domingo 4 de enero de 2009

La estrategia del miedo


La hipótesis de que este año será muy conflictivo en lo político ya la hemos lanzado en este blog. La idea es que hay sectores de la oposición que buscarán enrarecer el clima tratando de instalar la sensación de que “Esta gente se tiene que ir para que todo vuelva a la normalidad”. La “normalidad “, ya sabemos es la que imperó en los dos gobiernos menemistas, en la siesta aliancista y en el interregno de “El que depositó dólares, recibirá dólares”
La normalidad son las patronales agropecuarias digitando el Secretario a Agricultura y Ganadería, la Iglesia poniendo el Ministro de Educación y así sucesivamente las corporaciones van encargándose cada una de su área específica.
Esa “normalidad” ha sido cuestionada por el gobierno que encabezó Néstor Kirchner y por el actual. El intento kirchnerista de revitalizar aunque sea tenuemente el rol del Estado es visto desde el poder real como una herejía que merece el peor de los castigos. Entonces operan en consecuencia.
Pero tienen algunos problemas, por caso los grandes inconvenientes del entramado opositor para construir una alternativa electoral que golpee duramente al gobierno en las elecciones de octubre próximo. Si bien todo indica que se están dando pasos inteligentes en la articulación de un espacio electoral lo más amplio posible, aparecen contradicciones que por momentos parecen insalvables, como por ejemplo el intento de sumar al macrismo porteño a la Alianza 2.0. Si el mismísimo Hermes Binner declaró sin sonrojarse a la revista 23 hace 15 días que con Carrió no va a ningún lado, no sorprendería el tamaño del portazo que los socialistas darían si la chaqueña siguiera explorando algún entendimiento con el PRO. Dicen por ahí que lo que busca la desaforada líder colisionada es trabajar sobre el sector de Michetti, pero esto no pariera trascender lo meramente especulativo.
Por otro lado son durísimos los cruces entre la blonda denunciadora y el garante de Banfield. Edgardo Mocca nos estremece hoy en Página/12 cuando escribe:

“en estos días Elisa Carrió distribuyó a diestra y siniestra por varios medios de comunicación la versión de que en los días posteriores a la derrota en el Senado del proyecto gubernamental de retenciones móviles, Duhalde intentó usar al vicepresidente Cobos en una jugada golpista. Llama la atención que semejante denuncia haya pasado casi sin comentarios periodísticos: no extraña la indiferencia entre los más enconados contra el Gobierno pero en términos más generales parece que el estilo desaforado de la líder de la Coalición Cívica ha terminado por insensibilizarnos ante los rumores desestabilizadores. Quienes atribuyen la afirmación de “climas destituyentes” a una obsesión “conspirativa” harían muy bien en pedirle a la ex diputada más detalles sobre su estremecedora denuncia.”

La verdad, mete miedo. Como también asusta esta nota de Susana Viau en Crítica, básicamente cuando leemos:

“Llamó la atención la dureza de Blejer, quien sostuvo que no hay posibilidad de que no se produzca una colisión en los próximos 90 días: Ferreres, por su lado, prevé el desarrollo del conflicto social con secuelas de violencia callejera y, para mal de males, sin conducción. Sin D’Elía, el Gobierno no puede manejar la calle, dicen.”

Si a esto sumamos declaraciones de la semana pasada del presidente de la Federación Agraria, barajando la posibilidad de futuros muertos como consecuencia del conflicto en ciernes, tenemos un panorama verdaderamente preocupante y volvemos a ratificar la certeza de que la disputa no se va a dar en las urnas porque saben que las posibilidades opositoras son escasas. Por más que se enojen muchos, los movimientos electorales llevan su tiempo y nunca una fuerza pierde en dos años más de la mitad de los votos, así como nunca una fuerza opositora logra duplicar sus propios números en ese lapso.
Por otra parte, de no enhebrarse una alternativa electoral de fuste, muchos votos no van a tener adonde ir y si además pensamos en que hay una franja muy amplia que aún a desgano seguirá votando oficialismo pues es lo único que hasta ahora garantiza gobierno, el panorama electoral para el espacio opositor se enturbia aún más. Es interesantísimo lo que al respecto dice Enrique Zuleta Puceiro:


“La pregunta por la “imagen” del Gobierno no conduce, en las democracias actuales, a un análisis útil para entender la situación electoral y sus posibles proyecciones para el año que comienza. En la actualidad, los estudios electorales utilizan conceptos e indicadores mucho más precisos como, por ejemplo, los referidos a apoyos políticos (political support), a desempeño (performance) o, por supuesto, intención y tendencia de voto. Los apoyos con que cuenta un gobierno poco tienen que ver muchas veces con la “imagen” que se tenga de los jefes de Estado o incluso con la evaluación de desempeño en la función. Ello explica el desempeño electoral de figuras como las de la mayor parte de los presidentes de América latina, casi todos los jefes de gobierno en Europa oriental o los de países democráticos importantes como Francia, Alemania, España o Italia, sin hablar de casos casi de manual como los de Putin o Chávez. Para entender la situación de Cristina Kirchner estas precisiones son fundamentales. Desde el punto de vista de sus apoyos, éstos se han mantenido estables durante todo el año, oscilando entre 60 y 63 por ciento. Lejos, por supuesto, del 72 por ciento con que inauguró su gestión, heredados de la situación de Néstor Kirchner y perdidos entre enero y febrero del 2008. En lo sustancial, este nivel de apoyos no va variar y será uno de los datos políticos más importantes para interpretar la política de los próximos años. Ningún otro líder político, oficialista u opositor logrará capitalizar esta nueva pauta de actitudes y preferencias sociales. La gente cree que la crisis desborda a la política y no le pide a la política más de lo que la política puede razonablemente hacer.”

