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La pirotecnia y mi hijo


Hace un año sufríamos el golpe más duro que nos podía dar la vida, encontrar a nuestro hijo con el 35 % de su cuerpo quemado. Pasamos 22 eternos días en el Hospital de Quemados (un aplauso para su personal) viviendo escenas que jamás olvidaremos y oyendo frases estremecedoras como cuando un doctor, para graficarme el estado de indefensión de Juan ante las infecciones, me dijo “para que te des una idea, es como una casa sin ventanas”… Ah, dije y me puse a caminar por los pasillos con esa imagen torturándome. O como cuando el domingo 30 de diciembre hubo que esperar larguísimas horas para conseguir un anestesista y realizarle una limpieza en el quirófano que fue vital para frenar infecciones. En los primeros momentos, el problema del quemado, cuando tiene una proporción importante afectada, es la baja de defensas por la ausencia de piel, si, de piel, de esa “pavada” que llamamos piel. El proceso de epitelización viene solo y generalmente la piel se reconstituye, pero al comienzo la lucha es francamente desigual ante los bichos. Por eso la fiebre altísima pero hasta ahí, sin dejar que rompa ciertas barreras, por eso una madrugada estuve poniéndole paños húmedos hasta pasadas las cuatro.
Pero lo peor era la angustia que me generaba el sentir que Juan no se merecía eso, bah, que nadie lo merece. Nadie merece esa tortura por la estupidez de la pirotecnia.
Mi hijo hoy está muy bien, sólo sigue usando guantes y prendas especiales para que se le vaya reconstituyendo la piel y luego deberá pasar por plástica para “retocar” aquellas áreas que no hayan quedado bien en el proceso natural. El tratamiento puede llegar a durar unos tres años (y en nuestro caso, creo que ese será, día más, día menos, su tiempo). Tuvo mucha suerte por no haber quedado con lesiones ni problemas motrices, sólo tiene que bancarse el calor por las prendas que usa, y que alguna gente lo mire sorprendida a verle los guantes o los tubos que usa en los brazos. En el mar deberá usar sí o sí protección solar tipo bebé y por supuesto ni arrimarse a la playa al mediodía.
Esto se los cuento para que extremen los cuidados. En nuestro caso lo hicimos siempre, y cada fin de año iba yo con él a tirar cuetes y le daba todas las indicaciones necesarias para evitar accidentes, pero no alcanzó. Con 14 años recién cumplidos la desgracia lo esperaba agazapada y eso me hizo pensar en la cantidad de veces que safé en mi infancia y adolescencia por haber tenido la suerte de criarme en áboles y techos, como se crían los chicos de pueblos pequeños, donde pareciera que todo está a disposición de sus travesuras. Bueno, el accidente de Juan me hizo revisar uno a uno esos momentos donde pude haber padecido algo grave, como sin ir más lejos esa vez que, jugando al poliladron con las gomeras (nos tirábamos al cuerpo) en las máquinas a vapor arrumbadas en una vía muerte de la estación de Tres Lomas, en un momento me asomo por la ventanilla del maquinista y Pablo Balbín me estampó un balinazo sublime sólo dos centímetros bajo el ojo izquierdo…
Lo de Juan fue más sencillo, más inocente: Un amigo que tira un cuete a una lata con un recipiente inflamable, otro que la patea, un fogonazo y una llamarada que toma su remera. Pero bueno, si no hubiesen andado boludeando a la siesta con los cuetes, quizá no pasaba nada.
Somos uno de los pocos países que año a año quema millones de pesos en pirotecnia. Entre nuestras particularidades tenemos la de disputar por ver quién tira la bomba más grande de la cuadra, si hasta hay vecinos famosos por la que gastan en pirotecnia. La cañita voladora es como la prolongación del pene en cierta cultura del macho argentino…
Pensálo.
Y que pases las fiestas con toda la Felicidad que te merecés.

Comentarios

jfc dijo…
Hay varias iniciativas(en Villa Gesell hay una pero no es la única) para que se legisle la pirotecnia cero. Sólo se debería generar shows ejecutados por expertos en lugares específicos y controloados, incluyendo control de ruido por la afectación a las aves, perros , y otros animalitos, aparentemente hay pirotecnia no ruidosa.
Tu post me recuerda estas iniciativas y la escasa campaña de este año para que la gente tenga cuidado. Hoy en radio nacional el dr spacavento hizo un raconto de las prevenciones, que incluyen las inocentes estrellitas.

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