunció en Rock & Pop su muerte. Ahí empezó a morderme una culpa desenfrenada por no haberle dado bola antes. Empecé a buscar sus discos, a investigar, a volver loco a Guillermo Fuentes Rey -mi alfabetizador en Jazz- y, por supuesto, adquirí y devoré la autobiografía de Quincy Troupe. Si querés entender el jazz creo que ese libro basta y sobra para conocer los lineamientos centrales. Ahí es el propio Miles el que por ejemplo define la importancia histórica de Ellington, su desprecio por Chet Baker, su lucha horrenda contra la heroína y mucho, mucho más.
Miles, el adolescente que compartió pieza con Charlie Parker, que una vez le empeñó la trompeta para comprar merca; Miles, el que siendo jovencísimo se codeó además con Gillespie, Kenny Clarke, Monk y toda la crema del Mintons. Miles, el que junto a Gil Evans vino a enfriar el incendio del Be Bop con la Orquesta Capitol, aquella selección de genios como John Lewis o Gerry Mulligan, entre otros. Fue el nacimiento del Cool Jazz, un jazz en modo refinado, fresco, tranquilo y sutil que sería tan sólo la primera gran transformación de las cinco que encabezaría entre los cuarenta y los ochenta.
Me asumo medio conservador en lo musical, por así decirlo, y lo expreso porque ya el otro día hablando de Saluzzi dije que prefería al de acá antes que al internacional. Con Miles me pasa que lo que más me gusta de su obra es lo que hizo en los cincuentas y sesentas. Su fase eléctrica no me llama, es más, me animaría a decir que fue para atrás, que involucionó. Se me ocurre que hubo un momento en que eligió ser una estrella de rock & pop y ello significó por lo menos un freno en su creatividad, pero es mi gusto, ya sabe, no se lo tome muy en serio. Es que seguramente lo que late bajo estos enunciados es una contienda larvada con el rock que alguna vez sacaré a relucir con todas las letras. Digo, a modo de adelanto, que cierta caracterización muy sorda del rock como una música elevada ha llevado a grandes confusiones porque en rigor es todo lo contrario. El rock no eleva al folklore, al samba o al flamenco cuando se le pone al lado. Lo degrada, lo brutaliza, pero bueno, hay que tener algunas décadas de escuchar y escuchar para entenderlo. Y Miles, creo, harto de ser el genio y de mirarlos a todos a su espalda y a lo lejos un día se decidió a ser estrella y así fue que la muerte lo encontró admirando a Prince, que, bueno es aclararlo, sabe mucho más que la media de las estrellas de rock.
Algún crítico escribió que nunca se sabía dónde comenzaba a sonar su trompeta y cuándo finalizaba, toda una definición magistral de su sonido, luego imitado por Chet Baker y Winton Marsalis, por citar solo dos de los mas refulgentes. De ahí su pelea con ambos. Le costaba soportar que, además de copiarle el sonido, tocaran tanto o más que él (Marsalis sin duda toca mucho más pero, eso sí, no inventó ni la décima parte en comparación con Miles). Pero además lo enfermó que Chet tuviera en algún momento más renombre que él. Es que era un tipo difícil, de lanzar pontificaciones absurdas de las que luego tenía que arrepentirse, como cuando dijo aquellas tonterías del gran Thelonious Monk, o cuando afirmó que los negros tenían un sonido distinto a los blancos y que él podía descubrir el color de la piel de un músico con sólo escuchar una grabación: Leonard Feather -quizá el crítico de jazz estadounidense más respetado- lo sentó en una silla de espaldas y le empezó a pasar discos para que él dijera “Blanco”, “Negro”. Se equivocó fabulosamente y a regañadientes tuvo que reconocer su gansada.

Era usual ver que en muchos de sus recitales tocaba sus solos de espaldas a la platea: es que militaba a full la causa de los negros pero tuvo la maldición de que su público fue siempre mayoritariamente blanco, algo que en líneas generales caracterizó al Jazz a través de los años, pero el asunto es que eso lo ponía del tomate, por eso y a modo de repudio adoptaba esa actitud. Y cuando todos querían ver cómo estructuraba el solo, el tipo se les ponía de espaldas... Un jodido de aquellos...

Cierta vez lo fajó un policía y lo dejó muy torcido, la noticia circuló por su barrio y a los pocos días el cana apareció asesinado. No hay pruebas, pero los amantes de este negro mal entretenido nos inclinamos por sostener que la muchachada lo vengó.