Pensemos, a modo de ejemplo en lo que sucederá en Capital: Siendo la gestión de Macri una vergüenza, quienes lo votaron lo volverán a acompañar, entre otras cosas porque enfrente no hay nada sólido.

Este contexto preelectoral anuncia, entonces, que pese a perder votos es muy difícil que el oficialismo sea derrotado con todo lo que ello implica. De ahí que se están observando movimientos extraños que tienen el común denominador de enrarecer el ambiente. Ya ha habido algunos chispazos en esa dirección sobre fin de año en la zona de Moreno donde se instó a grupos de desesperados a saquear supermercados, pero estos focos no prosperaron.
El gobierno tendrá que tener un timming especial para no pisar el palito. Comenzarán a tenderse trampas por doquier buscando generar grandes incendios. Hay que estar más atentos que nunca.
La idea de ciertas usinas opositoras es que el resultado electoral sea profundamente infiltrado por el miedo de vastos sectores de la sociedad. Miedo al caos, a los cortes de ruta, al conflicto, y por ende un deseo de paz y normalidad, de la que hablamos más arriba.

25 comentarios:

Anónimo dijo...

Miedo, lo que se dice miedo, me da pagar la cuenta cada vez qwue voy al Coto. Es de terror!

Anónimo dijo...

Que suerte que está Página 12 para abrirnos los ojos!! Ese sí que es un medio 100 por 100 objetivo!!

Dios mío...

Anónimo dijo...

SOS UN OFICIALISTA ASQUEROSO

Tagarna dijo...

Que raro che! Todos unos Anónimos asquerosos...

Anónimo dijo...

Me hago cargo del primer comentario, los otros son anónimos no identificados (ANI)

repito que me da miedo lo que se paga en Argentina para tener lo básico.

Algún Nadie

el grito primal dijo...

Concuerdo con tu análisis Gerardo. Es bien acertado.
saludos.

guille dijo...

Gerardo ,vos tenes lectores ,digamos ,variopintos ,pero algunos anonimos los inventas ,no me jodas...

Anónimo dijo...

Gerardo es un invento de Nestor para seducir a la clase media de Belgrano.

Gerardo Fernández dijo...

¡PAREN MUCHACHOS!!!
Entre Guille que sospecha que invento anónimos y este nadie que sostiene que soy un invento de Néstor para seducir a la clase media de Beñgrano , me van a matar...
jaaaa jaaaaaaaa

EL HIPPIE VIEJO dijo...

Estoy de acuerdo con su análisis de situación Gerardo.
Es muy interesante lo que dice
Enrique Zuleta Puceiro.

Muchos saludos!

venturita dijo...

Quisiera tener las certezas que vos tenés. Ya sabés quien gana, quien pierde, todo. Citar a Zuleta, un saltimbaqui escuestológico digno del nivel de credibilidad de Analía del Franco, a su vez citado en P12 ... Y bué, si querés creerles, creeles. Te doy un consejo hermano, bajate pronto de este barco ...

Gerardo Fernández dijo...

¿Por qué ge de bajar del barco, Venturita?
No hermano, las que se bajan de los barcos son las ratas, las mismas que dan esos consejos

Anónimo dijo...

Estoy siguiendo a estos tipos, que son financiados por la UE:

http://www.leap2020.eu/Espanol_r53.html

Una perlita de estos muchachos:
"En marzo de 2009, cuando conjuntamente los administradores de los fondos de pensión, los jubilados y los gobiernos tomen conciencia que finalmente la crisis está allí, coincidiendo con la llegada de los « babyboomers » a la edad de jubilación y que los mercados tienen pocas posibilidades de llegar a los sus niveles de 2007 por muchos años, se generará el caos en este sector y los gobiernos estarán cada vez más obligados a intervenir nacionalizando todos estos fondos. Argentina, que ya tomó esta decisión, hace unos meses, aparecerá como un precursor."

Falta que me digan que NK copó a la UE.

Lic. Baleno dijo...

El retoterrorismo. El terrorismo retorico es lo unico que les quedo. Hay que ver si son imposturas o detras de ellos hay algo que se va a mover para obtener los muertos que Buzzi predice.
Como siempre, hay que estar muy atento.

KIKESANCHEZ dijo...

Algun nadie...todo es muy sencillo....para evitar el miedo no vayas a coto , estan los mercaditos chinos...

Y dejà internet de lado...es muyyy carooo.

KIKESANCHEZ dijo...

Algun nadie , disculpà mi atrevimiento por los concejos , lo que pasa es que no me gusta ver a la gente sufrir. Hablando de supermercados...yo voy a Disco y la verdad que los precios estan planchados. Interesante.

Hay unas señoras mayores por aqui que la otra tarde ...me decian : "La verdad Kike es que tengo mucho miedo por la inseguridad , tengo terror". y les respondi...señorasss esto es muy facil ; No salgan a la calle , quedense en sus casitas que para las compras existe el Delivery. Sencillito.

Pd -. Es el mejor antidoto para el sinfrome Clarin Clarin !!!

Anónimo dijo...

