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martes, 10 de mayo de 2016

Vuelven los aplazos porque volvió el país normal


Volvieron los aplazos en las escuelas bonaerenses y es una muestra más de que estamos ante un proceso de restauración de la Argentina pre-kirchnerista de una intensidad tal que empequeñece las previsiones más exageradas que se pudieron realizar antes del 10 de diciembre. Si repasamos someramente área por área nos encontramos con un accionar direccionado al objetivo de desmontar todo lo que se construyó en los 12 años del kirchnerismo, pero es vital entender que no lo hacen porque hayan estado mal las iniciativas del gobierno anterior sino porque están sumamente comprometidos a retrotraer a la Argentina a lo que ellos consideran “el país normal”. Por eso ya están avisando que van a rematar las acciones que ANSES tiene en varias empresas, como paso previo a un retorno al modelo de las AFJP; por eso también circulan rumores sobre la privatización de Aerolíneas Argentinas; por eso se está frenando todo lo que venía desarrollando YPF en Vaca Muerta y, por supuesto, por eso también el retorno a la lógica del endeudamiento externo, como forma de volver a someter al país al tutelaje de las calificadoras de riesgo y a que las decisiones de política económica las vuelvan a tomar los mismos organismos que nos condujeron al peor desastre de nuestra historia.
La discusión de fondo pasa por entender la lógica de la restauración del país pre 2003, evaluando en cada caso cómo estaba Argentina con Pinedo y cómo a sólo cinco meses de Macrismo se puede entrever en todo su esplendor el regreso a una lógica que, pese a habernos dañado en demasía sigue siendo publicitada como el estado natural de las cosas en Argentina. Macri acaba de decir que lo angustia el drama del trabajador que no llega a fin de mes pero que a pesar de todo duerme en paz pues sabe que está haciendo “lo que hay que hacer”, en una demostración de un dogmatismo tan infantil que asombra. Pocas fuerzas políticas han tenido tantos años el gobierno de un país como el entramado social y económico que desplegó en nuestro país la oligarquía. Basta contar los años de gobiernos cívico-militares y la década del noventa para verificarlo. Siempre plantearon las mismas ideas que hoy promueve Chevrolet, pero siempre el final fue el incendio de todas las variables. No obstante, siguen fieles al dogma. Es que no tienen otra cosa que ofrecer porque, al fin y al cabo, las políticas que han promovido desde siempre a ellos, como clase, les ha dado resultados estupendos. Tienen espalda para aguantar interregnos populares y luego regresar a poner “cada cosa en su lugar”, enfrente, las fuerzas populares sólo tenemos el voto para llegar al gobierno y demostrar, como pasó con Cristina, que de poco y nada te sirve controlar el Poder Ejecutivo y el parlamento si la Justicia, el sistema de medios y el mundo de los negocios está directa o indirectamente controlado por el establishment.
La generación que viene detrás nuestro, esa que tuvo la gloriosa oportunidad de crecer en medio de un paradigma distinto es la que tendrá la gran ocasión de sintetizar las experiencias que al menos se inicializaron en los años kirchneristas, para extraer conclusiones superadoras y demostrar que el paradigma del nacionalismo popular le conviene mucho más a las grandes mayorías. Es sencillo y al mismo tiempo complicadísimo, pero fascinante el desafío que tiene el piberío.

2 comentarios:

Politico Aficionado dijo...

Es que una cosa es tener el Gobierno (o incluso el Estado), y otra, muy distinta, es tener el Poder. Lógicamente el Poder trata de tener también el Gobierno, pero cuando no lo tiene se ríe de el.

No tanto apuro en tirarle el fardo a la juventud, todavía es mucho lo que tenemos que dar.

Un abrazo.

Carlos G. dijo...

Yo siento (lo pienso con las tripas) que así como la (muy mala) experiencia de la lucha armada dejó marcada a la sociedad en su conjunto por la sombra siniestra de la tortura, la muerte y la desaparición de las personas, de forma similar la experiencia kirchnerista parece haber sido interpretada por muchos (y muchos jóvenes) como la causante de esta experiencia que encamina nuevamente al país hacia la desocupación y la miseria.
Alguna vez leí a alguien que decía que encaminar a los pueblos hacia batallas que no pueden ganar es altamente reaccionario.
Sin embargo a pesar de que ya soy un tipo grande no quiero resignarme a esperanzarme con el futuro de los jóvenes, no quiero patear la pelota para adelante; aguardo que los jóvenes de mente y de espíritu encontremos la manera, el camino hacia esa Patria Justa Libre y Soberana con la que siempre soñamos.