martes, 5 de octubre de 2010
Sordos ruidos
Se sabe de quien es y para dónde juega La Política Online como también se conoce a Silvia Mercado en los mentideros políticos, no obstante, hay algo en esta nota que da para pensar. No es casual que Daniel Filmus haya enfrentado la presión de los gobernadores que se oponen ferozmente a la ley de glaciares que finalmente se aprobó. No son tampoco casuales los ruidos que provoca en el peronismo porteño la connivencia que muchos observan entre sectores de esa fuerza -por que no sólo es Diego Kravetz- y el macrismo.
Ahora se anda rumoreando el pase a capital del socialista Jorge Rivas, presuntamente para ocupar un lugar preferencial en las listas del año próximo ¿Cómo caerán estas noticias en la gente de Olmos?
Hay algo en esta jugada que me hace ruido y es que sin poner en tela de juicio mi admiración por este dirigente socialista, pareciera que desde algunos laboratorios se estuviera buscando conformar una lista perfilada "para los progres de capital", algo que no sé si en cierta medida no subvalúa al electorado de la ciudad. A veces sospecho que se mira la política de la CABA con un cristal conurbano y hasta si se quiere con un dejo de desprecio y por momentos parece que se sigue sin ver que en capital lo primero que debe hacerse con su electorado es al menos tratar de entenderlo. La capital tiene sus particularidades y lógicas, que son distintas a las de otras provincias. Por ende, una política de mayorías no puede edificarse con pereza para estudiar y entender su electorado ni tampoco manifestando cierto desprecio por este distrito que, además, es uno de los más importantes por la cantidad de votos que aporta en una elección nacional.
lunes, 4 de octubre de 2010
Marina Silva es verde, igual que Pino
Ariel vive en san Pablo y le dejó un comentario a Artemio que es para pensar. Definiendo la composición del voto que recogió Marina Silva en las elecciones de ayer, dice:
"...el electorado de ella esta dividido (digamos esquemáticamente) entre gente de izquierda que no quiere a Dilma y MUCHA gente de derecha que no quiere a Serra."
Cuando vemos a Solanas tan a menudo y tan a gusto en el programa de Grondona, cuando lo vemos lanzando guiños a Carrió y a la Coalición Cívica ¿No estamos en presencia de un accionar político muy inteligente que ha visto que su crecimiento se dará mediante la captación de descontentos del kirchenismo pero también de los diversos gajos del Grupo A?
Sobre la ciber-militancia
El suplemento Radar de Página/12 publicó ayer esta muy interesante nota del periodista norteamericano Malcolm Gladwell sobre el ciber-activismo político que desde ya recomiendo porque buena parte de los lectores del blog participan activamente del fenómeno de las redes sociales y de una u otra manera están (estamos) siendo interpelados sobre su funcionalidad.
La nota termina con este párrafo que posiciona claramente a Gladwell ante el fenómeno:
"Las redes sociales hacen que sea más fácil para los activistas expresarse, y más difícil que esa expresión tenga un impacto. Los instrumentos de las redes sociales están muy bien preparados para hacer que el orden social existente sea más eficaz. No son un enemigo natural del statu quo. Si usted es de la opinión de que todo lo que el mundo necesita es ser pulido, esto no debería preocuparlo. Pero si piensa que todavía hay barras como la de Greensboro que necesitan integrarse, debe llamarlo a la reflexión."
Por mi parte, creo que estamos siendo acechados por el riesgo de confundir algunos roles. Me refiero específicamente a qué entendemos por "militancia". Cuando leo o escucho a mucha gente definirse como "ciber-militante K" o "ciber-activista" siento que podríamos caer en una trampa porque estaríamos cediendo ante una pertinaz descomposición del sentido de las palabras muy en boga en nuestros días. Militancia es una cosa muy distinta a sentarse frente a una PC y debatir en las redes sociales.
