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martes, 8 de septiembre de 2015

Tan innecesario no estaría pareciendo el debate kirchnerismo-peronismo



De manera graciosa, Abel postea titulando que los dichos de Artemio en El Vermucito plantean un debate "innecesario", en contraposición al título del post que publiqué ayer. Al parecer, tan innecesario no pareciera, porque desde el mismísimo Abel al postear sobre el tema, pasando por un intercambio de varios en Twitter y hasta sendos posteos de Artemio y Manolo vendrían a corroborar que la discusión está bien latente ahí abajito, por más que lo principal hoy por hoy sea la campaña electoral y, más aún, liquidar el trámite electoral directamente en octubre.

Creo que Artemio nos plantea algo que todos sabemos y Abel lo retrata magistralmente en este párrafo:

"Se me ocurre – creo que no soy demasiado suspicaz – que Artemio percibe en la oferta oficialista actual el embrión de un peronismo no K. Le mira a los ojos a Scioli y ve fe y optimismo, pero no kirchnerismo."

Creo, además, que el debate se va ir dando al mismo tiempo que la campaña. De hecho está en cada conversación que surge. Lo importante es darlo.

Quiero sumar otra mirada que de alguna manera roza la cuestión, y es la nota publicada por Martín Rodríguez en Le Monde:


Buscando un símbolo de paz

 Si uno se pregunta dónde queda el kirchnerismo, dónde está, algo que no sea la “Nación” sino una provincia, una ciudad, una intendencia, un sindicato, donde gobierne, es difícil de definir. El kirchnerismo es una identidad nacional, está en la cima del Estado y sostiene un despliegue de militancia territorial que aún no tiene expresión electoral (aunque el primer paso en la obtención de intendencias bonaerenses propias parece darse en estas elecciones). También está presente en los medios de comunicación públicos y privados con cariz progresista y vocación semiológica. ¿Qué más? El kirchnerismo también está en la sociedad: en una serie de reivindicaciones cumplidas y en un nuevo sentido común que enlaza una dosis de distribución social y presencia estatal tal vez irreversible para la gobernabilidad argentina. Está expandido, pero no coagulado. Y articula políticamente minorías sólidas y mayorías coyunturales, progresismo y peronismo clásico.

Todo peronismo exitoso siempre es (fue) una versión del peronismo. Menem, Duhalde, Kirchner, y hasta Perón en sus distintas presidencias y momentos, versionaron el evangelio justicialista, adaptándolo a las tendencias mundiales y a las posibilidades locales. El peronismo, por más grande e invertebrado que sea, necesita una interpretación, un signo de los tiempos, un paradigma para caminar unido. El 22 de agosto pasado, Eduardo Fidanza apuntó en el diario La Nación: “Los estudios de opinión muestran un hecho irrevocable: la identificación social con el peronismo es minoritaria. En este sentido, el peronismo es un suceso electoral antes que emocional.” Dice más: “El votante argentino, a tono con una tendencia mundial, está desencantado con la política y mudó sus preferencias a los deportes, el espectáculo y el consumo. El amor al peronismo es una víctima de la época.” Suena reacio al vigor con el que muchos viven estos tiempos, pero no deja de tener un eco razonable. Quizás el kirchnerismo (hoy con su “modelo económico” en transición final, con el desgaste político y el acecho de la justicia) ha operado a lo largo de la década sobre cambios que lo trascienden. Como el alfonsinismo y el menemismo a su modo, su herencia no puede ser medida en votos o estructuras políticas sino en los cambios culturales incluso en aquellos que no lo votan ni lo harán. Lo que Fidanza dice sin decir es que ni los sentimientos ni el clientelismo explican el voto peronista, sino la racionalidad del votante.

Si uno recorre provincias como San Juan, Mendoza o Salta, o la ciudad de Bahía Blanca, comprueba que cada FPV local, cada peronismo, refleja a lo sumo la expresión clásica de conservadurismo popular “inquieto” y adaptable a los tiempos, con dirigencias amigas de las economías regionales, con vínculos clericales aceitados y con una vida partidaria burocráticamente estable. Esa vinculación entre conservadurismo local y progresismo nacional es la clave de estos años: la identidad afectiva más intensa es la kirchnerista, minoritaria electoralmente y con fuerte impronta de capas medias urbanas, su éxito ha sido el de conducir desde la máxima autoridad pública al resto institucional del peronismo. ¿Y ahora qué viene?
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Eso eso ¿Qué viene?

7 comentarios:

Bob Row dijo...

Lo que viene lo ha repetido DOS hasta el cansancio (p.ej ver la transcripción de la entrevista por Fantino en Artepolítica): Integración y Desarrollo. Su modelo es Frondizi. Le gustará a algunos y no a otros, pero ese es su programa.

Abel B. dijo...

Gerardo, sos muy amable con mi posteo. Que tiene mucho de amable chicana.

Pasa que la discusión que plantea Artemio y tomás vos me "engancha" tanto como a cualquier otro, sino más. Por eso aproveché el tuyo para dar manija al asunto.