Los mercaditos chinos son apenas mas baratos.
Lo caro es el país.
Cuanto sale sostener una familia tipo en Argentina?
Cuanto gastás vos?

algun nadie

leandro dijo...

veo q van aprendiendo...

hace unas semanas postee aqui mismo,ante lo histericos q los vi por algunas boludeces q decia la gordi...y q la palabrita "desestabilizacion" la tienen a flor de labios...

"muchachos:cuando empiecen los saqueos en el conurbano...ahi...a poner las barbas en remojo"...

carrio,buzzi,de angelis etc...son pura chachara...los ponen en foco para la "gilada" digamos...

ustedes saben mejor q nadie,q su verdadero TEMOR es duhalde...ustedes saben q el aparato duhaldista esta durmiendo la siestita...q el cabezon hace un par de llamaditos y a los 2 minutos tienen a los "brigadistas" incitando a los saqueos y al bardo generalizado...y ahi si te quiero ver...agarrate catalina¡¡¡¡

no se q edad tendran ustedes,pero yo me acuerdo muy bien del "modus operandi" del 2001...vi en vivo y en directo como los muchachones bajaban de una camioneta y empezaron a reventar una polleria aca cerca de casa...y como una vez rota la persiana y cuando la gente empezo a saquear...los muchachos se subieron a la camioneta y se fueron a proseguir su "trabajo" a otra parte...

ahhh...tb quisieron reventar un supermercadito chino q quedaba a una cuadra...pero se enteraron q los chinitos estaban todos calzados y q al primero q asomara la cabecita...lo iban a bajar... (estos orientales son de pocas pulgas segun parece)

es un poco raro todo esto...por q al ser todos peronistas...deberian poder tranzar como hacen habitualmente...peeero...el tema esta en q si el cabezon se quiere tomar revancha por el ninguneo q el kirchnerismo lo sometio desde el 2003 a esta parte...

ya sabemos q la tranza es su fuerte...pero cuando se tienen rencor entre ustedes...mmmm...hasta q la sangre no llega al rio,no paran...

con respecto al 2009...el tema no es si "ganan" o "pierden" en los porcentajes...(ante una oposicion dispersa,es muy probable q ganen) el tema es si conservan la mayoria en diputados y senadores...si pierden la mayoria en algunas de las camaras...habran "perdido"...asi de simple...

se habla de el "poder real"...y como este poder se enoja ante el "nuevo rol del estado" kirchnerista...mmmm....q yo sepa el "poder real" hacia muy buenos negocios con el "estado estatista" de la decada del 70' y del 80'...si no...lean algo sobre "la patria contratista" de esa epoca...

cuando uno ve como se prolongaron los contratos petroleros a multinacionales durante el gobierno del nestor...como se "proteje" los negocios mineros durante el gobierno de cristina...o como el negocio del juego va viento en popa de la manos de cristobal lopez y sus "amigos" en la altas esferas...o como el "rey de la soja" el agro-empresario grobocopatel tiene fluidos contactos con el poder kirchnerista...mmmmm...yo creo q,una parte por lo menos, del "poder real" esta muy conteto con ustedes los kirchneristas...estan haciendo un muy buen "trabajo"...

ahh una ultima cosita...al "poder real" no le importa un estado privatista o estatista...hace negociados con ambos...lo q si le molestaria,y mucho...es un estado q CONTROLE...y eso el kirchnerismo nunca lo hizo,ni creo q lo vaya a hacer...

en fin...es lo q hay...

P.D: y viste nestor,tanto querer poner "de rodillas" a medio mundo...q ojala puedas convencer a duhalde...por q si no,te aconsejo q vayas comprando unas buenas y comodas rodilleras...jejeje

Anónimo dijo...

y haciéntote buches con algo....dicen que es doblemente cabezòn.

Anónimo dijo...

Kikesánchez es un gran generador de estrategias de negación.
Por algo es kirchnerista, no?

venturita dijo...

Te aviso que gran parte de las ratas van en tu mismo barco. El problema Gerardo, no es si sos o no valiente para subir o quedarte en el barco. No es tu valentía y lealtades personales lo que esta en juego. Lo que te digo que los que timonean ese barco son unas basuras que te están engañando. Ahora que se acabó el viento de cola los quiero ver.

jordan shoes dijo...

Very good!

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Cristina dijo...

No hay institucionalidad: tenemos un presidente de faKto y a nadie le preocupa demasiado. ¿Por qué nos debería alarmar tus teorías conspirativas?

www.jsfishnet.com dijo...

