sábado, 6 de octubre de 2012

Globos y vetos




Viernes, comienzos de mes, vísperas de fin de semana largo, el gobierno
nacional finalizando una de las semanas más complicadas en años.
El momentoideal para que el gobierno de la ciudad de Buenos Aires anuncie
lo que todo el mundo esperaba: el veto a la ley de aborto no punible sancionada
hace dos semanas por la legislatura. Una noticia que por anunciada no deja
de ser deleznable. La acción de gobierno de Mauricio Macri bate todos
los récords no sólo en vetos sino en no reglamentación de leyes
que, paradojalmente, han sido aprobadas en su mayoría por su propio bloque.



El fan de Freddy Mercuri despliega accionar que revela un desprecio singular
por el trabajo legislativo aún de los hombres y mujeres de su propio partido.
En la mente de Mauricio Macri, la democracia sólo reconoce la voluntad
del Jefe del ejecutivo, el resto poco importa. Y pensar que dos años atrás
el diputado Federico Pinedo planeaba un proyecto para limitar los vetos
de Cristina Fernández de Kirchner que todavía seguimos esperando.
Durante los dos años donde el Grupo A tuvo mayoría parlamentaria,
la presidenta sólo vetó 2 leyes...



Algo bueno deja este accionar del jefe de gobierno porteño y es que nadie
podrá asombrarse ni darse por traicionado si algún día llegara a Casa Rosada.
Ningún argentino podrá decir que ha sido traicionado. El candidato que fue
reelecto proponiendo globos, que ningunea a las comunas, que no reglamenta
leyes aprobadas por su bloque, que veta de manera serial, que subejecuta las
partidas presupuestarias en salud, vivienda y educación, el gobernante
que cierra grados y cada vez destina más fondos a la educación privada,
no sorprende, va mostrando paso a paso su razón de ser política e ideológica.



Nadie podrá hacerse el distraído ni el desinformado.



Macri es esto, a tomarlo o dejarlo...



La ciudad que se piensa culta y refinada vota globos que cuando explotan
muestran la efigie de un proyecto antiguo, clerical y una visión del mundo
"para gente como uno"



Que después nadie se queje.


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