A lo largo de la historia, una de las características centrales de la militancia política fue, además de la acción social y reivindicativa, la cuestión del poder. Uno militaba para “hacer algo por lo demás” pero dentro de una organización, esto significa que además del trabajo político y social para afuera, para adentro se desplegaba una lucha por espacios de poder de la estructura. Es en estas pujas al interior de los partidos políticos donde se van macerando los nuevos dirigentes. Militancia es trabajo en el barrio u otro frente social combinado con debate interno respecto a la línea política de la fuerza.
Poco y nada de estas características se encuentran en lo que hoy se denomina “militancia digital”, primero porque no hay trabajo social en ningún frente social y segundo porque no hay canales orgánicos para dar la discusión. Otra de las características de la denominada militancia digital de este tiempo es que se reduce en buena medida a comentar hechos de la coyuntura y prácticamente no se debate la línea política de la fuerza a la que se apoya. En el caso de los denominados ciber-militantes K prima además cierta sujeción, cierto acatamiento acrítico de las decisiones del gobierno., si se me permite, una excesiva complacencia.
Conozco por cierto muchísimos militantes que han asumido la internet 2.0 como un recurso más. Creo que son los que tienen más clara la cosa, aunque siempre surgen debates como los que hemos tenido en varias reuniones de blogueros sobre si organizarnos o no y ahí han saltado chispas. En mi caso siempre descreí de participar de una organización de ese tipo básicamente porque no puedo arrogarme la representación de los lectores puesto que sin contar los que no acuerdan en nada pero leen el blog, incluso con los que en líneas generales se comparte una visión positiva del gobierno, también tenemos nuestras profundas diferencias tácticas.
Se me ocurre, en definitiva, que no hay que creer que twitteando, facebookeando o discutiendo en los blogs se milita y me parece (ojalá esté equivocado) que hay mucha gente que de buena fe cree que entrando un par de horas a las redes lo hace. Me preocupa cómo se le pervierte el sentido a las palabras, como cuando desde las radios te dicen "llamá, participá dejando tu mensaje en tal número" En realidad el concepto de "participación" es muchísimo más amplio y profundo. Participar implica ante todo cambiar, mover, operar sobre una deterninada realidad. El llamado a la radio no cambia nada, si hasta incluso depende de que la producción del programa lo apruebe o no, lo deje tal cuál está o lo recorte y en consecuencia recién luego lo ponga al aire o lo elimine. Incluso está en discusión si los oyentes que recurrentemente llaman a las radios más del palo encarnan un nuevo tipo de "militancia" o si como sostiene alguna visión corrosiva son personas que gustan de escucharse a sí mismas...
Es un debate muy actual y por ende apasionante puesto que no hay grandes teorías al respecto. Somos actores que en base a nuestra propia práctica vamos delineando una forma de interactuar con las novedades que nos suministran las nuevas tecnologías.
domingo, 3 de octubre de 2010
Qué pensamos de este escrito de Martín Caparrós?
En la revista Newsweek, Martín Caparrós escribió la nota titulada "Desaparecer a los desaparecidos" donde, creo, vuelve sobre el supuesto de que los Kirchner son meros impostores. En el párrafo final se puede leer:
"Cuando ya parecía imposible, los sectores que ganaron, con el golpe de 1976, la batalla social, económica y política, empiezan su contraataque cultural, y ahora quieren controlar también las formas de la Memoria. Se lo deben a la truchada de los Kirchner. Que ni siquiera supieron manejarla con destreza; una vez más escupieron para arriba: con sus errores y exabruptos arruinaron su versión de la historia, se cargaron el mito de origen que se habían atribuido. Ahora, en esta nueva imagen (re)emergente, los montoneros de ayer se parecen a los Kirchner de hoy: gritan consignas justicieras mientras hacen negocios turbios con banqueros —y vuelven a ser, por lo tanto, un blanco fácil—. Este gobierno ha vuelto, de otro modo, a desaparecer a los desaparecidos."