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QUEMÁ ESAS CARTAS

REFLEXIONES SOBRE LA DERROTA
por Raúl Degrossi

Intentar una lectura de los resultados electorales del domingo 28 no es tarea fácil, cuando además resulta obvio que no hay justamente “una” lectura posible (como ésta que sigue) sino muchas, y cuando además involucra tanto desentrañar como se llega a esos resultados, como que se puede esperar que suceda a partir de ellos.
Lo primero que hay que decir (aunque pueda no ser lo primero que salta a la vista al analizar la elección) es que la derrota sufrida por el kirchnerismo (mas rotunda por su extensión geográfica que por las cifras en sí, con el hecho trascendente de la elección en la provincia de Buenos Aires), expuso en toda su claridad los límites y las falencias de su construcción política; tanto por la metodología con que edificó esa construcción todos estos años, como por los reales y concretos apoyos de que dispuso para afrontar el desafío, que incluso pudieron no ser todos aquellos con los que en teoría contaba.
No me parece que a esta altura tenga mucho sentido detenerse a pensar si Kirchner pudo intentar construir una estructura política de apoyo de otro modo (salvo como ejercicio de autocrítica para plantearse medios alternativos a futuro), o si hizo lo que pudo con los elementos que tenía a la mano. En mi caso particular, creo que hubo un poco de cada cosa.
Lo cierto es que si bien los epitafios en política no pocas veces suelen ser provisorios, las elecciones del domingo marcan el final del kirchnerismo tal como lo conocimos: una tendencia política de centroizquierda con capacidad de liderazgo político hacia el interior del peronismo, en sintonía (durante un cierto tiempo) con el humor social dominante y en condiciones de liderar sectores políticos y de opinión con el mismo componente ideológico que no se sienten representados ni contenidos en las estructuras del PJ; todo eso simultáneamente y produciendo la resultante de fuerzas que le permitió marcar la agenda política argentina desde el 2003.
Habrá que decir que el desmontaje de toda esa construcción fue resultado de errores propios (algunos graves) de conducción política y de transformaciones rotundas del modo de pensar, sentir y actuar de muchos sectores sociales, de los cuales el kirchnerismo (y esto también es un error importante en política) tampoco tomó debida cuenta.
Y no se trata de adscribir al simplismo de “escuchar a la gente” y en el camino dejar de lado las convicciones o el relato ideológico en el que se asienta la práctica política; sino simplemente de reconocer adecuadamente el terreno en el que se pisa para ajustar los medios en busca de los que sean mejores para conseguir los fines en el momento, adecuar las formas para garantizar el fondo de las políticas y no dilapidar torpemente, por cuestiones adjetivas, capital político construido a partir de concreciones sustantivas.
Se ha dicho hasta el cansancio que los Kirchner comunican muy mal lo que hacen desde el gobierno y es probable que así sea; lo que parece claro es que tampoco puertas adentro tomaron cabal conciencia que, aun emprendiendo reformas que muchos no dudaron en tildar de tibias e insuficientes, estaban generándose enemigos importantes sin gestar paralelamente una estructura política consistente de apoyo para enfrentarlos (esto fue particularmente visible en el conflicto agropecuario).
Surgido de la hecatombe institucional del 2001 y como una hechura de Duhalde para frenar a Menem, Néstor Kirchner fue abriéndose paso con determinación para construir su propio poder; pero el kirchnerismo nunca dejó de ser percibido como una anomalía por el sistema político tradicional, anomalía a la que habría que poner fin en cuanto la coyuntura diese la oportunidad de hacerlo, como se está viendo con crudeza por estos días.
No casualmente una de sus más enconadas adversarias fue Elisa Carrió, cuyo giro ideológico y de práctica política en los años kirchneristas permite percibir que, en rigor, nunca fue una expresión de recambio de la dirigencia golpeada por la crisis del 2001, sino más bien un subproducto final de su descomposición; como si la representatividad política opositora (encarnada en su figura) hubiese sido asumida por los sectores caceroleros del “que se vayan todos”, cuya gestualidad era visible bajo el ropaje del lenguaje mesiánico al que es tan afecta.
Resueltas por el kirchnerismo las reformas institucionales que podían satisfacer aspiraciones republicanas (como la depuración de la Corte menemista), en la medida en que fue perfilando un rumbo económico y social distinto al asumido como “normal” (lo que le valió los primeros cuestionamientos a su racionalidad política), las piezas del rompecabezas se fueron acomodando en un sentido transversal a los partidos, pero con el gobierno de Kirchner como divisoria de aguas del panorama político nacional.
Son de entonces los fallidos intentos kirchneristas de ampliación de su base de sustentación por afuera del peronismo, con acento en lo ideológico primero (la transversalidad) y en las estructuras concretas de poder después (la Concertación Plural), en aras de fortalecer la gobernabilidad.
Por otra parte viene bien reiterar aquí algo escrito antes de las elecciones: “Tras una tácita conformidad inicial con la recomposición de la autoridad del Estado, imprescindible para encarar el reordenamiento de la economía desmadrada (en especial en sus efectos medibles para ellos como el “corralito”), el proceso de intensa repolitización de la sociedad abierto por Kirchner a partir del 2003 activó en las clases medias mecanismos de defensa implantados en el subconsciente por su formación cultural.