Fervoroso seguidor de Ray “Sugar” Robinson y siempre muy preocupado por la facha, Miles Davis pasó por el mundo creando, polemizando, disfrutando de las mujeres la música y las drogas hasta que su viejo y admirado amigo Quincy Jones le propuso recrear en Montreaux sus grandes obras de los cincuenta junto a Gil Evans: por primera y única vez aceptó volver a tocar su música "¿vieja?" y en junio del 91′ tocó fragmentos de “Miles Ahead”, “Porgy and Bess” y “Spain”. Ya no estaba en plenitud, por eso lo llevó al trompetista Wallace Roney para que ejecutara los pasajes más álgidos que él ya no podía tocar. Cuando regresó a Estados Unidos enfermó y ya no se recuperaría más. Su cuerpo, tan maltratado pidió gancho y quizás ahí terminó de ascender la creatividad en el jazz norteamericano. Existen probabilidades de que Miles se haya llevado consigo lo poco de sorpresa que le quedaba a este lenguaje. Luego han venido decenas de grandes figuras que en rigor se asemejan a grandes técnicos más que a grandes músicos. Hoy se toca perfecto, pero se toca todo lo que ya se ha tocado antes. Vivimos la dictadura de los técnicos, pequeños monstruos insolentes con una digitación diabólica pero que no nos cuentan nada nuevo.

Si la música es “clima”, despreocupación por el vértigo de digitaciones irrepetibles, si por un instante un silencio suena más que mil acordes, si es riesgo y provocación, es Miles Davis, quien un cuarto de siglo atrás se iba llevándose ese sonido que si nunca pudimos averiguar de dónde había surgido, ese 28 de setiembre de 1991 se esfumó para siempre de la materialidad, pero nos sigue inquietando cada vez que ponemos un disco suyo a sonar.




miércoles, 5 de diciembre de 2012

Murió Dave Brubeck


Ha muerto el pianista que por lograr un éxito monumental con "Take Five" (de Paul Desmond, el saxofonista de su cuarteto) empezó a ser sospechado en cuanto a su calidad. El razonamiento era "Si vende muchos discos y tiene mucho éxito, no debe ser tan bueno"

Ha muerto el autor de "The Duke", un homenaje monumental al gran Duke Ellington




Como se puede apreciar, el elitismo bobo no tiene fronteras y abarca muchas disciplinas: Están los creen que si las masas no los registran es porque su arte es demasiado fino; están los que en política creen que si no llegan a meter un diputado es porque el pueblo no los entiende y están los pelotudos varios que creen que  lo bueno nunca puede ser masivo.

Descanse en paz maestro. 

Lo sigo escuchando cada vez con más respeto.

martes, 13 de diciembre de 2011

Perdidos en América con Frank Sinatra


Anoche se nos dio por usar el cumpleaños de Frank Sinatra para hablar un poco de su arte. Hablamos con dos personas que saben mucho de esta figura: Guillermo Fuentes Rey y Marcelo Neira, conductor este último del ya mítico programa "Tiempo de Show" junto a Silvio Baiocco

Por supuesto que también hablamos de política.










lunes, 12 de diciembre de 2011

Sinatra cantando


A Sinatra le suele suceder lo mismo que las mujeres muy bellas, la cuasi perfección por ahí les saca algo de encanto. El viejo Frank hacía todo tan bien que por momentos se tornaba obvio y perdía un poco de sabor, de nervio, de "tierra". Soy de la generación que creció escuchando "la voz" en innumerables tardes de amplitud modulada. Para mí Sinatra era como el sol, como el viento, como papá. Siempre había estado ahí. El mundo de los sonidos de mi infancia está poblado de ese gemido nocturnal de los gatos que aún hoy me desespera, el chillido del viento en las ventanas los días ventosos de agosto y setiembre, el gong de Radio El Mundo, el timbre sonando a la siesta y la voz del ordenanza del Banco Nación diciendo "Me manda el gerente a avisarle que le entró un cheque y no tiene fondos, Fernández", y la voz de Frank Sinatra en la radio. Sinatra cantando "El mundo que conocimos", Sinatra cantando "Te llevo bajo mi piel", Sinatra cantando "Dame otra oportunidad", Sinatra cantando...

