jueves, 24 de marzo de 2016

Nuestro lugar en el mundo


Ayer quedó todo muy claro y el mensaje fue contundente: “Este tiene que ser nuestro lugar en el mundo”. Por sobre aspectos puntuales, lo que marca esta visita del presidente de los Estados Unidos es un retorno a la lógica iniciada hace exactamente 40 años. Porque el terrorismo de estado no fue una cacería deliberada de militantes izquierdistas sino una política de exterminio para rearticular definitivamente al país en un orden internacional hegemonizado por Whashington, por eso había que erradicar todo brote disfuncional, toda cabeza con sueños libertarios. Había que amputarle la política y la ideología a los argentinos de modo de conducirlos, mansos, a una nueva era de opresión que, como consecuencia de esa novel vaciedad, fuera consentida.
Mauricio Macri reúne todas las condiciones para ser caracterizado como el producto terminado del prototipo del argentino leve y superficial que se mueve dentro de una lógica acotada por la sujeción a una inserción de la Argentina en el mundo que no admite alteraciones. Por eso no es casualidad que los 40 años del golpe cívico-militar lo hallen en la presidencia de la nación, liderando un gobierno que es la síntesis de todo lo que el establishment fue elaborando en estas décadas. La ceocracia imperante es lo más avanzado que ha dado la clase dominante en más de 100 años, por eso la visita de Obama justo en esta fecha no es una casualidad ni un capricho de agenda. La derecha es inteligente, sutil, sabia. Y ayer lo demostró.
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El sistema de medios estaba orgásmico mientras Obama se movía en la Usina de las Artes como un Jimmy Swaggart negro y ya en la mañana el fallido del zocalero de TN había mostrado un poder de síntesis lapidario que se clavará como uno de los más desopilantes y al mismo tiempo certeros de la historia política nacional.
Ayer se nos comunicó por Cadena nacional oficiosa que hemos vuelto a ese lugar en el mundo del que nunca debimos habernos apartado. Regresamos a esa Argentina que se encandila con el oropel del imperio, ese país donde en los bares se habla de “la bestia”, del despliegue de las fuerzas de seguridad norteamericanas, de una ciudad virtualmente sitiada y un país sobrevolado por un Boeing ultraradarizado.
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El golpe de 1976 fue para lograr un presente como éste, con un presidente leve, subyugado por su par estadounidense. Les llevó cuatro décadas y no está dicha la última palabra. Argentina se empeña en sus rebeldías, pero de momento, ahí está el show, aplaudido por muchos, muchísimos compatriotas.
Para ellos, nuestro lugar en el mundo es el de recibir al presidente de Estados Unidos a pocos días de aprobar el pago a los fondos buitres para que luego se desencadenen nuevos juicios que nos aten definitivamente de pies y manos ante la usura internacional. Para ellos, nuestro lugar en el mundo es encolumnarnos de nuevo con el recetario que desde 1955 en adelante se nos impuso y que en lugar de sanarnos, empeoró nuestra salud. Para ellos, nuestro lugar en el mundo es la consumación de esa obra de arte que consiste en convencernos de que todo lo que nos daña en realidad nos mejorará.
Pero nuestro lugar en el mundo es, por sobre todo, una cruenta y al mismo tiempo sutil batalla ideológica, cuyo resultado sigue abierto, pese a que en estas horas la ceocracia está en alza.

1 comentario:

marcelo ignacio dijo...

Exacto. Ese es nuestro lugar en el mundo: el que nos asignan desde afuera, desde arriba.
No es sorpresa que nos asignan un lugar subordinados. A ellos.

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