viernes, 23 de diciembre de 2016
sábado, 10 de diciembre de 2016
Un año ya...
Un año ya, quién lo hubiera dicho… Un año donde por sobre todo lo que significa que un hombre proveniente de la más rancia oligarquía haya sido ungido presidente por el voto popular -algo aún no debidamente analizado por su significación- nos encuentra a los argentinos en una suma de debates, de distintos órdenes, que me suenan cruciales: Una es la comprobación de que un Blanco Villegas (apellido materno del presidente) siempre va a operar para los de su clase. La otra, que el peronismo, esa fuerza otrora todopoderosa se encuentra disgregada sobremanera y sus posibilidades de confluir en un gran frente nacional anti macrista, si bien no están descartadas, costarán más de lo que se piensa. Es que ese país político con peronismo, radicalismo y fuerzas provinciales entró en una crisis profunda, ahondada por el pragmatismo de los gobernadores peronistas que, movidos por intereses provinciales, no dudan en negociar todo lo que puedan con el gobierno central para obtener réditos en el pago chico y así seguir manteniendo incólume sus estructuras de poder.
Pero lo central sigue siendo la política y su capacidad de generar nuevos escenarios de acumulación. Los asuntos económicos son importantes ¡Qué duda puede haber! pero antes están las decisiones políticas. Ese es el gran agujero que encuentra el campo popular a un año de gobierno macrista. Cristina Fernández de Kirchner ha expresado la idea del Frente Ciudadano, algo que desde la teoría es válido. El problema es que no se han generado desde su entorno pasos significativos en ese sentido puesto que sus huestes siguen siendo las mismas, sin incorporaciones ni alianzas que den la idea de que se está avanzado en la concreción de ese Frente.
El macrismo termina el año contra las cuerdas: bardeando destempladamente a Sergio Massa, su gran aliado en el año que pasó y sospechando que Emilio Monzó aspira a sentarse en el sillón de Rivadavia si el presidente fuere eyectado por un recrudecimiento de la crisis. El presidente de la HCD, dicen, cuenta con chances muy serias pues Michetti no está a la altura de las circunstancias -algo en lo que nadie desacuerda- y él es el tercero en la línea sucesoria. Esta es la foto de un gobierno carcomido por su catarata de promesas incumplidas y el consecuente recrudecimiento de la situación social, con despidos por doquier, cierre de comercios, actividad parada y, lo peor, ausencia de señales de despegue en el mediano y largo plazo.
Los medios más importantes, que son de acompañar al muerto pero jamás entrar al cementerio han advertido hace rato este clima amargo que campea en la sociedad. Saben que un país donde el vehículo más vendido en la Amarok, cuando antes eran los modelos más económicos, adquiridos por sectores que ingresaban al mercado, está marchando alocadamente a un hiper enriquecimiento de sus sectores acomodados con su consecuente paisaje de masas que ven día a día cómo pierden poder de compra hasta de artículos de primera necesidad. Un país con este álbum fotográfico tiene un futuro preocupante, fundamentalmente porque viene de una experiencia donde “la monada” mejoró su calidad de vida y estos son datos concretos, cuyo peso se torna central a la hora de medir la paciencia de las masas para con un gobierno que por encima de palabras y discursos, las detesta.
Pero no es simple analizar las fotos. En la provincia de Buenos Aires, la elevada imagen positiva de Vidal se nutre de la experiencia de 28 años con gobiernos peronistas que no hicieron las cosas del todo bien. Ante ese dato objetivo, una ancha franja de bonaerenses repite la frase simple pero no por ello despreciable, dicen “Hay que darle un tiempo a esta mujer para ver si puede hacer algo distinto, a los otros ya los conocemos” Contra eso es harto difícil pelear, es decir que pelear contra Vidal será algo extremadamente costoso, porque va a ser ella la que salga a la cancha dar la pelea.
El macrismo está en problemas, es cierto, pero en absoluto derrotado. Paradójicamente, los problemas más serios están en el campo opositor, que necesita asestarle una derrota en las legislativas para que no se fortalezca. Y en este fin de año, esa certeza se encuentra desparramada en tantos sectores y grupúsculos que, la verdad, cuesta imaginar que se pueda concretar.