Hubo de transcurrir una punta de años para que me enterase que Miles Davis ¡Miles! se inspiró en su fraseo para definir su forma de tocar la trompeta, para conocer esa historia que, sea o no verdad, es bonita de cuando Tom Jobim estaba chupando en un boliche de Río y le avisaron que tenía una llamada de parte de Frank Sinatra y fue al teléfono pensando que era una broma y efectivamente era el manager del astro que le comunicaba de su interés por grabar juntos. Si la información no me falla, las dos únicas veces que Sinatra no apareció en los créditos de un disco como "Frank Sinatra" sino como "Francis Albert Sinatra" es en los álbumes que compartió con "Edward Kennedy Ellington" y "Antonio Carlos Jobim"...

Tuvieron que transcurrir muchas lecturas y muchos discos para que le hallara una solución satisfactoria a esa suerte de dilema liminar de todo aspirante al mundo del jazz que significa entender la contradicción en apariencia irresoluble de que "Frank Sinatra nunca fue un cantante de jazz pero canto jazz como los mejores". Claro, el canto del jazz supone a la voz como un instrumento y naturalmente las canciones importan poco. Lo central es que la voz improvise notas como el saxo, la trompeta o el piano. Así se entendía el canto en el jazz, pero resulta que el jazz también tiene otros elementos constitutivos esenciales como el fraseo, la expresión, el swing y, por supuesto, el sonido, el sonido propio, identitario, el sonido como DNI, el sonido como IP en el mundo de la música, porque para hacer jazz lo principal es que el quien escuche el disco diga "ese es Parker", "Aquél otro el viejo Ben Webster"... Y bueno, en todas estas materias Sinatra se acaba un 10 felicitado, de ahí que sin haber cantado jazz en sentido del scat, el viejo Frank fue admitido en el selecto ambiente jazzero como un extranjero, si se quiere, pero dueño de un estilo y por ende un respeto sin igual.

Contra Frank Sinatra ha conspirado y mucho la sobre difusión de desafinados. Es que en realidad quizá uno pase por la vida escuchando más cantantes suburbanos en términos de afinación que gente que pone cada nota en el lugar exacto. Entonces Don Francisco queda como raro. 

Joven argentino, si tienes entre 15 y 30 años y quieres saber de qué se trata eso de cantar y tienes una computadora con banda ancha, pon YouTube y escribe en el buscador Frank Sinatra. Solito te vas a dar cuenta de muchas cosas. Es como poner "Stan Getz" si de saxos tenores se trata, "Troilo" si se busca bandoneones o Art Tatum si se trata de pianistas.

Luego, recién luego. Agradece a la naturaleza y la tecnología que hoy, en su cumpleaños 96 todavía Sinatra siga cantando.
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sábado, 8 de octubre de 2011

Educando a la rockerita...

El lunes pasado fui a visitar y conocer personalmente a Rosana Cortéz, que hace la trasnoche de la AM 750. Nos parlamos 3 horas sin parar y pusimos sólo 3 o cuatro temas musicales. La emisora levantó este fragmento que se me ocurre valioso para compartir con los lectores del blog. Saqué la primera parte porque e donde hablé de Peche y ya lo escribí y lo dije en otros post. Lo que quedó me parece interesante porque hablamos de música, del "amesentamiento" del Jazz y el Rock, y finalmente dije algunas cosas sobre el estado actual de nuestra radiofonía. Espero lo disfruten

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miércoles, 10 de agosto de 2011

Homenaje a la guitarra eléctrica


En estos días en que se está hablando mucho del cumpleaños de la guitarra eléctrica los invito a escuchar una obra maestra: La Odisea de los blues de guitarra de raíces a frutos que Quincy Jones grabó en el disco Smackwater Jack de 1971 y constituye, creo, una de las piezas más ilustrativas de la historia del instrumento. Los que tocan acá la viola son nada menos que Jim Hall, Eric Gale, Toots Thielemans y Joe Beck.

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miércoles, 24 de noviembre de 2010

Francis Albert Sinatra y Antonio Carlos Jobim



Diego Fischerman cuenta hoy en Página/12 que se han reeditado todas las grabaciones de Frank Sinatra con Antonio Carlos Jobim.
Una cosa golda pero de verdad...
La admiración de Sinatra por Jobim hizo que en ese primer volumen, con la tremenda orquesta de Ogerman, en los créditos el viejo Frank usara por única vez su nombre completo como homenaje al gran Tom de Brasil.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Día de la música

Uno de los mejores momentos sexuales de mi vida lo tuve mientras sonaba "cualquier color que te guste" de "El Lado oscuro de la luna".


