miércoles, 13 de marzo de 2013

Es lógico que Bergoglio sea Papa

América latina es un continente con una proyección estratégica en los próximos años y sus procesos políticos están fuertemente hegemonizados por movimientos populistas. En ese contexto no es raro que la Iglesia haya elegido a un cuadro de las características de Jorge Bergoglio, oriundo de un país importante, que sin llegar a tener el poderío de Brasil, ocupa un rol central en el tablero político continental.

Si Juan Pablo II vino a operar el derrumbe del bloque socialista del este europeo, no es desatinado pensar que ahora la Iglesia necesita jugar fuerte en un continente llamado a jugar un rol destacado en los próximos años y para ello empodera a un un tipo sumamente hábil como el arzobispo de la ciudad d Buenos Aires.

La elección del nuevo Papa es la ratificación de la importancia que la Iglesia le asigna a América latina y al proceso político argentino y el nivel de complicaciones que esto acarreará en nuestra política interna es indescifrable en estas horas.

La Iglesia ha decidido jugar en el territorio del futuro y ha nominado para ello al que sin dudas es uno de sus mejores cuadros políticos.

Dame la mano y vamos ya...



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martes, 12 de marzo de 2013

En Junín no hubo gente de afuera



Se ha operado fuerte intentando instalar la noción de que hubo gente "llevada" desde el conurbano a Junín para perpetrar los disturbios de los últimos días. Esta nota de Julio Blanck en Clarín es el punto más alto de la opereta.

Lucas Carrasco entrevistó, en su programa de la FM Nacional Rock, al colega juninense Gustavo Romans, a quien además muchos conocemos por haber participado activamente en la movida bloguera. Gustavo desmiente con la sencillez del lugareño que hayan habido "infiltrados".

Acá está el audio de la entrevista:


Sobre la columna de Santiago O'Donnell

En líneas generales tengo más desacuerdos que coincidencias con la columna que Santiago O'Donnel publicó el domingo en Página/12. Battista y Semán me expresan mejor. No obstante, me parece importante que se la haya publicado, que se debata al respecto, entre otras cosas porque nos está faltando sacar al aire muchas conversaciones que se tienen por lo bajo o incluso desavenencias como la de Mario Wainfeld con la AFIP de un mes atrás.

Contrariamente a lo que los idiotas puedan suponer, el kirchnerismo tiene a su interior ardorosos debates, eso es lo que lo separa del resto del espectro opositor, lo que le hace sacar diferencia, lo que lo enriquece. Sin ir más lejos, este blog, ha sido y es un espacio de discusión donde lo menos que hacen los lectores es acordar con mis posiciones.

Hay que profundizar esta línea

lunes, 11 de marzo de 2013

¿Para esto queríamos los medios? 2da parte

Evidentemente hay quienes suponen que acordando con buena parte del staff del  periodismo más estrechamente ligado a la derecha se va a obtener algún rédito.

No se puede creer...

Después, la mismísima noche en que se anunció la muerte de Hugo Chávez, Chiche Gelblung dice desde la pantalla de C5N que "los cubanos lo mandaron a Venezuela para que no muriera en su territorio y desprestigiara a su medicina"

¿Acaso no fue también desde la pantalla de C5N que se descuartizó de la forma más apestosa a Eduardo Aliverti por el accidente que protagonizó su hijo?

Dan ganas de balearse en un rincón...

¿Es que hemos llegado a la conclusión de que como somos incapaces de generar una comunicación distinta no hay otro camino que recurrir a sectores abominables para que supuestamente lo hagan en nuestro nombre?

¿Es que hemos llegado a un nivel de borrachera tal que pensamos que estos alquileres garantizan algo?

¿Es que no nos damos cuenta que en la primera de cambio huyen como ratas?

Se huele en el ambiente una cierta justificación verdaderamente asombrosa, cierta exaltación de la muñeca política. Pareciera que la mejor forma de silenciar el discurso reaccionario es cooptar a buena parte de sus estrellas. Luego resulta que estos tipos dicen lo mismo de siempre, siguen repitiendo los postulados político-ideológicos neoliberales y reaccionarios que todos conocemos pero con la diferencia de que ahora omiten nombrar al gobierno, entonces resulta que hasta no faltan quienes empiezan a verlos con buenos ojos. En un ejercicio de maquiavelismo de guardería creen que es mejor tenerlos de este lado, expresando la misma visión del mundo de siempre, pero, eso sí, sin mencionar a Cristina en sus diatribas.

Ah! Pero después hacen cola para denigrarlo a Santiago O'Donnell porque tuvo la hidalguía de publicar una nota muy crítica de cómo se comunicó en Venezuela la enfermedad de Hugo Chávez.

