miércoles, 27 de enero de 2016

No es un exabrupto lo de Lopérfido


La discusión desatada por Lopérfido no es un exabrupto aislado sino parte de un sinceramiento estructural del abolengo reaccionario del macrismo. No habrá que extrañarse si surge algún planteo de amnistía para “cerrar las heridas del pasado” como tampoco que alguien le proponga al presidente volver a colocar los cuadros de Videla y Bignone que bajó Néstor Kirchner del colegio militar. Cambiemos es la restauración conservadora con todas las letras, por eso las medidas económicas que sólo favorecen a los grupos concentrados son acompañadas por un durísimo ajuste al consumo popular, con represión y detenciones a dirigentes sociales y una política de transferencia de recursos que premia a las provincias donde más votos recolectaron. No es para nada casual que el secretario de Derechos Humanos haya recibido primero a los grupos que reivindican el terrorismo de estado y que Macri no se digne recibir a los organismos y delegue el acto en su jefe de gabinete.
Se camuflaron con los ropajes de la república para llegar al estado y desplegar la política más reaccionaria que se haya padecido desde el 10 de diciembre de 1983. Y lo hacen con el auspicio militante del sistema de medios y el silencio de una porción nada desdeñable de la sociedad que está viendo cómo día a día el voto se le vuelve un drama amargo y cada vez más difícil de soportar. Febrero comienza con una tarifazo de más del 300 % en la energía eléctrica y es sólo el comienzo del jamón del medio del ajuste. El slogan “pobreza cero” de Macri es el “Salariazo” de Menem. Comienza a advertirse en toda su dimensión la diferencia entre un gobierno que privilegiaba los números de la gente y éste que sólo valora los de los grupos concentrados y estamos recién a finales de enero… No hay que ser un genio para avizorar el escenario que nos deparará marzo, cuando vuelva la rutina, cuando la cuota del cole aumente, lo mismo que la prepaga, la telefonía celular y prender la luz sea un acto de valentía.
Nos quedamos cortos con la denominada “campaña del miedo”. No pensamos que serían tan pero tan salvajes. En una de esas olvidamos lo que son, en una de esas, tantos años de kirchnerismo nos hicieron relativizar el modus operandi de la derecha reaccionaria. Lo importante es que no quedemos como la excepción, que los años del kirchnerismo no sean relatados como una suerte de fiesta de consumo irresponsable sino que se instalen como referencia de que otro tipo de sociedad es posible y lo pudimos comprobar.
Tarde o temprano las condiciones políticas empeorarán y ahí tendrá respuesta la pregunta de Broda sobre si “el ajuste lo haremos planeado o a los golpes”. La verdad es que lo que se puede vislumbrar son oscuros nubarrones en el futuro democrático del país, salvo que la mayoría de la sociedad esté dispuesta a perder calidad de vida, empleo y salario, viendo cómo al mismo tiempo los pocos de arriba se la vuelven a llevar en pala como antes.

1 comentario:

Hugo dijo...

Que historia la este Lopérfido. Recuerdo que empezó en los medios haciendo un programa llamado "Con algunas cosas claras", en la vieja Radio Belgrano allá por los años 80. Este programa estaba apadrinado por el periodista Enrique Vázquez, cultor de un estilo que podría denominarse progregorilismo. Lopérfido se encargaba de cultura y espectáculos, y lo acompañaban Gustavo López en política y Conrado Geiger en humor. A cada uno Vázquez le dejó su impronta, y al separarse y seguir su propio camino, a López le tocó el progresismo y terminó como funcionario de Cristina, a Geiger el humor corrosivo y terminó haciendo unipersonales. Y a Lopérfido el furioso antiperonismo. Sumado eso a la linea que le baja su suegro Bartolomé Mitre, terminó en el triste papel que hoy está representando en el macrismo.