La votación de la semana pasada y su resultado, producto de las coincidencias entre la mayoría de las fuerzas opositoras, hicieron brotar al presidente y su corte. Es la señal de esperanza que tenemos: o es por ahí, o se fortalece Cambiemos.
domingo, 4 de diciembre de 2016
Sobre El Vermucito
A quienes preguntan por los audios de El Vermucito les informo que he dejado el programa y por ende la subida de los audios. Tengan a bien ponerse en contacto con los compañeros que siguen haciendo el programa, que les dirán si siguen subiendo los audios, etc, etc.
sábado, 26 de noviembre de 2016
Hay que ser Fidel
Nadie esperaba que este militante del Partido Ortodoxo Cubano, a poco de tomar el control de la isla y condicionado por la obvia política exterior de los Estados Unidos, se saliera de lo normal y arreglara con la URSS, constituyéndose así en el grano de política exterior más incómodo para el gran imperio del norte. Fidel se las ingenió tanto para sortear todas las operaciones que se montaron para acabar con su vida como para mantener un intento de sociedad socialista a unas pocas millas del coloso capitalista, y lo hizo en una isla sólo dotada de la belleza natural y turística pero desafortunada y escasamente dotada desde lo productivo.
Fidel fue, ante todo, un constante llamado de atención lúcido a un mundo que no para de empeorar. El vacío que deja su partida es imposible de llenar. No se llega a ser una leyenda en vida así porque sí. En cada cubano que anda por el mundo con su título universitario vive Fidel.
Fidel nos enseñó que, así como va, la humanidad no tiene arreglo. Nos hizo entender que si una minoría tiene tanto y una mayoría tan poco, estamos estratégicamente jodidos.
Fidel hizo política como pocos y en más de una ocasión se divirtió haciendo pasar de largo las decenas de atentados contra su vida y su patria. Su mejor virtud fue, entre tantas, transmitirnos algo que pareciera estar cada día más en desuso: estoy hablando de dignidad. Hablo de dignidad en un tiempo donde lo que prevalece es la rosca, ese acuerdo que dura unos pocos días por su carácter superfluo, sólo pensado para zafar... Hablo de dignidad como concepto pero también como forma de pararse ante los otros, porque podrás ser pobre desde lo material, pero si tenés plena conciencia de quién sos y qué añorás seguramente lograras que se te respete. Y en todo esto está Fidel.
Hoy será un campeonato para ver quién escribe el texto y el Twitt más original sobre este ser fabuloso que ya estaba gobernando Cuba cuando nací, hace casi 56 años en un pueblito del oeste, pegado a La Pampa. Antes de competir, prefiero llamarte, convocarte, a pensar en el futuro de la humanidad. Me parece que ese es el homenaje más hondo que le podemos hacer a Fidel.
Si tu hijo, de 18 recién cumplidos, te mensajea a las 3:17 de la madrugada "acaba de morir Fidel Castro" es que Fidel vive como nunca
¿Como llegar a que, en el día de tu muerte, a los 90 años, se hable más de vos que de cualquier otro político contemporáneo? Hay que ser muy grande para lograrlo.
Hay que ser Fidel
jueves, 24 de noviembre de 2016
El pan dulce y la sidra no son antagónicos con la revolución
Escribe Teodoro Boot, a propósito de una nota de Roberto Caballero en Tiempo Argentino
Pasa que no pocos integrantes de ese difuso “espacio” que Caballero llama (y nosotros dejamos ahí) “kirchnerismo” han tildado su nota de “gorila”, lo que no deja de ser una paradoja. Pero ocurre que muchas veces, a falta de mejores calificativos y de voluntad de profundización y análisis, por pereza se apela al término “gorila” para referirse a algo que no nos gusta, nos repugna o suponemos surgido de las cavernas del enemigo.
Compelido a comentar la nota por el editor de Pájaro Rojo, no puedo descansar en el cómodo recurso. Es que el escrito de Caballero no me parece gorila, sino insustancial, surgido de la necesidad (artificial y caprichosa) de justificar o defender a Cristina, tan artificial y caprichosa como la de quienes pretenden que es necesario defenestrarla.
Desde luego, el escrito de Caballero es bienintencionado, pero hijo de una concepción equivocada de la revolución (porque hay que recordar que quienes bregamos por la liberación nacional y la justicia social somos revolucionarios, no kirchneristas o peronistas o hinchas de Argentinos Juniors), y en el peor, de un sistema de prejuicios liberalizquierdistas.
