sábado, 30 de enero de 2016

Horacio González escribe sobre la nota de Daniel Santoro


Naturaleza y peronismo: una respuesta a Daniel Santoro
Por Horacio González
Publicado originalmente en Agencia Paco Urondo
La estima profunda que tengo por Daniel Santoro y su obra, me inspira esta breve respuesta a su escrito, que me pareció de gran interés. Concuerdo con la descripción que hace de una de las “pinzas”, la del naturalismo contra el simbolismo. En efecto, se produce en todo el país una acción que plancha la historia, la memoria y aspectos fundamentales de la vida social. Como no hay pensamiento político sin acciones simbólicas (artísticas, lingüísticas, poéticas, etc.), podemos decir que el país en su conjunto corre un riesgo no enteramente percibido hasta hoy, cual es de quedarse pasivo ante la brutal conminación, nunca hecha de este modo antes, para sacar la rugosidad histórica que tiene todo lo que hacemos como ciudadanos, y como seres humanos.
No obstante, no concuerdo tanto con el análisis que hace Daniel de la otra “pinza”, la que querría “deshuesar” el kirchnerismo de su osatura peronista. Debido a eso, dice nuestro amigo, la actividad de ciertos compañeros renuentes al “conurbano” desearían (“soñando el sueño del enemigo”) convertir el kirchnerismo en un simple y laxo progresismo –da el ejemplo del PI- debilitando la fuerza encargada de impedir aquel desguace tan bien señalado que está produciendo el macrismo. Como Daniel llama “metafísica” a esta otra pinza, eso nos permitiría pasar por alto la pregunta sobre quién la maneja. Pero no creo que sea una pregunta que se responda, por la vía metafísica, mejor que por la vía política. No puede ser que “nadie” la maneje o que se maneje “sola”. Conociendo bien la extraordinaria obra plástica de Daniel, diría que dentro de su obra, esto sería posible. ¿Pero lo es dentro del mundo político? No lo creo. Entonces hay que responder a esa difícil pregunta, y la respuesta sería que serían los desnutridos progresistas los que quieren extirparse a sí mismos del alimento peronista, llamando entonces kirchenrismo a lo que quede luego de esa operación quirúrgica, gastronómica o antropofágica.
En el escrito de Daniel yace la misma dificultad que él resume con tanta facilidad en ese supuesto intento de quienes no tienen el gusto de conurbano y sí el placer de los parques más cercanos a sus domicilios. Ese es un prejuicio que también actúa como pinza, Daniel, tu propia pinza. En tu escrito decís primero el “peronismo y luego el kirchnerismo”. Allí hay una secuencia temporal. Luego decís “el sistema kirchnero-peronista”, convirtiendo aquella primera secuencia en un sistema. Y después, la pinza metafísica de desmontaje actuaría “sobre el núcleo peronista que estructura el kirchnerismo”. O sea, el kirchnerismo es un agregado al núcleo estructurante peronista, lo que ya es mucho menos que un sistema, y ni siquiera una secuencia, sino un ornato más o menos frágil que vino después.
Es cierto que en una simultánea mala explicación de los tiempos vividos, algunos querrían extirpar el peronismo del kirchnerismo y otros el kirchnerismo del peronismo. Ninguna de esas dos maneras de pensar me parecen adecuadas, y de una u otra forma caemos en el síndrome del “PI” o en el síndrome de “PJ”. El PI tan solo existe, como dirías vos, en la memorabilia argentina, y los macristas no harán un billete con el rostro de Oscar Alende, que ni saben que existió, con lo cual se pierden un billete con un “Bisonte” de la naturaleza prístina. El PJ, en cambio, sabemos que está en plena ebullición. Para que sea válido el “sistema” que proponés no deshacer, no creo que haya que desconfiar de las asambleas en las plazas y tantos otras formas de iniciativas autonomistas, cada vez más necesarias. Tienen ellas otro síntoma, un frentismo social imprescindible, que no anula ninguna memoria ni a los partidos existentes, cuáles sean. Es un llamado a rediscutir todas las identidades sociales y populares, sin portar pinza alguna. En cambio, en tu escrito se sobreentiende que los que empuñan ese indelicado instrumento son los “kirchneristas”, extraviados en otro tipo de naturalismo. Creo que no me equivoco al decir que tus críticas se dirigen hacia allí. ¿Pero porqué no se examina mejor para el lado de lo que llamás los “restos óseos” del peronismo? Si esos restos del Banquete, recordando a Marechal, se nos ofrecen a la vista, no sería precisamente por la abundancia de oportunidades que hubo en el inmediato pasado para revisar el peronismo y sus formaciones políticas actuales. Yo ahí tijeretearía bastante. En fin, no tengo muchas divergencias con tu escrito, muy bueno por otra parte en cuando a una meditación sobre el “arte escópico” y la política. Pero queda flotando en el aire que hay un peronismo sustancial al que no hay que tocarle nada, del cual ni siquiera podría surgir otra vez un kirchnerismo o algo que se parezca, que por supuesto, también exige balances más rigurosos. Bueno: te invito a la próxima plaza; vamos juntos. Este tema no se puede dejar sin discutir más profundamente.

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