jueves, 19 de junio de 2014

Crecí y moriré escuchando a Chico Buarque


En algún rincón muy escondido de la memoria infantil suena, lejana, “La banda“. La escuchaba casi todos los días en las radios. Más tarde empezó a difundirse “Construcción”. Gracias a mi hermano fui entendiendo de qué trataba su letra y tomando conciencia, inconcientemente, que los albañiles eran trabajadores y que a veces la gente se suicidaba: primera marca de agua. Si “Vestida de novia” de Palito Ortega me atormentaba la niñez, cuando la difundía la propaladora de mi pueblo y la escuchaba, angustiado, por no hallar explicación a las muertes tempranas e injustas, como la de Huguito Ramírez, que se lo llevó la leucemia, sin ir más lejos, “Construcción” trajo a mi mundo inocente el conflicto social. Luego Oscar se compró “Meus caros amigos”, aquél LP que traía el “Hit” “O que será”, de “Doña Flor y sus dos maridos” (¿Alguien ha visto una bellaza más sudaca que la Sonia Braga?) pero también “Mujeres de Atenas” y “Vai trabalhar, vagabundo”, entre otras bellezas. Ese LP terminaba con “Meu caro amigo” y ahí conocí el choro, ese ritmo divino y nuclear del sonido de Brasil. Pero ese disco me sirvió asimismo para descubrir otra maravilla: el sonido del Trombón, que se destaca con su gravedad tras las trompetas en la intro de “Corriente”, Lado B, tema 1. Fue el primer indicio del amor que tienen los brasileños por ese instrumento, tiempo después escucharía “Fantasía de trombones” por Maysa, y me volvería loco, pero esa es otra historia.

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