Dejando esto de lado, en virtud del respeto y la credibilidad básica que merece todo compañero por el hecho de estar de nuestro lado y enfrentando a los mismos enemigos, opino que es fruto de una confusión ideológica y conceptual ligada a cómo se construye (y digo construye y no “hace”) una revolución.
Como atenuante, hay que decir que la nuestra, la de los setentistas, es una generación muy influida por la teoría del foco, un absurdo que en su momento precipitó muy serios errores.
Una digresión: sospecho que el Che nunca entendió la naturaleza y los mecanismos internos de la revolución que protagonizó. Suena loco, pero parecería que fue así, ya que Fidel nunca se diferenció demasiado de Lázaro Cárdenas, Pepe Figueres, Getulio Vargas o Perón, pero tampoco se diferenció de Mao o Ho Chi Minh, que proponían tesis opuestas a las del foco: la liberación nacional no es un golpe de mano; por el contrario, se va construyendo desde el seno del pueblo, en el pueblo y con el pueblo. En consecuencia, tiene que respetar sus tiempos, y más todavía porque es necesario nuclear a los más diversos sectores sociales e intereses que a uno le sea posible nuclear, lo cual, obviamente, va en contra de cualquier clase de pureza y apuro.
En este plano, si uno se toma en serio lo que dice con buena leche pero poco tino Caballero (pues arma una mezcolanza incomprensible con lo que no puede digerir) se vuelve zonzo y suicida. Y es que su “análisis” confunde las distintas lógicas y tiempos de diferentes espacios que, no por ser diferentes, tienen por qué ser divergentes.
La reconstrucción del frente nacional transita por al menos tres espacios en los que se debe trabajar en forma simultánea: está claro (y no se entiende por qué Caballero insiste en lo que es evidente para todos como si se tratara de un punto de controversia) que el pueblo conseguirá vivir mejor, con más derechos y seguridades, si pudiéramos retomar una política nacional y popular. Nadie discute esto. Ahora bien, el modo de llegar a esto es, mientras nos dejen, electoral, lo cual exige hacer acuerdos políticos y lanzar propuestas electorales que nos permitan ir construyendo una nueva mayoría.
Pero hay otro espacio, llamémosle social, el de la protección y defensa de los derechos sociales, que también supone construir mayorías, pero se trata de mayorías diferentes, de otras mayorías. ¿Cual es el propósito de estas luchas sociales? Lo que Emilio Pérsico ejemplificó impecablemente para definir el sentido de la marcha de días pasados, y no se entiende por qué despertó tantas iras “kirchneristas”, así entre comillas. Dijo más o menos algo así como “No estamos aspirando a volver al proyecto del año pasado. Estamos peleando por un pan dulce, un pollo y una sidra”.
Ocurre que mientras vamos construyendo la mayoría política suficiente para volver a ganar las elecciones y llegar a la posibilidad de retomar un proyecto de liberación nacional, los compañeros tienen que tener su sidra y su pollo para fin de año, tienen que poder garantizar sus derechos sociales y laborales, sus derechos humanos, como el acceso a la salud, la educación y la vivienda, necesitan defenderse. Y esa, la defensiva, es la naturaleza de las organizaciones gremiales, tanto si nuclean a los trabajadores formales y se llaman “sindicatos”, como si agrupan a los informales, desempleados y marginados y en forma bastante redundante, se dan en llamar “organizaciones sociales”.
Una cosa, la lucha política, y la otra, la defensa social, van por carriles, en tiempos y según lógicas diferentes, pero no hay ninguna razón (excepto la estupidez o la traición) para considerarlas contradictorias. Al revés: son complementarias. Pero para ser complementarias, deben ser diferentes.
Aun así, la lucha política y la lucha social son insuficientes: es necesario trabajar en un tercer plano, el de la creación de una red, un sistema de contención y protección comunitaria, para amparar a nuestros compañeros en su hábitat, en su vida cotidiana, para que los muchachos no se vean tironeados entre el narco y la cana, que no pocas veces son lo mismo. En la práctica, esta construcción (así sea llevada a cabo tanto por agrupaciones políticas como por organizaciones sociales) tiene tiempos y lógicas diferentes a las de la política y las de la lucha social: son los tiempos y las necesidades de esa comunidad.
