
El sistema presidencialista como el que rige en nuestro país tiene determinadas exigencias no debidamente escritas que son esenciales para garantizar gobernabilidad como, por ejemplo, el control por parte del oficialismo de determinadas comisiones en ambas cámaras legislativas que son consideradas esenciales para la gestión.
En los sistemas parlamentaristas la diferencia sustancial es que para garantizar gobierno hay que construir una mayoría, entonces esa mayoría es la que garantiza el poder suficiente al gobierno que sostiene y cuando ese bloque se rompe y esa mayoría deja de ser tal, cae el gobierno y cuando surja un nuevo bloque con la mitad más uno de los representantes nace un nuevo gobierno.
En los sistemas presidencialistas como el nuestro las elecciones de mitad de mandato en muchos casos habían generado desbalances perjudiciales a los oficialismos de turno que generalmente fueron subsanados con acuerdos políticos tendientes a que la fuerza que ocupaba la presidencia de la nación contara con instrumentos básicos para gobernar.
Esta parlamentarización que estamos viendo en estos días, donde fuerzas disímiles entre sí, que hasta compitieron en listas separadas, se suman unas a otras para dejar al oficialismo en minoría en la mayoría de las comisiones tanto en diputados como en senadores, está transformándose desde ya en el precedente más nefasto que tendrá un gobierno de alguna de estas fuerzas en 2011, en una suerte boomerang que impactará de lleno más temprano que tarde en el primer gobierno que no cuente con una sólida mayoría parlamentaria.
Si el radicalismo ganara las próximas elecciones presidenciales (entre las fuerzas opositoras es hoy la que mayores chances tiene de logralo) tendría un Congreso con una distribución igual o peor que la que hoy tiene el kirchnerismo. La cuenta es simple. Tendría que realizar una elección igual a la de Cristina en 2007, repitiendo incluso la ventaja de más de 20 puntos que obtuvo sobre la segunda fuerza, para llegar a tener un bloque de alrededor de 90 diputados, que es la suma de lo obtenido por el FPV en 2007 y 2009.
¿Es factible que el radicalismo obtenga una diferencia tan holgada sobre el peronismo como la que Cristina le sacó a Carrió?
Así las cosas, lo más probable es que el escenario de 2011 nos presente a un Poder Ejecutivo sin mayoría en ambas cámaras y teniendo a lo sumo como primera minoría bloques en diputados y senadores de un tamaño similar a los que hoy tiene el Frente para la Victoria. Esto obligará desde el inicio al radicalismo a negociar cada uno de los espacios generando en los hechos la posibilidad de una suerte de gobierno con bastantes elementos de coalición, algo que no está para nada mal en un diseño teórico o en realidades políticas con otras características que las nuestras, pero cuando bajamos a la realidad es probable que las cosas se compliquen. A juzgar por cómo están las cosas al interior del espectro opositor no pareciera sencillo aventurar concordancias y consensos que duren mucho más que un puñado de meses entre actores como Julio Cobos, Elisa Carrió, Mauricio Macri y peronismos provinciales como el de los hermanos Rodríguez Saa, el de Reutemann, el del salteño Romero o el mismísimo Mario das Neves. Si efectivamente les cuesta horrores consensuar en la comodidad de una postura de oposición cerril, es por lo menos preocupante imaginar cómo harán para coexistir pacíficamente en el mismo barco cuando lleguen las primeras tormentas que siempre esperan a la vuelta de la esquina a todo gobierno recién asumido.
La parlamentarización que tan alegremente auspician la UCR y fuerzas afines por estos días con el claro fin de obstaculizar la acción de gobierno seguramente será la fuente de todos los males que los acechan cuando ocupen la Casa Rosada.
No son estas palabras una amenaza, simplemente son el resultado desolador de un análisis político que está al alcance de cualquier persona que se ponga a pensar en la perspectiva política que tiene por delante nuestro país.
Creo honestamente que esta ruptura de códigos que se ha consumado, que esta disposición de avasallar a la primera minoría sumando pequeños bloques y monobloques tendrá consecuencias devastadoras para futuros gobiernos que no cuenten con mayorías parlamentarias holgadas.
