martes, 25 de marzo de 2014

Lo que dice Máximo Kirchner y cómo lo dice


El periodismo local es raro. Se permite redactar el enésimo texto descontracturado sobre la nueva foto de Francisco, el reciente papel de Cate Blanchett, la última intentona de Massa por arruinar la mente de la población o la inesperada muerte de Ricardo Fort (no es preciso gastar dinero para vérselas con estas coloridas producciones ensayísticas; los blogueros las escriben gratis). Pero no levanta la perdiz cuando ocurre un auténtico hecho periodístico: por ejemplo, las declaraciones de Máximo Kirchner recopiladas en el libro Fuerza propia. La Cámpora por dentro, de Sandra Russo, aparecido hace pocos días por Editorial Debate. Desde el punto de vista del ejercicio del periodismo profesional, el tema reviste interés de por sí: Máximo es el hijo de dos presidentes (Russo acierta en dar esta caracterización “de mínima”) y nunca había hablado ante la prensa. En una definición más amplia, el interés se incrementa: Máximo es miembro fundador de La Cámpora, poderosa organización política cuya estructura roza los treinta mil militantes, en su mayoría jóvenes. Pero notablemente, los analistas políticos no le dedicaron ninguna atención al asunto. Apenas puede mencionarse una muy ansiosa columna del devaluado Pagni, en la que traduce directamente la entrevista a Máximo como un mero intento de instalación electoral. Quizás este silencio se deba a que tomar las definiciones de Máximo como algo tan digno de pensamiento como el éxito de Breaking Bad o los modales austeros del Papa conduciría a reconocer lo irreconocible: que La Cámpora constituye un fenómeno político y generacional muy relevante, que excede por todas partes la demonización criminal de los medios profesionales y la descalificación satírica de la prensa amateur, y que por consiguiente merece un lugar destacado y legítimo dentro de la cultura argentina contemporánea.
Al grano. Según cuenta Russo, Máximo Kirchner brinda dos entrevistas, que pueden encontrarse en el segundo y el último capítulo del libro. Dos cosas llaman la atención en la transcripción de sus palabras: el registro en que se expresa y la inmensa cantidad de definiciones políticas. En términos estilísticos, Máximo Kirchner no recurre sino excepcionalmente a los términos comunes del discurso kirchnerista. Las expresiones “modelo nacional y popular”, “década ganada” y similares aparecen de manera sumamente esporádica. Casi no pronuncia consignas ni frases hechas. Expone los razonamientos con un estilo oral (“Ahí ya había un Néstor más suelto”, “Los veo muy de ir con lo propio”) pero lo combina con giros de sintaxis más compleja (“Ojalá también haya sectores que se decidan a abandonar la comodidad de la queja y se animen a la dificultad de la construcción”) y algunos términos de raíz teórica (por ejemplo, en alguna ocasión dice “fuerza de trabajo” y no simplemente “trabajadores”). Por otro lado, como destaca Russo en un par de ocasiones, Máximo recurre poco al pronombre “yo” y bastante a la forma impersonal “uno” (“Mi generación votaba a Clemente o la mortadela. Metían dibujitos en los sobres. Uno miraba asombrado todo eso”); lo único que debe añadirse a esta observación es que el Indio Solari suele expresarse en forma muy parecida[1], lo cual tiene sentido, además, por el hecho de que Máximo Kirchner no pretende que sus palabras sean tomadas como la manifestación de un individuo con tales y tales características, sino como el discurso de un militante de una organización colectiva. Por ello el pensamiento tiene que colectivizarse, y también el estilo. Este rasgo es definitorio en un militante: la pretensión de que su pensamiento sea algo más que su propio pensamiento, es decir, que la expresión de las ideas tenga la generosidad suficiente de incluir de entrada a los demás. Hay una enorme dosis de esperanza histórica en esta manera de hablar –la esperanza de sacarse la mentalidad burguesa de encima, de librarse de la propia psicología privada para adquirir lo contrario, que es justamente lo que podemos llamar “conciencia” propiamente política o subjetividad histórica. Hablando de batalla cultural, este vendría a ser el deseo brechtiano del militante, la expectativa superior de la solidaridad, una apuesta ante la época y ante los otros. Se puede tener una vida no-individual.
En segundo lugar, Máximo Kirchner produce una significativa cantidad de definiciones políticas. Mejor dicho: definiciones ideológicas –es decir, que rebasan la agenda y apuntan al horizonte cultural. Citemos un párrafo corto: “Hay dos calidades de vida. La de puertas adentro, bueno, podés tener tu casa, tu tele, tu equipo de música, tu auto, cama, morfi, ¿qué más? ¿Y afuera qué pasa? Afuera vas a salir en algún momento, porque la vida no transcurre entre cuatro paredes. Y si no salís vos, salen tus seres queridos. El afuera te tiene que interesar sí o sí. Pero no desde el miedo, sino desde la acción.” La habilidad de este razonamiento estriba en que, incluso partiendo de las premisas de la sociedad de consumo (donde la “calidad de vida” y el consumo elevado aparecen como valores principales), es posible hacer una crítica del individualismo, la indiferencia, la apatía y sus sinónimos: como resulta obvio para cualquiera, se puede tener gran “calidad de vida privada” (mediante toda una serie de objetos de consumo) y una muy mala “calidad de vida pública”, que es la vida que compartimos con el resto de la sociedad. Y que, en efecto, empieza en la calle. Los sectores acomodados pretenden clausurar la existencia del afuera, la “calidad de vida pública”, yéndose vivir en barrios cerrados, pero esta solución es por definición efímera y a la larga imposible –de algún modo, y necesariamente, el afuera se mete en nuestras vidas (de la peor forma cuanto más lo negamos). Por eso hay que interesarse en el afuera. Pero “no desde el miedo, sino desde la acción”. La aclaración apunta obviamente a la cuestión de la “inseguridad”: lo que de hecho ocurre no es que la gente no se preocupe en lo más mínimo por la sociedad donde vive, sino que el canal de contacto que tiene con la realidad es (a veces de forma excluyente) la “inseguridad”. Y no se trata simplemente de que los medios de comunicación se comporten como una fuerza de ocupación extranjera, y usen la inseguridad como un arma de terrorismo psicológico contra su propia población –es peor, todo sucede como si la inseguridad “en sí misma” se hubiese vuelto un medio de comunicación de masas, un “tema de conversación constante” en los barrios, en el trabajo, en la mesa familiar (en el mismo sentido en que Theodor Adorno decía que, para la Alemania nazi, el antisemitismo se había vuelto un medio de comunicación hegemónico, la forma por excelencia de relacionarse con los demás). Por esta razón, la política no es simplemente el interés profesional de algunas personas denominadas “militantes”, sino que configura un tipo de relación social activa con respecto a la realidad. Y entonces es lo contrario del miedo.
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8 comentarios:

El Kumpa dijo...

En el Archivo de la Memoria está la foto de Timerman con Videla, la de Néstor con los oficiales patagónicos y la de Alicia funcionaria, no?

Mariano T. dijo...

Además de inteligente, educado, simpático, solidario, buen padre, hermano, hijo, sobrino, deportista y un joven brillante es muy buen mozo.Te estas quedando corto con los elogios. Podés pagar un costo por eso.

Anónimo dijo...

Che Marianito y cuales son los costos de tu egoismo supino y tu miope cortoplacismo? Ni te pregunto sobre los costos de tener un humor fino y sutil...porque seguro que eso es beneficio puro, no?

Despues te llenas la boca con la mentada arrogancia de CFK.

Lo que son los sesgos, no?

Carlos Balmaceda dijo...

Cuando entro al blog de Gerardo, hago un pronóstico: si hay más de dos comentarios, el idiota descerebrado de marianote estará allí, después, puedo imaginar más o menos, según la nota, lo que dirá (obviamente el tipo ni siquiera leyó la totalidad, sino que se atoró con esto). Tipo estúpido el marianote, que por no tener un solo blog donde referenciarse (¡y encima le sacaron el FOB!) tiene que andar por estos lares, largando bilis, convencido de que esta diciendo la última palabra, cuando apenas puede pronunciar dos seguidas y con coherencia.

Anónimo dijo...

epa balmaceda, escribe un iluminado como ud, que ya se esta tragando otro sapito sureño, con tal de apoyar cualquier boludez.(milani .inflacion inseguridad y muchas mas)

Lapekenia LuLu dijo...

Mariano, no es Gerardo el escriba de la exégesis, sólo "la publica" como bien dice el encabezado. El autor parece ser Damián Selci y la fuente el blog-revista Planta dónde escribe.

¿Quien puede imaginar las intenciones de Gerardo al copipastear el texto?, en serio creo que nadie, sospecho que todos erran, el que piensa que lo hace porque acuerda con él al 100% y le han ahorrado tiempo o el que se lo imagina acomodando el texto en el blog con un palo, desde lejos y con un cierto asquito por el olor a cadaver de amanuense que suda por todos lados. En fin, ¡vaya un@ a saber por qué lo hace!

Argentino Estrangeiro dijo...

Y bueno...con guita y poder de arriba mas buenos asesores que te digan que decir y como decirlo(este pibe en una entrevista en vivo hace el papelón de su vida) somos todos Gardel...

Guido

Anónimo dijo...

Perdón, pero lo que sigue hay que atesorarlo en los anales del chupabolismo lameculos vernáculo. No tiene desperdicio (“Ojalá también haya sectores que se decidan a abandonar la comodidad de la queja y se animen a la dificultad de la construcción”) y algunos términos de raíz teórica (por ejemplo, en alguna ocasión dice “fuerza de trabajo” y no simplemente “trabajadores”).

Lo peor es que el texto lo hace mierda, decir que esto es una "sintaxis compleja" es algo así como miralo al gordo...¡tan boludo no era al final! ¿no?