La canción más triste que escuché en mi vida fue "vestida de novia". Me la cantaba Palito Ortega todas las tardes cuando mamá me bañaba y me ponía la ropita de salir para que yo anduviera en la vereda sólo después de que pasara el camión regador porque si no, no quieras saber el barrial que se hacía. Y en la propaladora Palito cantaba "Y te vas, al cielo vestida de novia te vas / y un coro muy triste de ángeles entona la marcha nupcial". Hasta que fui medio grandecito creía que la que había muerto era una chica del pueblo que yo había visto vestida como novia.



En un baile memorable del Club "Los Ranqueles" de Catriló vi en vivo a Los Iracundos con su formación original. Me puse debajo del micófono y Eduardo Franco cantó para mí "Va cayendo una lágrima", "Puerto Mont" "La plaga" y todos sus éxitos.



El impacto de esa noche sólo fue superado en 1992 cuando en el Gimnasio de Obras Sanitarias apareció Ron Carter tirando el solito de su inmenso contrabajo, junto a Herbie Hancock. Wayne Shorter, Tony Williams y Walace Rodney.



El otro día volví a escuchar "Al ponerse el sol" de Raphael y recordé con una fidelidad asombrosa la casa donde nací y viví hasta que me vine a Buenos Aires. ubiqué con exacta precisión cada una de las goteras, escuché a papá con la máquina de flit, apareció de nuevo ese póster de Virna Lisi que había pegado en la pared mi hermano. Raphael cantaba y me veía en ese campo choreando cabezas de girasol con mi viejo, que luego me enseñó a tostarlo en la plancha de hacer los churrascos.


Cuando debuté como Disc Jockey, a los 14 años en "Sirucho's", el boliche de mi pueblo, puse como tema "movido" "América" de Paul Simon en versión de Yes. La muchachada se cruzó de brazos en la pista y subió el Ruso a las puteadas  que manoteó "El toro enamorado de la luna" de Industria Nacional y me armó la pila para que pasara con "El cumbanchero" y otras perlitas un poco menos sinfónicas...




Mi esposa incurrió en el error de muchas las minas que siguen sin aprender que nunca hay que decirle al tipo que están conociendo que les gusta el jazz. Pobre... yo andaba como loco con la versión de The Duke que grabó Irakere en el Ronnie Scott de Londres y se la hice escuchar, primero sin cortes (dura 19 minutos) y luego explicando meticulosamente cada parte del solo de Chucho Valdés.





Mis hijos se divierten viendo cómo llevo el ritmo con el pie cuando escucho música , muevo levemente el cuerpo y exclamo de de vez en cuando un "Saborrrrr" "Esaaa" o cositas por el estilo. Es que no concibo otra forma de escuchar si no es poniendo el cuerpo.

Cuando me enfermé mal de jazz (estuve internado más de un año) casi perdí a mis amigos de entonces. De un día para otros me parecía que había que romper todos los discos de rock, por ejemplo. El jazz genera una adicción medio autista que te saca del mundo normal. Hay dos cosas que te pueden alejar para siempre de la vida en sociedad: El jazz y el Ajedrez, definitivamente. Si llega a coincidir que por ejemplo estás incursionando en el aprendizaje de la Variante Najdorf  de la Defensa Siciliana y justo empezás a escuchar a Thelonious Monk, lo más probable es que te pase por arriba el tren o un 60 porque flotás por las calles de la ciudad pensando y repensando en la estratégica casilla D6 y en la lógica del solo de Thelonious en "Epistrophy".



He pasado largas horas escuchando música con Raúl Carnota; he escuchado bateristas con Néstor Astarita y discutido sobre cantantes con Marián Farías Gómez. Entrevisté varias veces al Chango, le hice una nota inolvidable a Dori Caymmi y una tarde en el galpón que tenía en su casa Verónica Condomí al verlo a Javier Mallosetti boludear con un Cuatro venezolano destartalado le dí la orden marcial "So what" que fue acatada con disciplina militar por Javier que al toque empezó "To ton to ton to to to to Paamm pam / to ton to ton to to to to Pamm pam"


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viernes, 2 de abril de 2010

Alma y Vida

Cuando en la segunda parte de la década del sesenta Leonardo Favio paró con la música para ponerse a filmar Juan Moreira, su banda operativa se transformó en Alma y Vida, uno de los experimentos más singulares y sólidos de la historia del rock hecho en argentina (que nunca me pareció merecer el mote de "nacional", pero esa es otra historia)

Habían descubierto en Montevideo aquél album de Blood Sweat & Tears que traían temas como "La Rueca" y "Me hiciste tan feliz" y la llave térmica de sus cabezas había saltado por aires.