Dice un aviso de tránsito “Si se puede evitar no es accidente”. Lamentablemente todo indica que a partir de lo que se decida hoy en el Senado el país político queda como un vehículo lanzado a gran velocidad sin ningún tipo de control con la consecuencia grave de que adentro vamos todos.
En los sistemas parlamentaristas la diferencia sustancial es que para garantizar gobierno hay que construir una mayoría, entonces esa mayoría es la que garantiza el poder suficiente al gobierno que sostiene y cuando ese bloque se rompe y esa mayoría deja de ser tal, cae el gobierno y cuando surja un nuevo bloque con la mitad más uno de los representantes nace un nuevo gobierno.
En los sistemas presidencialistas como el nuestro las elecciones de mitad de mandato en muchos casos habían generado desbalances perjudiciales a los oficialismos de turno que generalmente fueron subsanados con acuerdos políticos tendientes a que la fuerza que ocupaba la presidencia de la nación contara con instrumentos básicos para gobernar.
Esta parlamentarización que estamos viendo en estos días, donde fuerzas disímiles entre sí, que hasta compitieron en listas separadas, se suman unas a otras para dejar al oficialismo en minoría en la mayoría de las comisiones tanto en diputados como en senadores, está transformándose desde ya en el precedente más nefasto que tendrá un gobierno de alguna de estas fuerzas en 2011, en una suerte boomerang que impactará de lleno más temprano que tarde en el primer gobierno que no cuente con una sólida mayoría parlamentaria.
Si el radicalismo ganara las próximas elecciones presidenciales (entre las fuerzas opositoras es hoy la que mayores chances tiene de logralo) tendría un Congreso con una distribución igual o peor que la que hoy tiene el kirchnerismo. La cuenta es simple. Tendría que realizar una elección igual a la de Cristina en 2007, repitiendo incluso la ventaja de más de 20 puntos que obtuvo sobre la segunda fuerza, para llegar a tener un bloque de alrededor de 90 diputados, que es la suma de lo obtenido por el FPV en 2007 y 2009.
¿Es factible que el radicalismo obtenga una diferencia tan holgada sobre el peronismo como la que Cristina le sacó a Carrió?
Así las cosas, lo más probable es que el escenario de 2011 nos presente a un Poder Ejecutivo sin mayoría en ambas cámaras y teniendo a lo sumo como primera minoría bloques en diputados y senadores de un tamaño similar a los que hoy tiene el Frente para la Victoria. Esto obligará desde el inicio al radicalismo a negociar cada uno de los espacios generando en los hechos la posibilidad de una suerte de gobierno con bastantes elementos de coalición, algo que no está para nada mal en un diseño teórico o en realidades políticas con otras características que las nuestras, pero cuando bajamos a la realidad es probable que las cosas se compliquen. A juzgar por cómo están las cosas al interior del espectro opositor no pareciera sencillo aventurar concordancias y consensos que duren mucho más que un puñado de meses entre actores como Julio Cobos, Elisa Carrió, Mauricio Macri y peronismos provinciales como el de los hermanos Rodríguez Saa, el de Reutemann, el del salteño Romero o el mismísimo Mario das Neves. Si efectivamente les cuesta horrores consensuar en la comodidad de una postura de oposición cerril, es por lo menos preocupante imaginar cómo harán para coexistir pacíficamente en el mismo barco cuando lleguen las primeras tormentas que siempre esperan a la vuelta de la esquina a todo gobierno recién asumido.
La parlamentarización que tan alegremente auspician la UCR y fuerzas afines por estos días con el claro fin de obstaculizar la acción de gobierno seguramente será la fuente de todos los males que los acechan cuando ocupen la Casa Rosada.
No son estas palabras una amenaza, simplemente son el resultado desolador de un análisis político que está al alcance de cualquier persona que se ponga a pensar en la perspectiva política que tiene por delante nuestro país.
Creo honestamente que esta ruptura de códigos que se ha consumado, que esta disposición de avasallar a la primera minoría sumando pequeños bloques y monobloques tendrá consecuencias devastadoras para futuros gobiernos que no cuenten con mayorías parlamentarias holgadas.
Dice un aviso de tránsito “Si se puede evitar no es accidente”. Lamentablemente todo indica que a partir de lo que se decida hoy en el Senado el país político queda como un vehículo lanzado a gran velocidad sin ningún tipo de control con la consecuencia grave de que adentro vamos todos.
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