sábado, 29 de agosto de 2015

Por qué no crece Scioli?



"Cristina lo puso a Scioli pero no lo quiere, Daniel tiene a Zannini de vice pero no lo quiere, a Aníbal le pusieron a Sabbatella y tampoco lo quiere, los intendentes jugaron con Julián aunque respetan a Aníbal, pero no se bancan a Sabbatella...".

La nota de hoy de Pablo Ibáñez en Ambito parece, más que una columna de análisis político, la sinopsis de un folletín de Almodóvar. ¿Los grandes medios pagan por estas cosas? Carlos Pagni se inclina por la truculencia del giallo, más adecuado a su estampa siniestra. El turco Asís aplica la picaresca que lo llevó a su estatus de best seller; al menos practica un periodismo artesanal en su propio blog.

Lo sorprendente es el vuelo gallináceo para interpretar los movimientos de un sistema político complejo como lo es el peronismo. Tanta tinta derramada para entender la excepcionalidad argentina a través de las décadas sólo da como resultado estas piezas de literatura menor.

Algo más: el columnismo sigue orbitando después de 12 años alrededor de Cristina. Después de pasarse lustros anunciando el fin de ciclo, el columnismo no puede leer una coyuntura electoral en la que Cristina no tiene que revalidar su liderazgo sin seguir atribuyéndole a ella todas las claves de lo que pasa y pasará. Cristina se dedica a gobernar con una iniciativa vigorosa sorprendente para quien culmina su octavo año de mandato, como lo evidencia el envío del proyecto de creación de la Agencia Nacional de Participaciones Estatales, que tiende a afiatar uno de los logros más potentes del modelo. Los cultores del columnismo pueden reprocharle, sin despeinarse, dos aspectos contrarios: por un lado reprocharán que Cristina con su pujanza condiciona la iniciativa del futuro gobierno; simultáneamente le achacarán que no se involucra lo suficiente en la campaña. No sólo gataflorismo, sino cristinodependencia patológica.

Recuerdo la visita a La Tribu de uno de estos comentaristas, quien cifraba su optimismo político para los próximos años -que anticipaba que serían los de un giro hacia el centro de la "generación intermedia"- en lo que él entendía como "la madurez de la dirigencia política en su conjunto". El opinador hablaba desde su kirchnerismo desencantado. A la luz de los acontecimientos de esta semana, me pregunto si él depositará su optimismo en la mesa de Massa, Macri, Sanz y Stolbizer o en la dependencia cristinista de Scioli. Sacando a Cristina, ¿dónde estará esa dirigencia intermedia en la que depositar confianza?

Completo, acá

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