(Click acá para seguir leyendo)



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lunes, 29 de septiembre de 2008

"Efecto Jazz": Cómo desafina Martín Caparrós


Han pasado ya algunos días de la publicación de esta nota donde el periodista Martín Caparrós le pide a nuestra presidenta que no se meta con el jazz pues considera que la figura utilizada por la primera mandataria es una gran equivocación ya que, siempre según él, no se puede relacionar a esta música surgida en los arrabales de la sufrida comunidad negra con la explosión de la “economía más central y dominante del planeta”
La verdad es que si de buscar un parangón con la crisis financiera de Estados Unidos se trata, la definición de nuestra presidenta es sencillamente perfecta.
Ya se ha dicho mucho antes que el Jazz es quizá el aporte más importante (el único, sostienen algunos) de Estados Unidos a la humanidad y no nos engañemos: Independientemente de coincidir mucho poquito o nada con Cristina es incontestable que cuando decimos Jazz pensamos en Estados Unidos, así como si decimos Flamenco pensamos en España, si hablamos de Bossa Nova nos figuramos Brasil, si mentamos el Son naturalmente pensamos en Cuba y, sin ir más lejos, toda vez que hablamos de Tango pensamos en Argentina, aunque les duela a los hermanos orientales.
Pero hay más pulpa en esta certera caracterización de Cristina y es cuando ella hace mención a una crisis que estalla en el centro del poder financiero internacional y se expande a la periferia. El Jazz norteamericano siguió ese camino desde su nacimiento, irradiando su potencia desde Estados Unidos al resto del mundo, y sin proponérselo aún en nuestros días sigue siendo la referencia central para todos los músicos que hacen jazz sobre la tierra. Hoy cualquier músico de Europa o la periferia quiere tocar la trompeta como Winton Marsalis, la batería como Dave Weckl y la guitarra como Pat Metheny. Y ni hablar de lo que ha ocurrido en las décadas pasadas donde las referencias para los saxofonistas de cualquier parte del orbe fueron norteamericanos como Lester Young, Coleman Hawkins, Charlie Parker, John Coltrane, Sonny Rollins o Stan Getz. Donde cualquier trompetista siempre quiso tocar como Dizzy Gillespie o Miles Davis. Donde los referentes de los bajistas fueron Jimmy Blanton, Ray Brown o Ron Carter y así sucesivamente en todos los instrumentos, mientras que en lo conceptual, todos los directores de Big Bands abrevaron siempre en el gran Count Basie o en el inconmensurable Duke Ellington y muchos arregladores siguieron los pasos de Gil Evans.
Es cierto que el jazz tiene una innegable impronta negra. Es cierto que muchos de sus genios fueron muy maltratados –quizá los casos del pianista Bud Powell y del monumental saxofonista tenor Lester Young sean los más extremos- pero esto no invalida que como movimiento artístico, el Jazz es innegablemente norteamericano.
Cuando Caparrós describe los problemas de los músicos negros da en la tecla, o toca la nota justa, por decirlo de manera musical. Pero hiere los oídos con una desafinación de principiante cuando no visualiza que esa es una de las tantas contradicciones internas de la gran potencia del norte que no invalidan lo que el Jazz significa para afuera.
El Jazz es rebelde y revolucionario, pero más respecto de la música clásica europea que del capitalismo. El jazz es revolucionario en lo artístico y conlleva la paradoja de que muchas de sus grandes figuras fueron muy transgresoras en materia musical y muy conservadoras en su vida ciudadana. Pero no por ello deja de ser un producto típicamente norteamericano que luego se derramó por el mundo en algunos casos como modelo a imitar y en otros como lenguaje, como forma de abordar el hecho artístico con la mayor libertad posible.
Si será norteamericano que hasta la revolución cubana prohibió tocar jazz en sus primeros años, incurriendo en un error colosal que por supuesto corrigió con el paso del tiempo. Por eso la primera gran agrupación de jazz que surgió durante la revolución, allá por 1967 en la isla se llamó “Orquesta cubana de música moderna” de la que saldrían los músicos como Chucho Valdés, paquito D’Rivera, Carlos Emilio Morales, entre otros, que luego crearían Irakere, el grupo de jazz cubano más importante de las décadas posteriores. Aquél nombre -OCMM- surgió por la prohibición que existía de usar la palabra “jazz”, por considerarla imperialista...
Y ,por supuesto, el jazz no es exclusividad de los negros porque hubo y hay figuras rutilantes blancas como Gerry Mulligan, Stan Getz, Gary Burton, Chick Corea, Benny Goodman, Gene Krupa, Glenn Miller, Stan Kenton, Chet Baker y tantos más. Incluso el mismísimo Miles Davis cometió el error de afirmar que él podría determinar a ciegas que el sonido de los músicos negros se diferenciaba del de los blancos. El crítico Leonard Feather lo desafió y por supuesto Miles pasó un gran papelón. Feather lo sentó en una habitación de espaldas, le fue haciendo escuchar decenas de músicos y Miles tenía que decir “Blanco” o “Negro”. El resultado fue demoledor para Miles, que tuvo que reconocer a regañadientes que su teoría había quedado hecha pedazos.
Si bien el jazz norteamericano procesó en su interior las contradicciones raciales de los Estados Unidos, bueno es reconocer también que ni Miles Davis, ni Louis Armstrong, Duke Ellington o en la actualidad Winton Marsalis renegaron de ser norteamericanos. De ahí que vincular al jazz con ese país, como lo hizo Cristina, es absolutamente pertinente y preciso.
La constante se repite sin cesar: Todo lo que haga o diga Cristina debe ser desacreditado.
Aunque tenga razón