Esos mecanismos no expresan ya el miedo a pauperizarse (posibilidad por otra parte improbable en un ciclo de crecimiento económico sostenido), sino el recelo contra el ascenso de los sectores populares hasta niveles de vida y consumo que, suponen desde ese imaginario, les están vedados; y lo interesante del caso es que ese límite cultural impuesto a la movilidad social es coincidente con el límite de tolerancia de los bloques dominantes a las políticas de redistribución del ingreso, coincidencia que desde luego estos habrán de utilizar en su provecho, manipulación mediática mediante.”
Esto fue particularmente perceptible en la adhesión de vastos sectores de las clases medias urbanas (muchas ya alejadas de su adhesión inicial al kichnerismo, no pocos que votaron por Cristina) al reclamo de las patronales del campo contra la resolución 125.
El tono de la protesta cacerolera de esos agitados días tuvo un fuerte sesgo ideológico, donde si bien afloraron los tradicionales dardos lanzados por esos sectores medios contra los Kirchner desde el 2003 (y contra el peronismo desde 1945), también se manifestaba la preocupación por una radicalización del proceso de cambios, más allá incluso de las intenciones y posibilidades concretas del gobierno de Cristina.
Esa fue la oportunidad que vislumbró el entramado político del sistema tradicional (desde dentro y fuera del peronismo) para adherir sin fisuras al planteo corporativo de la Mesa de Enlace, buscando fuerza social para acometer contra la “excepcionalidad” kirchnerista, en pro del retorno a la “normalidad”.
Desde entonces el gobierno y sus sostenes fueron perdiendo paulatinamente la capacidad de imponer la agenda, y puestos a sostener sus logros (muchos innegables desde una perspectiva objetiva), sus falencias comunicacionales y la endeblez de su estrategia política de acumulación de apoyos quedaron expuestas en toda su magnitud, lo que sumado a errores autoinflingidos (como la situación del Indec) fueron minando su fortaleza.
Con el resultado electoral puesto, y a partir de él, cabe conjeturar sobre el futuro inmediato no ya del kirchnerismo o del gobierno de Cristina, sino del país en su conjunto y aquí aparece una primera conclusión paradójica sobre la que habrá que volver: hoy parece más claro el panorama político de cara a las presidenciales del 2011, que el futuro inmediato de la gestión iniciada en diciembre del 2007.
La renuncia de Kirchner a la presidencia del PJ (cargo en el que nunca pareció sentirse realmente cómodo), amén de un reconocimiento al nuevo realineamiento de las fuerzas partidarias, expresa la intención de salir momentáneamente de la línea de fuego para reflexionar cual será en lo inmediato la estrategia más conveniente a seguir.
Como una muestra de que a las opciones concretas políticas que se adoptan hay que verlas con la óptica del proceso histórico, hay que recordar que la criticada “pejotización” del kirchnerismo, al par que la búsqueda de apoyo en las estructuras reales y consistentes que estaban más a la mano (luego de los intentos fallidos que ya se han descripto por ampliar sus bases de sustentación), se basó en el argumento de no regalar la estructura partidaria como aparato político con fuerte carga simbólica a adversarios enconados.
Las reacciones post electorales de estos, desde Barrionuevo a Reutemann pasando por Puerta y otros personajes célebres, parecen darle la razón a la decisión adoptada entonces, al menos en este punto, por Néstor Kirchner. Cabría imaginarse que desenlace hubiese tenido el conflicto del campo si, ante la derrota parlamentaria del gobierno, el aparato del PJ hubiese estado entonces en manos de los rivales más enconados de Kirchner.
Con toda seguridad, el gobierno no hubiera podido recuperar la iniciativa política en lo inmediato y concretar algunas realizaciones trascendentes como la estatización de Aerolíneas, la sanción del régimen de movilidad jubilatoria o la liquidación del sistema de las AFJP.
Las opciones políticas que se le presentan a Kirchner en lo inmediato, parecieran ser, por un lado, decidirse a liderar un espacio de centroizquierda por fuera del peronismo (aunque en ella confluyan dirigentes y fuerzas de ese origen), o una corriente interna del PJ con esa orientación, desde la cual tratar de influir en las políticas y planteos partidarios y (esto es más dudoso) en la selección de la candidatura presidencial del 2011.
Pero esas opciones (que vuelven a plantearle a Kirchner la disyuntiva inicial de su gobierno) no pueden ser evaluadas en un contexto puramente teórico o de afinidades personales, pues al ser el soporte político del gobierno de Cristina, tiene responsabilidades institucionales que son ajenas para los demás, y el camino que en definitivas adopte marcará los apoyos reales de ese gobierno, y estos definirán a su vez su rumbo; todo eso sin considerar lo que en uno y otro campo del espectro (progresismo de centroizquierda no peronista, y peronismo en sí) haya de encontrarse a la hora de tender puentes.
Sin negar las divergencias ideológicas entre ambos ámbitos (que resultan obvias en muchos casos), la divisoria de aguas pasa más por la actitud diferente que asumen frente a la cuestión del poder, a lo que hay que sumar que el compromiso institucional del PJ no es solo con el gobierno de Cristina (y habrá que ver en que medida lo mantienen sus diversas fracciones) , sino con las gobernaciones e intendencias que administra a lo largo y ancho del país; algo con lo que el progresismo de centroizquierda no PJ no tiene que lidiar, salvo honrosísimas excepciones que no hacen más que confirmar la regla.
Según sean los apoyos que los Kirchner encuentren para llevar adelante el tramo de gobierno que le resta a Cristina, éste puede darse una estrategia puramente defensiva tendiente a evitar la continuidad de la fuga de poder político y mantener bajo control las principales variables macroeconómicas, o (lo que hoy parece menos probable) decidir quemar las naves y avanzar con algunas de las reformas pendientes, profundizando el sentido del proceso iniciado en el 2003.
Y ante estas disyuntivas, es imperativo analizar someramente los panoramas del peronismo en su conjunto (con todo lo complejo de tal análisis), y del progresismo no PJ.