PERO... uno de mis argumentos es en serio, y no está siendo contestado: La discusión sobre la relación entre peronismo y kirchnerismo se dió en estos años, y la realidad la resolvió: El kirchn. es la expresión actual del peronismo.

Darle una realidad separada del peronismo es una opción descartada. Por NK, CFK y los hechos.

Una (posible, probable) Presidencia Scioli puede aportar nuevos hechos, que nos cambien la lectura. O no.

Lo cierto es que todavía esos hechos no están. Por ahora, estamos discutiendo estilos y discursos. Es divertido. Pero no es real.

Abrazo

Politico Aficionado dijo...

Parafraseando a V. Ulianov, diría que el Kirchnerismo es la etapa superior del Peronismo.

Lógicamente, si bien peronistas somos todos, son unos cuantos los compañeros que no comparten esta visión.

Creo que la discusión en el seno del Movimiento será inevitable en el período que comienza con el cambio de gobierno.

Anónimo dijo...

Mis dos centavos:

El apoyo al FPV por el lado digamos "puro", en general siempre pareciera que viniera de valorar todo lo que se supone que el kircherismo tiene de (dicen) "anómalo" en el ecosistema político argentino.

Y ahí habría que hacer alguna que otra diferenciación como mínimo.

La que me resulta más evidente, que creo difiere con la caracterización de "anomalía", es por el lado económico. El "modelo" no es raro, no es nada "anómalo". Sí, es contrapuesto al modelo "neoliberal" que también está en el ring hace 40 años. Pero en todo caso, el que merecería el mote de "anómalo" sería este último. No el humilde capitalismo desarrollista, con cierta intervención estatal, casi de sentido común, y más instalado como "deber ser" en la memoria histórica de los argentinos que cualquier otra aventura que sólo pueden pretender implementar algunas elites financieras con poco que perder.

Por eso Scioli habla de su programa, tan indiferenciable del "modelo" (por lo menos en el discurso), y la idea que transmite es en algún punto justamente la inversa que intentó transmitir el kirchnerismo en estos últimos dos mandatos: el "modelo" en sí no tiene nada anómalo, es más bien todo lo contrario, es de "sentido común".

Lo que sí se valora con cierta justeza es el hecho de no haber dado el brazo a torcer. Sólo eso merece la caracterización de "anomalía". Sea por principio o por pura fuerza fáctica, el kirchnerismo en esto sí se diferenció de la gran mayoría de sus antecesores.

Pero ahí también hay una clave de por qué relatado por Scioli el "modelo" no aparece como anómalo. Por lo menos en la pura perspectiva (como dice Abel estamos lejos todavía de los futuros "hechos"), Scioli siempre ha aparecido, o querido aparecer, favoreciendo relaciones menos "conflictivas" con los diversos factores de poder. Ergo: si el "modelo" fuera implementado de modo "consensuado"....

Todo es sólo perspectiva a esta altura. Pero si la realidad replicara algo así; aunque se diera el caso de que no se notaran casi diferencias prácticas sustanciales entre el eventual modelo aplicado de modo "consensuado" con el que fue aplicado más "unilateralmente", la caracterización de "anomalía" quedaría sin sentido.

Luego, el mismo tipo de razonamiento puede hacerse para las diversas áreas de administración del gobierno. Realmente, haciendo abstracción del clima "conflictual" que tuvo el país en estos años: ¿cuántas políticas y en qué grado, su diseño o aplicación han sido algo "excepcional", realmente "anómalo"? ¿En relación a qué es que adquieren ese valor?

¿Sólo en relación a desgobiernos pasados; o a la perspectiva de eventuales desastres hechos por gobiernos de partidos hoy opositores?

Por supuesto que no digo que no haya habido políticas altamente valorables. Digo que de de acá para adelante, por ahí convenga partir de criterios menos... inmersos en la conflictividad coyuntural, más "sensatos", a la hora de valorar eventuales situaciones políticas.

Saludos
Alfre

Juan Guillermo Cocina dijo...

Estamos discutiendo retórica; es decir, si Scioli es esto o si Scioli es aquello, simplemente por lo que dice en sus discursos o porque se viste de naranja en lugar de celeste. Boludeces. La retórica es eso, relato sin anclaje real. Eso en primer lugar. En segundo lugar, es ridículo definir al kirchnerismo en plan "diccionario"( el kirchnerismo es...dos puntos). Porque NO es un concepto. Es realidad viva, orgánica, latente, fértil.Es la nominación viva, la investidura de una realidad sociopolítica que existe en los hechos. Definirlo en tanto concepto es sencillamente, matarlo.

