Evidentemente hay quienes suponen que acordando con buena parte del staff del periodismo más estrechamente ligado a la derecha se va a obtener algún rédito.
No se puede creer...
Después, la mismísima noche en que se anunció la muerte de Hugo Chávez, Chiche Gelblung dice desde la pantalla de C5N que "los cubanos lo mandaron a Venezuela para que no muriera en su territorio y desprestigiara a su medicina"
¿Acaso no fue también desde la pantalla de C5N que se descuartizó de la forma más apestosa a Eduardo Aliverti por el accidente que protagonizó su hijo?
Dan ganas de balearse en un rincón...
¿Es que hemos llegado a la conclusión de que como somos incapaces de generar una comunicación distinta no hay otro camino que recurrir a sectores abominables para que supuestamente lo hagan en nuestro nombre?
¿Es que hemos llegado a un nivel de borrachera tal que pensamos que estos alquileres garantizan algo?
¿Es que no nos damos cuenta que en la primera de cambio huyen como ratas?
Se huele en el ambiente una cierta justificación verdaderamente asombrosa, cierta exaltación de la muñeca política. Pareciera que la mejor forma de silenciar el discurso reaccionario es cooptar a buena parte de sus estrellas. Luego resulta que estos tipos dicen lo mismo de siempre, siguen repitiendo los postulados político-ideológicos neoliberales y reaccionarios que todos conocemos pero con la diferencia de que ahora omiten nombrar al gobierno, entonces resulta que hasta no faltan quienes empiezan a verlos con buenos ojos. En un ejercicio de maquiavelismo de guardería creen que es mejor tenerlos de este lado, expresando la misma visión del mundo de siempre, pero, eso sí, sin mencionar a Cristina en sus diatribas.
Ah! Pero después hacen cola para denigrarlo a Santiago O'Donnell porque tuvo la hidalguía
de publicar una nota muy crítica de cómo se comunicó en Venezuela la enfermedad de Hugo Chávez.
Hay toda una serie de enunciados enarbolados en los debates previos a la sanción de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que están siendo por lo menos ignorados con este modus operandi. Lamentablemente, nada indica que estemos avanzando en la democratización de la palabra, mas bien pareciera que ante la incapacidad para poner en marcha todo lo que la ley permite, independientemente del Art 161, se está queriendo hacer lo que ya intentó Menem con el Citicorp y Monetta en su momento y cuyo fracaso está a la vista.
El desafío sigue siendo plasmar las bases para una comunicación distinta y en ese sentido probar si somos capaces de implementar acciones concretas para facilitar la gestión comunitaria de medios y darle voz a las organizaciones sociales, viendo si es posible incorporar un nuevo actor en la gestión de los medios. Sólo así se podrán sentar las bases de un mapa de medios distinto y perdurable. Sólo empoderando a la comunicación comunitaria se podrá pensar en un futuro más democrático en la materia. El muñequeo táctito sirve para que algunos crean que logran victorias estratégicas cuando en rigor terminan incurriendo en lo mismos errores de todos quienes en su momento creyeron lo mismo.
El mundo de los medios sabe que permanece, sabe que tarde o temprano los gobiernos pasan y negocian dentro de ese contexto estratégico. Hay operadores que suelen olvidar esta verdad y caen en la trampa que siempre está tendida. Y en lugar de generar las bases de algo nuevo y distinto terminan negociando con lo preexistente, y creen que les va bien, hasta que el poder empieza a irse como la arena entre los dedos. Ahí, en ese preciso instante muchos llegan a la tardía conclusión de que todo fue una ficción, que la historia sigue y que habiendo tenido la posibilidad de torcer un poquito su rumbo, no se lo hizo.
Hay tiempo de repensar y corregir...