En el primer caso, hay un núcleo duro de menemismo residual que hoy parece sacar a relucir sus blasones de combatientes de primera hora contra Kirchner, en busca de autoridad para liderar la reestructuración del PJ. Este sector es a su vez el de vínculos más fluidos con la nueva derecha que representan Macri y De Narváez (Solá es un caso aparte donde el deseo de protagonismo personal agota el análisis), por lo que su intento de controlar al peronismo es obviamente para hacerlo confluir en esa dirección de cara al 2011.
Dentro de los sectores con responsabilidades institucionales, los gobernadores, los intendentes del Conurbano y la CGT tienen a su vez realidades diferentes; pues mientras los primeros deben conjugar eventuales aspiraciones personales (como Das Neves o Gioja) con la búsqueda de apoyos que las hagan viables, el sindicalismo liderado por Moyano se encuentra frente a la disyuntiva de evitar por todos los medios a su alcance que un cambio brusco en la orientación de la política económica le haga perder el terreno ganado desde el 2003.
En el caso de los gobernadores (una de las constantes del poder peronista) parece cobrar cuerpo la idea de una vuelta de tuerca “dialoguista” sobre el kirchnerismo, accediendo a algunas de las demandas de los sectores dominantes (habrá que ver cuales y en que medida) en aras a una mayor gobernabilidad, desalentando toda “fuga hacia delante” para no reeditar el escenario del conflicto agropecuario.
En esa perspectiva el componente ideológico entra en un segundo plano, supeditado a un cálculo de conveniencia o supervivencia política tratando de mantener al conjunto del peronismo contenido en el PJ como una alternativa electoral con chances reales de victoria en el 2011, mientras se acuerdan las reglas de juego para dirimir las candidaturas de entonces.
La situación en el progresismo de centroizquierda no PJ afín al kirchnerismo es más compleja, porque existen sectores que adhirieron al proceso abierto en el 2003 por sus nítidas diferencias con otras experiencias anteriores como el Frepaso (caso típico D’elía o algunos sectores de la CTA como Depetris) y con una real vocación de poder, pero que no han logrado desarrollar estructuras consistentes, que puedan contrapesar a las ya establecidas en el peronismo; en las cuales nunca se sintieron contenidos y menos luego del giro que allí pueden tomar los acontecimientos a partir de la renuncia de Kirchner a presidir el PJ.
Otros sectores se han desgajado del Frepaso, del Frente Grande e incluso han sido parte del gobierno de la Alianza o del mismo ARI (Garré, Ocaña, Conti, por poner nombres), y si las cosas en el seno del peronismo siguen como parecen evolucionar por estos días, bien pueden sentirse tentados de volver a las fuentes buscando alguna forma de testimonialidad política lejana a la lucha concreta por el poder.
El dilema de Kirchner es de hierro, porque aquéllos con los cuales pareciera tener mayor afinidad ideológica (y que por eso apoyarían una dirección hacia la profundización del modelo), carecen de estructuras consistentes para convertirse en un apoyo contundente al gobierno de Cristina; aspectos con los que sí cuentan los que (como los gobernadores) aconsejan poner el freno al proceso, y archivar el relato ideológico en espera de mejores tiempos.
Lo que estos últimos no parecen advertir cabalmente (al igual que otras expresiones del progresismo como Pino Solanas) es que la elección del 28 tuvo ganadores que no son precisamente los que se sentarán en las bancas del Congreso a partir de diciembre.
El gobierno de Cristina se verá crecientemente presionado por el bloque de poder económico (G-7, Asociación Empresaria Argentina) para ejecutar el trabajo sucio del ajuste (devaluación, suspensión de paritarias, eliminación de retenciones, liberación de las exportaciones, apertura de negociaciones con los hola outs y el Club de París, disminución del gasto público), para que quede claramente expuesta la racionalidad con que interpretan el resultado electoral, poniendo en acto y en público aquello que los vencedores del comicio admitieron a regañadientes durante la campaña, que harían en el caso de llegar al gobierno.
La impunidad discursiva de la que se le ha permitido gozar a las diferentes fracciones de la derecha política argentina (a partir de su incestuosa relación con el complejo mediático) es tal que, llegado el caso, si el gobierno de Cristina cediera en toda la línea a las presiones y adoptar el programa de sus adversarios, no sería de extrañar que éstos, ante las consecuencias económicas y sociales concretas de ese giro, en lugar de reconocerle su apertura al “diálogo” o al “consenso” (las dos palabrejas de moda), recrudecieran sus ataques diciendo que la situación ha escapado al control del gobierno, o que el programa es correcto pero fracasa por falta de confianza política.
El sistema político tradicional y el stablishment y sus instituciones más representativas desean evitar la reiteración en el futuro de otra excepcionalidad como el kirchnerismo, es decir un emergente político que escape de su control, y demuestre que está en condiciones razonables de acceder al gobierno y ejercer el poder manteniendo el control de la agenda por un buen tiempo; lo que hace que, habiéndolo vencido en las urnas, procuren propinarle una derrota simbólica tanto o más contundente que la electoral.
Por eso los sectores de la derecha peronista sueñan con un control total del PJ que les permita lanzar sobre el kirchnerismo otro anatema como el del 1º de mayo del 74’, y las diferentes vertientes del panradicalismo (reparar sobre todo en los outsiders como Cobos y Carrió y sus actitudes), buscan un nuevo vuelo en helicóptero (esta vez con pasajera k) que los redima ante la historia de sus fracasos y defecciones.
Los medios y todos los antes nombrados quizás sueñen con un “mani puliti” argentino, que obligue al kirchnerismo a pasar la mayor parte de su tiempo en los juzgados, dejando a cada paso jirones del predicamento político acumulado en sus años en el poder, repitiendo así el final de Menem.