Aquí el muchacho progre-caviar de Le Monde se pregunta en dónde está el kirchnerismo. Cita a La Nación y coincide parcialmente con el postulado increíblemente ridículo que dice que "el peronismo es identidad minoritaria en el país y la gente está desencantada con la política" (antes de sumar los votos del FPV y UNA en las PASO me pregunto entonces por qué Macri dice que respetará las banderas peronistas de ganar, y qué hacen todos esos jóvenes militantes ayudando en inundaciones en provincia) y termina diciendo que en realidad el kirchnerismo es algo así como la expresión de ciertos cambios culturales que se dieron en esta época; este recurso tiene la clara intención de despojar al kirchnerismo de su densidad política actual y real, que posee en tanto articulador de esta fase peronista; y esto se confirma cuando vemos que enseguida lo pone en pie de igualdad con el alfonsinismo y el menemismo, dos ismos fenecidos políticamente (aunque no totalmente fenecidos culturalmente, socialmente, es decir, en tanto perviven en la memoria colectiva de ciertos grupos y en la forma de pautas sociales de comportamiento). Le Monde se apresura en clausurar esta fase peronista, cuando no tiene elementos probatorios para hacerlo. El kirchnerismo es una construcción política real, expresión nominal hegemónica del peronismo y ciertas facciones de izquierda y centro izquierda. Es construcción populista real, no concepto abstracto definido en una columna de diario.

Escindir kirchnerismo de peronismo como si fueran dos conceptos separados, deshistorizados y estáticos en esta coyuntura es criminalmente reaccionario. Si separás kirchnerismo de peronismo, estás operando para los contreras (¿Acaso no acaba de decir Niembro que el kirchnerismo no es peronismo?) al separarlo de la realidad misma y volatilizar el concepto 'kirchnerismo' en la forma de "rasgos culturales", o "anomalía del peronismo"; cuando, por el contrario, es el fundamento mismo de la existencia del peronismo actual. Es perder de vista el movimiento real en nombre de definiciones abstractas y juegos retóricos.

El kirchnerismo es el peronismo del siglo XXI y no hay mucho más que discutir. Algunos están preocupados porque dicen que Scioli es sciolista... y sí, muchachos... así como Gerardo es gerardista y Artemio artemista...usar ese tipo de razonamientos es incurrir en tautologías que no llevan a ningún lado.

La clave está en la construcción política, no en las definiciones conceptuales. Probablemente dejemos de usar el nombre 'kirchnerismo'. Pero si eso ocurre, será porque se ha identificado simplemente con el nombre 'peronismo' en términos equivalenciales; es uno u otro, no ambos. En cambio, al escindir kirchnerismo por un lado y peronismo por otro, o al introducir el concepto 'sciolismo', lo que se genera es una diferencia nociva en la representación conceptual, que no es real, claro, pero tiene la intención de dividir en las mentes esta realidad para evitar la construcción hegemónica en lo concreto.

Lo que importa es que el FPV siga construyendo y sosteniendo su hegemonía política. Lo hará si sigue por la misma senda, conservando y ampliando conquistas sociales. El resto, sanata.

Saludos.

Daniel dijo...

Perdón que sea redundante volviendo al tema de la interna que no pudo ser.
La sustancia casi que indispensable del mencionado debate se iba a producir allí.
Nadie puede decir que la confrontación Scioli-Randazzo se iba a provocar por el enfrentamiento de esas dos categorías pero sí por el de dos tipos de contenidos disímiles que podrían acercarse a la representación de las mismas.
Prevaleció el miedo a que la rispidez de tal confrontación provocaran un daño mayor.
Una especie de Anibal-Dominguez amplificado donde la supuesta huida de los votantes de Dominguez hacia "otra cosa" es una mentira que se pretende instalar hoy desde las consultoras afines a la oposición.
Prevaleció el lobby de los intendentes y gobernadores que pudieron armar rosca con el candidato hoy único del FpV en tanto el otro, demasiado ocupado en trabajar no pudo forjarla.
Prevaleció el cagazo a ir a la arena justamente en el espacio que hizo ley las P.A.S.O.
Prevaleció esa impronta peronista de "el jefe manda y decide" frente a una posibilidad democrática de verdadera calidad.
Esa impronta es de otros tiempos, debo decir. No se ajusta precisamente a estos y para constatarlo deberían ir a tomar aire a las calles más de uno.
Y esto se pagará en que lo que se reprime, en algún momento explota.
Esperemos que para ese entonces se adecue al formato de debate y no a una resolución violenta que traería daño al país todo.
Ahora depende ello más que nada de los que fueron ungidos pero no a través de gestos prefabricados sino a la traducción de sus actos concretos de gestión, los que traerán aparejados una crítica interna que espero sea justa, equilibrada y racional.
Decir ahora como se dijo: -"Y quien te dijo que Randazzo es más kirchnerista?", es ocioso ye inútil.
Estamos hablando de representaciones de proyecto y como cada uno las encaraba. Por tanto, no es Randazzo específicamente la contrapartida a lo que podríamos denominar "sciolismo". Ese un "más kirchnerista", significa sino todo lo que representaba y aunaba.
Hoy, las cartas están echadas y el debate será tarde o temprano inexorable.

Anónimo dijo...

Muy buen post y muy buen debate. Yo coincido con los que dicen que el kirchnerismo es la etapa actual (superadora) del peronismo.

Daniel,
Extrañamos mucho tu blog. Volvé.

Gachi