Hay toda una serie de enunciados enarbolados en los debates previos a la sanción de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que están siendo por lo menos ignorados con este modus operandi. Lamentablemente, nada indica que estemos avanzando en la democratización de la palabra, mas bien pareciera que ante la incapacidad para poner en marcha todo lo que la ley permite, independientemente del Art 161, se está queriendo hacer lo que ya intentó Menem con el Citicorp y Monetta en su momento y cuyo fracaso está a la vista.

El desafío sigue siendo plasmar las bases para una comunicación distinta y en ese sentido probar si somos capaces de implementar acciones concretas para facilitar la gestión comunitaria de medios y darle voz a las organizaciones sociales, viendo si es posible incorporar un nuevo actor en la gestión de los medios. Sólo así se podrán sentar las bases de un mapa de medios distinto y perdurable. Sólo empoderando a la comunicación comunitaria se podrá pensar en un futuro más democrático en la materia. El muñequeo táctito sirve para que algunos crean que logran victorias estratégicas cuando en rigor terminan incurriendo en lo mismos errores de todos quienes en su momento creyeron lo mismo.

El mundo de los medios sabe que permanece, sabe que tarde o temprano los gobiernos pasan y negocian dentro de ese contexto estratégico. Hay operadores que suelen olvidar esta verdad y caen en la trampa que siempre está tendida. Y en lugar de generar las bases de algo nuevo y distinto terminan negociando con lo preexistente, y creen que les va bien, hasta que el poder empieza a irse como la arena entre los dedos. Ahí, en ese preciso instante muchos llegan a la tardía conclusión de que todo fue una ficción, que la historia sigue y que habiendo tenido la posibilidad de torcer un poquito su rumbo, no se lo hizo.

Hay tiempo de repensar y corregir...


jueves, 7 de marzo de 2013

El idiota argento


La palabra idiota se usaba tiempo atrás para caracterizar a las personas que no se preocupaban por los asuntos públicos. El tiempo histórico que nos ha tocado vivir ha traído consigo una combinación explosiva que nos sorprende día a día: las manifestaciones de los idiotas potenciadas y reproducidas en progresión geométrica por las redes sociales.

Antes, las expresiones del idiota no salían de las cuatro paredes de la cocina, ahora se diseminan en segundos por Facebook o Twitter y cuando salen a la calle a manifestarse lo hacen sin filtro y si abren la boca expulsan los razonamientos más salvajes que uno pueda imaginar porque no están acostumbrados a separar el ámbito público del privado, son toscos y arrebatados.

Y están los que trabajan para darles letra, como si ir más lejos este Twitt que ilustra el post. La idea es reclutar voluntarios para el ejército de idiotas que avalará las teorías y prácticas más feroces y antidemocráticas porque el idiota argento no está en condiciones de diferenciar, por ejemplo, entre un gobierno de mayorías y una dictadura cívico-militares, entre otras cosas porque en líneas generales, el idiota proviene de sectores que apoyaron fervorosamente los golpes de estado y vivieron sus mejores primaveras en medio de marchas y desfiles militares.

El idiota argentino en líneas generales es, además, milico de alma.

Hoy leemos sus publicaciones en las redes sociales y nos agarramos la cabeza al ver cómo, por ejemplo, ponen en un mismo plano la muerte de un jefe de estado de la significación mundial de Hugo Chávez con el siniestro de Once. Para el idiota argento todo es lo mismo, maneja la lógica del noticiero televisivo de las 7 de la tarde, donde un debate parlamentario tiene la misma importancia que un litigio entre vecinos por un lorito o un accidente en la Panamericana. La no diferenciación entre diversos planos de análisis y de valoración del impacto de la noticia sobre el conjunto de la sociedad es lo que define al idiota. Es no ver la diferencia entre la sanción de una ley en el parlamento que incidirá de una u otra forma en la vida de todo un país y la cobertura de un casamiento de famosos, que no repercute en ningún ámbito de la vida material de las personas que lo miran por TV.

Luego, cuando esta incapacidad de diferenciar entre distintos planos de análisis se la traslada a la discusión política se encienden las luces de un espectáculo difícil de imaginar. Es que los procesos de repolitización no son lineales. No todo un pueblo se repolitiza al mismo tiempo, es un proceso complejo, con varios niveles y velocidades. Una parte importante se repolitizó rápido, a partir del 2001 y luego encontró mayoritariamente en el kirchnerismo el instrumento político adecuado para llevar adelante sus ideas. Otro se referenció en las diversas fuerzas del Grupo A. Pero mucho después la politización empezó a darse en los idiotas, los que nunca se preocuparon por la cosa pública porque durante décadas el complejo cívico-militar se encargó de representarlos y gestionar en su nombre al tiempo que los grandes medios de comunicación les armaban la agenda. Cuando ese complejo desaparece como factor de poder y la verdad mediática entra en crisis, los idiotas argentos se vieron compelidos a pensar en cosas que en su vida les habían preocupado, y así, a los empujones conceptuales empezaron a balbucear razonamientos que, como no podía ser de otra manera, develan una cosmovisión explosiva, donde anidan el  autoritarismo, el nazismo, infantilismos varios y un clasismo exacerbado.