Otros emergentes electorales con aspiraciones presidenciales que piensan en pescar a río revuelto (como Reutemann o Das Neves) deberán entender que, tanto más decidan desligar su suerte de la del gobierno de Cristina, más estarán obligados a construir una herramienta política en paralelo desde la que sustentar sus ambiciones (empresa en la cual es crucial el destino de la interna peronista), y tendrán que tener también en cuenta que el tiempo y la forma en que se cierre el mandato constitucional que vence en diciembre del 2011, estará configurando el destino político del próximo presidente.
Por eso no pocos dirigentes peronistas no kirchneristas (más de los dispuestos a admitirlo en público por estos días) han comenzado a pensar si el encumbramiento de Cobos no es un arma de doble filo para sus perspectivas a futuro; en tanto un final abrupto del gobierno de Cristina (aun con el barniz institucional de su sucesión por el vice) podría entregarle a las diferentes vertientes del radicalismo el control del proceso de transición.
Los resultados electorales arrojan como consecuencia inmediata la configuración de un mapa político totalmente corrido del centro a la derecha en todas sus variantes, desde el macrismo hasta el republicanismo pan-radical (de matiz preponderantemente balbinista si se permite la expresión), e incluso hacia el interior del peronismo hay lugar hasta para la resurrección de los despojos del menemismo.
Esto es en parte (y solo en parte) consecuencia del cambio que experimenta la sociedad en sus expectativas (el componente de ideologización explícita del voto anti K está presente pero no lo explica todo), y fundamentalmente de la actitud de la dirigencia tradicional que, aleccionada por las experiencias del 89’ y del 2001, entiende que la única forma de evitar el fantasma del golpe de mercado es adoptar una actitud amigable y componedora con las fracciones concentradas del capital.
Estas a su vez, acrecentado su poderío por el mandarinato mediático que ejercen sin complejos (lo que les permite influir sobre la carga simbólica de la sociedad, o en todo caso validarla), se sienten en condiciones de reconfigurar un sistema político a su gusto y paladar, donde existan incluso matices que le den un tinte de pluralismo que contribuya a disminuir las tensiones.
Si se repasan las opciones de hoy que se presentan como “ganadoras” o con chances de cara al 2011 (Cobos, Macri, Reutemann) se verá que hay derecha para todos los gustos, pero triunfará aquella que logre captar parte del electorado peronista, para lo que se requiere poner el pie en el aparato territorial del PJ, y decidir que hacer con la CGT moyanista (controlarla o ponerla definitivamente en la vereda de enfrente).
Esos probables ganadores del 2011, fueren quienes fueren, parecen hoy por hoy tener en claro que hay un solo programa que aplicar (paradójica vuelta al “pensamiento único” cuando las estructuras nacidas de éste crujen en todo el mundo), que no es otro que la hoja de ruta del poder real en la Argentina.
Para mayor equilibrio del sistema, las contradicciones internas al mismo se darían en temas que el propio poder real (en la intimidad obviamente) reconoce como secundarios y en algunos casos intrascendentes, como los controles republicanos, la manipulación de las estadísticas oficiales o la ética de los funcionarios (en ocuparse de esos temas el múltiple radicalismo puede prestar grandes servicios), sobre todo de los que pasaron por los gobiernos kirchneristas.
El poder verdadero no determina el voto de la ciudadanía como un designio fatalista, pero sí hace cuanto tiene a su alcance para influirlo, y siempre hará lo que crea oportuno para aprovecharlo; y esto quedó nítido en la estrella ascendente de Pino Solanas, que tuvo acogida amplísima en los medios masivos durante su campaña, en tanto y en cuanto le dio un matiz fuertemente opositor al gobierno nacional.
Esta verificación lleva a indagar sobre las posibilidades reales de crecimiento de la centroizquierda no kirchnerista hoy liderada (electoralmente al menos) por Solanas, crecimiento que parece más cerca de su techo que de su piso, si se computan dos factores: el sentir político real de vasta franjas de la ciudadanía (aspecto que deliberadamente se dejará para el final en el análisis) y las prácticas políticas de ese sector, donde el vedetismo personal, la mediatización de la política y la nula capacidad de autocrítica replican los modos de la peor derecha, al otro lado del arco político.
Esos vicios de origen que le impidieron al llamado progresismo argentino, en veinte años transcurridos desde el inicio del menemismo, construir una fuerza sólida en condiciones de disputar realmente el poder y construir agenda política desde él (por eso el kirchnerismo sedujo a buena parte de su electorado tradicional), parecen aflorar hoy en toda su magnitud a poco que, por ejemplo, se analicen las declaraciones y posturas del propio Pino Solanas inmediatamente después de las elecciones.
Ese discurso eufórico parece no registrar el verdadero humor social circundante (incluso el de parte de sus propios votantes), ni mucho menos la ofensiva reivindicatoria de sus intereses que, desde mucho antes de las elecciones, viene llevando adelante el núcleo duro del verdadero poder en la Argentina.
O en todo caso sí lo registra y elige no dar cuenta público de su hallazgo, para ubicarse cómodamente en el lugar del nuevo mapa político que se configura hacia el futuro, sin deseos (ni chances) reales de disputar el poder, y acotando su agenda a un puñado de temas simpáticos a ciertas capas del electorado o que garantizan presencia mediática (según el foco desde el que se aborden, claro), al estilo de los partidos “verdes” europeos.
