jueves, 29 de septiembre de 2016

Garello se fue de gira


Garello vivía en Saavedra, cierta vez, cuando robaron los equipos de la FM Latinoamericana, allá por 1995, se organizó una peña muy grande en el Club Ciudad de Buenos Aires y entre los artistas de renombre que se arrimaron, vino Raúl con su cantante Hernán Salinas, que poco tiempo después fallecería. Con Garello debo tener más de tres horas de conversaciones donde me contó buena parte de su vida, por ejemplo que el tangazo "Verdenuevo" lo compuso un domingo  al regresar de dar un paseo en un citroen con su esposa por el camino Centenario, cerca de La Plata. Fue ahí que ella, mirando el pasto dijo "Qué lindo verdenuevo", también que hubo un tiempo donde se iba a un galpocito que estaba al fondo de su casa a ensayar solito, para no molestar a nadie.

Raúl era un tipo de gran humildad y muy criollazo, oriundo de Chacabuco, en la provincia de Buenos Aires. Su ídolo fue Aníbal Troilo y uno de sus momentos más felices se dio aquél día de 1964 en que el gordo lo eligió como arreglador de su orquesta y le dijo "vengase a casa mañana y arrancamos con Los mareados". Como dato de color podemos recordar que Raúl heredó uno de los bandoneones del gordo, lo que de por sí grafica el tamaño de su vínculo con el maestro. Su música, que para algunos desprevenidos puede sonar cercana a Piazzolla es pura raíz troileana. Estuvo  con el gordo varios años, mamando todo lo necesario para luego explotarlo siendo el director de orquesta con quien más grabó nada menos que Roberto Goyeneche, tanto con su gran orquesta como dirigiendo la Orquesta Típica Porteña. Cuando grabaron la versión única e inigualable de "El Gordo triste", Aquiles Giacometti -el histórico director artístico de la RCA- en una nota que le hicimos con Matías Longoni, nos contó con lujo de detalles cómo fue la grabación:  estaban preparando el LP “Percal”, que se editó en 1977. Como se hacía en aquellos años, la pista de sonido ya había sido grabada y el polaco iba después a poner la voz. El 31 de mayo fue y grabó “Después”. Luego venía “El gordo triste”. Mandaron la pista, el polaco hizo la primera (y única) toma y cuando terminó pusieron a rebobinar la cinta para escuchar cómo había quedado pero cuando lo llamaron para escucharla ya no estaba, se las había tomado. Giacometti salió a buscarlo y Goyeneche con un paso apurado, como huyendo, ya casi iba llegando a Avenida del Tejar (la RCA tenía los estudios donde hoy está Cablevisión, en Paroissien y Naón, Saavedra), lo alcanzó y el polaco le dijo: “Eso no lo puedo cantar nunca más. Si quedó bien ponelo, si no borralo, pero no lo puedo volver a cantar”


Garello se ha ido de gira y quienes tuvimos el honor de conocerlo y tratarlo damos gracias por haber gozado el privilegio de contar con su afecto. Siempre miró para adelante, buscando innovar pero sin pasarse de mambo. En esa búsqueda le dio lugar, por ejemplo, a Raimundo Rosales, letrista de la nueva generación que se suma a la música de Buenos Aires.

La última vez que hablé con él fue cuando en 2010 escribí una crítica sobre su disco "Tiempo fuerte", recuerdo que me llamó y me preguntó si el autor de esa nota era yo. Cuando le dije que sí, simplemente me agradeció, y como siempre tratándome de "usted". Quiero quedarme con ese agradecimiento para tratar de apunar la pena por su partida, maestro. 

2 comentarios:

Hugo dijo...

Una gran pérdida para la música popular, que se suma a la del gran Horacio Salgán. De Garello, el tango que jamás me voy a cansar de escuchar es Margarita de Agosto. Una auténtica maravilla.

Gerardo Fernández dijo...

"Margarita de agosto", al igual que "pequeña Martina" y otro, que ahora no recuerdo, fueron dedicados a sus tres hijas: Margarita, Martina y la tercera cuyo nombre se me declaró en fuga...