"Yo separaría los tantos: Por un lado pondría lo que está escrito y por otro a Caparrós. Porque como dice al comienzo Fabián es difícil no acordar con varias de las cosas de ese texto. El problema es la intencionalidad de Caparrós, el problema es que parte de la base de que los Kirchner son unos impostores y que los que desde diversas procedencias apoyamos sus gobiernos por creerlos lo más avanzado dentro de lo posible en la etapa somos medio boludos.
Me parece, entonces, que ahí se complica el debate y por eso planteo esto de separar una cosa de la otra.
Caparrós quiere encontrar la falsedad del billete K y no creo que esa sea la discusión principal en este momento, sino que ese billete le ha servido al pueblo para mejorar sus situación en varios aspectos."
Bueno, ahora me encantaría conocer la opinión de los lectores de T.A.M.
sábado, 2 de octubre de 2010
Que el Estado no se meta
Los problemas para poner en funcionamiento la legislación en materia de medios vienen a demostrar lo complejo que es hacerle cumplir la ley a un sector inmensamente poderoso. Hay que entenderlos: Se acostumbraron a vivir sin ley y ahora se los quiere enmarcar. Reaccionan como animales silvestres.
¿Porqué hay que diferenciar la tanda del programa? ¿Porqué se prohíben los "chivos"? En un punto me pongo en su lugar y sufro con ellos. Es horrible vivir que un buen día te digan que hay Estado y que en función de la legislación vigente ya las cosas no pueden ser como antes.
En la base de estas discusiones está el Estado o si querés, qué tipo de Estado queremos, o hasta dónde estamos dispuestos a soportar su injerencia. El campo y los medios no quieren que el Estado se meta en sus asuntos, eso está cada día más claro. El problema es que pareciera que hay muchísima gente de a pie que coincide con esos puntos de vista. Se ha machacado tanto en su contra y se lo ha demonizado tanto que ahora todas sus atribuciones son puestas en tela de juicio. Hay generaciones que se han formado con la noción de que el Estado no sirve para nada y que son las empresas las que en definitiva hacen funcionar al país. Esas nociones han ocultado siempre que en los países de punta lo Estados han tenido un rol central en el desarrollo de sus fuerzas productivas y que han funcionado en alianza con sus respectivas burguesías. En Argentina nunca se logró esta alianza, incluso siempre estuvo en discusión si existe una burguesía nacional. Durante el siglo pasado el poder económico argentino se encaramó en el Estado al resguardo de las bayonetas siempre con el fin de utilizarlo en su propio beneficio y cuando hubo interregnos democráticos permanentemente se parapetó en contra de cualquier tipo de alianza.
Clarín nos está mostrando a los argentinos día a día cómo reacciona el poder económico en nuestra patria toda vez que la democracia osa imponerle una legislación.
¿Porqué hay que diferenciar la tanda del programa? ¿Porqué se prohíben los "chivos"? En un punto me pongo en su lugar y sufro con ellos. Es horrible vivir que un buen día te digan que hay Estado y que en función de la legislación vigente ya las cosas no pueden ser como antes.
En la base de estas discusiones está el Estado o si querés, qué tipo de Estado queremos, o hasta dónde estamos dispuestos a soportar su injerencia. El campo y los medios no quieren que el Estado se meta en sus asuntos, eso está cada día más claro. El problema es que pareciera que hay muchísima gente de a pie que coincide con esos puntos de vista. Se ha machacado tanto en su contra y se lo ha demonizado tanto que ahora todas sus atribuciones son puestas en tela de juicio. Hay generaciones que se han formado con la noción de que el Estado no sirve para nada y que son las empresas las que en definitiva hacen funcionar al país. Esas nociones han ocultado siempre que en los países de punta lo Estados han tenido un rol central en el desarrollo de sus fuerzas productivas y que han funcionado en alianza con sus respectivas burguesías. En Argentina nunca se logró esta alianza, incluso siempre estuvo en discusión si existe una burguesía nacional. Durante el siglo pasado el poder económico argentino se encaramó en el Estado al resguardo de las bayonetas siempre con el fin de utilizarlo en su propio beneficio y cuando hubo interregnos democráticos permanentemente se parapetó en contra de cualquier tipo de alianza.