Dentro de este oscuro panorama, bien harían esos sectores progresistas en entender que, si son verdaderamente tales y los anima algo más que la pura especulación electoral, deberán darse, más temprano que tarde, una necesaria estrategia de convergencia con el gobierno y con otros sectores del peronismo; si no en una agenda propositiva más ambiciosa, al menos en la defensa del núcleo duro de logros del kirchnerismo (jubilaciones públicas, movilidad de sueldos y haberes, negociación colectiva, actitud ante la protesta social, derechos humanos, política internacional); porque la realidad concreta marca (para el que la quiera ver) que muy probablemente haya que aglutinarse en defensa de lo logrado, más que construir en lo inmediato para profundizar los cambios.
Y esta constatación está ligada a otra, que es la del pensamiento real de muchos sectores de la sociedad como resultado de un largo proceso que arranca en la dictadura, se prolonga en el menemismo y llega hasta nuestros tiempos, que más que unas determinadas coordenadas ideológicas, tiene que ver con la actitud del común de la gente frente a la política.
No se trata del tópico simplista de decir que la sociedad se derechizó, sino tomar en cuenta que muchos argentinos se sienten “apolíticos” o “no políticos”, y le niegan a la política la capacidad de modificar la realidad o incidir en sus vidas cotidianas, sin percibir que esa es una forma brutal de politización, promovida por los intereses a los que les resulta funcional.
Que la Argentina sigue siendo un país injusto, con intolerables niveles de exclusión, pobreza y desigualdad es una aseveración que pocos se atreverían a discutir, al menos en público; pero si se pretende compulsar la opinión social sobre las causas de esos fenómenos, la unanimidad de opiniones comienza a ceder terreno, ni que decir si se interroga sobre los responsables de esos males y las formas de remediarlos.
Mas aun, siendo justos, cabría que nos preguntáramos para cuantos argentinos que no padecen esa exclusión, pobreza o desigualdad, el hecho de que haya compatriotas suyos que sí las sufran, resulta verdaderamente inaceptable; o cuantos hay que se sienten inclinados a hacer algo para revertir la situación, y no me refiero a la limosna o el asistencialismo.
Si se encara una tarea de repolitización de la sociedad en el sentido de plantear en la agenda pública estas cuestiones (algo que intentó el kirchenrismo en clara inferioridad de condiciones por sus propias torpezas comunicacionales y por la real situación de los medios en la Argentina), si se señalan causas y responsables, si se delinean probables mecanismos de solución al problema, a poco que los destinatarios del mensaje adviertan que esas salidas entrañan conflictos, los apoyos y en consecuencia la posibilidad de acumulación política irán disminuyendo con seguridad.
Para que la sociedad argentina sea más justa, para darles algo a los que nada o poco tienen hay que sacárselos a los que tienen mucho o todo, porque no están para nada dispuestos a entregarlo voluntariamente.
Recordar si no la postura de las patronales agrarias durante el conflicto del año pasado cuando (al igual que hoy) postulaban la eliminación de las retenciones diciendo “bueno, nosotros en el 2002 las aceptamos ante una situación excepcional porque no había otro remedio para salir de la crisis, pero ahora la cosa es distinta…”; o peor aun los planteos de dirigentes que se dicen progresistas (como Binner) en cuanto a que son una herramienta excepcional y que hay que ir dejándolas de lado paulatinamente.
Es decir que está clarísimo que para avanzar en un proceso de cambios más profundos que los que el kirchnerismo pudo lograr habría que afrontar seguramente conflictos, habría menos espacios para el “diálogo” y los “consensos”, y allí las mejores intenciones (aun de los más puros e incontaminados progresistas) chocarían de frente contra el denso muro representado por un sentido común social construído durante más de tres décadas.
Ese mismo muro impide ver en toda su magnitud la ofensiva desplegada por el neoliberalismo por la defensa de sus posiciones y la reconquista de las que debió ceder, desde antes de las elecciones y con más vigor seguramente después del resultado que arrojaron.
Y allí paradójicamente la capacidad del kirchnerismo para mantener bajo control las principales variables macroeconómicas en el medio del vendaval de la crisis internacional (a diferencia nítida de otros procesos de nuestra historia reciente), sumada a esa generalizada percepción social sobre la inocuidad de la política antes analizada, le jugaron en contra para lograr que hiciera mella en el electorado su prédica planteando la disyuntiva electoral en torno de “nosotros o el caos”.
En cambio esa misma derecha fue al encuentro de ese imaginario social con un discurso del “no discurso”, una compilación de obviedades tranquilizadoras más propias de un libro de autoayuda a lo Ari Paluch, que de un programa electoral legible en clave política.
Aunque el gobierno hubiese registrado debidamente que la sociedad ya no se sentía en deuda con los Kirchner por sus logros, y planteara metas a futuro más ambiciosas, tengo para mí que no hubiese encontrado (en vastas capas del electorado) un electorado dispuesto a escuchar el mensaje, a poco que advirtiese en el horizonte que esas metas entrañaban, necesariamente, nuevos conflictos.
Por eso a futuro (y en lo inmediato cuando menos para cerrar filas en la defensa de los avances logrados estos años) la tarea de todo dirigente que se asuma en serio como progresista, sea o no kirchenrista y cualquiera sea la actitud que haya tomado en relación al proceso iniciado en el 2003, es la reconquista del sentido común social para poder encarnar en la misma un discurso y una práctica diferenciadoras de las que vemos consolidarse a diario frente a nuestras narices.

UN COMENTARIO INGENIOSO

"Cuando se vayan vamos a privatizarles todo"
(Lo dejaron en el post "¿Se viene el zurdaje, Pino?)

EN ESTE PAIS NADIE VA PRESO

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