jueves, 1 de noviembre de 2007

César Pradines desafina


Hace unos meses el pianista Jorge Navarro publicó una solicitada respondiendo a una crítica realizada por César Pradines, el encargado de cubrir la actividad vinculada al Jazz del diario La Nación. En un comienzo pensé que un músico de la talla de “Pampero” no debía entrar en ese terreno pues su trayectoria vale mucho más que unas pocas líneas nacidas de la ignorancia de un escriba a sueldo. Pero luego, cuando me interioricé comprobé que la ira de Navarro era harto justificada y que no era mas que la consecuencia de largos entredichos entre el ambiente del Jazz y el periodista. Lo concreto es que el hombre de La Nación, preso de sus rústicos conocimientos en la materia, había tratado muy mal a Navarro en una crónica de un recital donde el pianista tocó con el combo del saxofonista norteamericano James Moody.

La solicitada puso sobre el tapete una sorda discusión que se viene librando en el ambiente jazzero de Buenos Aires. Siendo La Nación el diario que tiene el suplemento de Espectáculos mas completo, incluyendo un muy buen espacio dedicado al Jazz, su importancia en el ambiente musical no es desdeñable. En este contexto la figura de Pradines comenzó a ser objeto de muchos dimes y diretes. Que si presencia efectivamente todos los espectáculos sobre los que escribe; que si verdaderamente “escucha” dado que en ciertos lugares se lo ve disfrutar en demasía de la comida sin dar muestras de interés por la música que en ese preciso instante se está ejecutando...Lo concreto, mas allá de estas cuestiones, es que el Jazz, que tiene una larguísima y riquísima tradición en nuestro país y por ende cuenta con una pléyade de amantes con sólidos conocimientos, no es una materia para “tocar de oído cuando se es un poco sordo”, afección que parece sufrir este periodista que la pifia cada dos por tres: Puede escribir impunemente que el legendario pianista de Latin jazz Eddie Palmieri es “Saxofonista”, o llamar al gran pianista Thad Jones como “That” y tantísimas bestialidades por el estilo.
Así las cosas, se empezó a generar una corriente de opinión realmente importante en su contra y lo novedoso es que haya cobrado tanta fuerza. Si hasta se creó un blog donde diariamente los fanáticos desenmascaran uno a uno los yerros del periodista en cuestión.
Claro, quizá esto no sucedió tiempo atrás pues no existían instrumentos de comunicación como los que tenemos ahora. Habría que ver si en la historia del Jazz en Argentina algún crítico logró cosechar tantas broncas, o definitivamente habría que investigar si en la historia del periodismo escrito en nuestra tierra algún diario importante tuvo como especialista en Jazz a un periodista tan poco instruido.
No se han generado, sin ir mas lejos, blogs que critiquen a especialistas como Diego Fischerman, de Página/12 o Federico Monjeau, de Clarín.
Otro aspecto que no deja de llamar la atención es que el diario no haya tomado alguna medida al respecto dado que las falencias de Pradines son verdaderamente fabulosas. Estaría bueno que, ya que se le brinda un buen espacio al Jazz, no se lo maltrate tanto.

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