Pasa que si no entendemos que no somos un partido político, una suma de sindicatos ni un movimiento de pacotilla, algo así como una réplica berreta del falangismo o el fascismo, sino que somos (o debemos ser, o vamos siendo) un movimiento complejo, tumultuoso y contradictorio, un frente nacional, el germen, el embrión de una nueva sociedad, si no entendemos que debemos ser la nación en su ir siendo… pues no entendemos nada.
Lo otro, que si Cristina sí, que si Cristina no, es pura tontería. Hay que construir un movimiento y un frente nacional, que es un organismo vivo, lleno de tensiones y contradicciones. Y conducirá este proceso quien sea capaz de conducirlo. Si a Cristina le da la talla, nos ahorraremos mucho tiempo y sacrificios. Si no le da, mala suerte, y a llorar a la iglesia.
Enfrentamos a un auténtico Partido del Extranjero ante el que lo peor que podemos hacer es seguir creando divisiones y sembrando cizaña por celos, prejuicios, o peleas subalternas.
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Aquí la nota de Caballero
http://tiempoar.com.ar/articulo/view/62418/la-emergencia-social-y-la-emergencia-pola-tica-por-roberto-caballero
martes, 1 de noviembre de 2016
Buscando un símbolo de paz
La salida de la dictadura fue musicalizada desde el rock por canciones que, en líneas generales, eran para cortarse las venas. Visto a la distancia, quizá no podía ser de otra manera. ¿Cómo evitar que León Gieco se desgarrara con decenas de historias amargas, o que Baglietto fuera top con aquél disco "Tiempos difíciles" que traía historias como la del recluso que, salido de la cárcel vuelve a lo de Mirtha, el dramón de la pareja que pierde un bebé recién nacido, o el irrespirable clima de la previa a un suicidio de "Sobre la cuerda floja"?
Tenía 22 años cuando estalló la reapertura democrática y viví
de manera generacional la explosión rockera con mucha joda por fuera y tamaña
pena por dentro. Cantilo y Punch con "la gente del futuro" siempre me
hizo pensar. lo mismo que "En este mismo instante" o "Señora
violencia", sobre la guerra en Malvinas. Ni hablar de "la jungla
tropical", donde nos anticipaba que el tiempo por venir era de una dureza
como la que vivimos curiosamente hoy.
El rock emergió de la dictadura hecho jirones a la hora de contar
historias, y si bien todo era jolgorio entre la monada, en líneas generales lo
que se cantaba convocaba más al llanto que al pogo. No podría haber sido de
otra manera. No se pasa de la noche al mediodía sin el amanecer en el medio. El
rock salió de la noche milica como pudo, abriéndose paso entre efigies de
desaparecidos, pibes masacrados en Malvinas y censura feroz. Le costó años borrar
esas marcas, que tampoco -por suerte- pudo erradicar para siempre.
Por eso el gran y definitivo quiebre se dio con la explosión
ricotera, que sintetizó en un clic, el cierre de una etapa con el comienzo de lo
nuevo. El fervor ricotero se nutre en esencia del reconocimiento de ese pasado
de sangre que fue la dictadura y de la diaria del piberío que la yuga como
puede y donde puede. va para adelante pero nunca deja de lado de dónde viene. Ahí está el asunto.
Todo esto viene a cuento porque, escuchando a Gustavo Sylvestre
emitir "En blanco y negro Buenos Aires", por Silvina Garré, el humorista
que tiene al lado acotó "FM triste, tus peores momentos", algo que
por supuesto me arrancó una carcajada brutal pero al mismo tiempo me disparó
estas líneas. Por un instante me asombré viéndome degustar en aquellos años
canciones como estas, repletas de sabores amargos e imágenes tristes.
"Somos eso" pensé. Somos la consecuencia de un tiempo formateado por
las balas, que hemos atravesado nuestra vida buscando sólo algo de paz, como
cantaba Charly.
domingo, 30 de octubre de 2016
El Vermucito | Audio del 30-10-2016
En el programa de hoy hablamos con Roberto Digón, sobre las denuncias en el Fútbol. Una gran columna de economía de Arnaldo Bocco. Charla con el intendente de Areco, Paco Durañona, sobre lo que dejó la reunión de jefes comunales en Lobos y finalmente con Sebastián Lacunza, director del Buenos Aires Herald.
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