Son a la política como esos adultos con serias alteraciones emocionales, que en la primera de cambio reaccionan como niños mal criados.

Son la costra que nos dejó medio siglo de interregnos militares.

Son buena gente ¡ojo!

No son culpables, son víctimas.

Pero peligrosísimas...

miércoles, 6 de marzo de 2013

Chávez, la democracia y el sentido de las palabras


No faltan, por abajo, los que están rebosantes de felicidad, los que celebran "la muerte de un tirano, el fin de un dictador". Gentes que por más que se refieran a un líder que hizo todo lo que hizo avalado por mayorías populares notables, están convencidas de que fue un dictador. Es que estamos en problemas con el lenguaje.   Hay muchas palabras del discurso político cuyo sentido está siendo modificado por quienes han debido soportar severas derrotas en el marco del sistema democrático. Durante casi todo el siglo pasado, las derechas continentales recurrieron a las Fuerzas Armadas para derrocar gobiernos electos democráticamente porque, según ellas, se habían apartado "del camino correcto" y en consecuencia los golpes cívico-militares se perpetraban con el "bienintencionado fin" de generar las condiciones para una democracia mejor. Nunca los golpes se comunicaron blasfemando contra la democracia, todo lo contrario.

El punto es que esta mecánica fue funcional a la interrupción constante del proceso democrático latinoamericano. Hasta que el nuevo siglo vio implosionar al neoliberalismo y sus consecuencias quedaron a la vista de todos. Ahí, la irrupción de Hugo Chávez se torna definitiva para comenzar a sentar las bases de un nuevo tiempo político.

A medida que el continente fue siendo testigo de triunfos populares, en la mayoría de los casos con guarismos exorbitantes, el laboratorio de la derecha se puso a trabajar con el sentido de las palabras. Abortada ya la posibilidad del recurso militar y con las fuerzas políticas comprometidas con lo peor del neoliberalismo cada vez más alejadas de la posibilidad de ganar una elección, el discurso de los medios que expresan a las minorías empezó a operar sobre el lenguaje, entonces, un triunfo como los de Evo Morales en Bolivia, del 60%, era relatado ya no como una reafirmación de la voluntad de cambio de las masas sino como la antesala de un proceso dictatorial. Como consecuencia de estas miradas, tan difundidas por el poderoso dispositivo mediático continental, muchas palabras empezaron a cambiar de sentido. Se ha llegado al punto de creer que un gobierno, por el solo hecho de obtener más del 50 % de los votos y disponer, como consecuencia, de una mayoría parlamentaria estará infectado por virus tiránicos. Trabajando sobre mucha desmemoria, mucha despolitización y, por qué no, bastante idiotez, se le ha hecho creer a mucha gente que la utilización de la mayoría en el Congreso colisiona con las mejores tradiciones democráticas.

Es que se está instalando la noción de que la democracia está indisolublemente ligada a un determinado estado de cosas en lo institucional y lo económico que no debe ser alterado bajo ninguna circunstancia. Por ende, aquellas fuerzas que se comprometan en su conservación y custodia serán vistas como demócratas de cabo a rabo y aquellos que pretendan modificarlo serán los nuevos herejes del presente.

La norma Iram del demócrata hoy día no la da el respeto de la voluntad popular y el funcionamiento de las instituciones sino el apego a la perpetuación del modelo instaurado entre 1976 y 2003.

La democracia, tal como la conocimos históricamente ya no es un sistema político sino el posicionamiento de las fuerzas políticas respecto al estado de cosas que dejó el neoliberalismo. De ahí que toda usufructo de las mayorías en pos de la modificación de esa maqueta será vista como un extremismo de tiranías.

Estas nociones anidan con facilidad en sectores históricamente despolitizados, acostumbrados a delegar en el entramado cívico-militar y los medios hegemónicos su preocupación en los asuntos públicos. Cuando el factor militar desaparece y la verdad mediática empieza es puesta en debate, esos sectores se ven compelidos a tomar partido en el debate político ya que las condiciones cambiaron y no hay quienes lo hagan por ellos como históricamente sucedía. Sobre esos bolsones es que orientan sus mensajes los grandes medios ligados a los intereses minoritarios y por eso es que abrazan con tanta frescura y naturalidad un vademécum  discursivo novedoso donde muchas palabras ya no significan lo que significaron históricamente.

Es una disputa novedosa, que en estos días, a propósito de la muerte de Hugo Chávez  estará en el candelero.

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