Clarín nos está mostrando a los argentinos día a día cómo reacciona el poder económico en nuestra patria toda vez que la democracia osa imponerle una legislación.
viernes, 1 de octubre de 2010
El primer golpe con Twitter
Fue muy angustiante seguir el Golpe de Ecuador por Twitter, entre otras cosas porque todos los que estábamos conectados volcábamos nuestra propia impotencia en el teclado. "Radio Nacional sigue con su programación habitual" grité mientras otros puteaban en cadena a Canal 7 porque no conectaba con Telesur. Fue notable también ver cómo Twitter le sacó muchísima ventaja a muchos medios tradicionales. Y también comprobar que se pueden seguir estos acontecimientos enganchando los blogs vía Ustream con los canales del lugar como lo hicimos varios con la Televisión pública de Ecuador.
Otra sorpresa fue cómo una médica psiquiatra argentina que está en Ecuador (no sé si radicada definitivamente o por un tiempo, da lo mismo) estaba enfrente del hospital donde internaron a Correa y se transformó en una cronista de lujo y de primerísima mano. Se llama Paula Vernimmen.
Hubo también un momento de extrema tensión cuando las fuerzas insurrectas ingresaron al canal de televisión pública de Ecuador. Ver y escuchar el relato de los conductores fue enloquecedor porque sentías que de un momento a otro podía salir del aire la transmisión y ahí era como que perdíamos todo contacto, salvo Telesur. En un punto todo esto tuvo algo de voyeurismo político que vamos a tener que analizar con paciencia.
Sin duda ayer surgieron puntas interesantísimas para ir estudiando ¿no?
El golpismo
Muchos dijeron en su momento que la presidenta sobreactuaba en el golpe de estado de Honduras. No se sabe qué argumentarán ahora, luego del intento de derrocar al presidente de Ecuador. Argentina y Brasil fueron los países de la región que con mayor decisión trabajaron para denunciar el golpe contra Zelaya y trataron por todos los medios de que se lo repusiera como presidente constitucional. Lamentablemente el golpismo triunfó y ya estamos padeciendo las consecuencias en el resto del continente.
Algo que se me apareció ayer de manera desordenada fue la sensación de que el golpismo está mucho más presente y si se quiere más vivo que lo que se pensaba. Ha sido, sin duda, un error de apreciación de muchos de nosotros pensar que la amenaza golpista estaba más empequeñecida de lo que en verdad está. En rigor de verdad el golpismo está latente y lo único que lo frena es el poder y la convicción que tengan las fuerzas políticas para cercarle los caminos. Porque ahora se nos presenta con otros ropajes, ya no como la avanzada de un general con un regimiento. Hoy hay fuerzas que están en la democracia de las que uno tiene todo el derecho a dudar de su compromiso democrático. Es creíble Ricardo Alfonsín cuando se manifiesta por el sistema democrático, pero Oscar Aguad nos llena de dudas. Puede ser creíble Felipe Solá, pero Eduardo Duhalde mete miedo.
Un dato a tener muy presente es que el golpismo nunca manifestó desprecio por la democracia, eso hay que recordarlo siempre. Toda vez que alianzas cívico-militares tomaron el poder por la fuerza lo hicieron declamando un ferviente compromiso con la democracia. Siempre plantearon que tomaban la decisión extrema ante la falta de garantías o ante la incapacidad del gobierno de turno de administrar el país como se debe. Los golpes se sucedieron para generar las condiciones, decían los golpistas, que garantizaran un retorno a la más plena vigencia de las instituciones. Los golpes siempre se llevaron a cabo enarbolando consignas de recuperación de las instituciones, por eso no hay que sorprenderse cuando en estos días desde diversos lugares se viene machacando con que el kirchnerismo es una dictadura o una tiranía, o cuando se insiste en su poco apego a las normas democráticas. Cuidado que ese discurso se funde en proclamas que durante el siglo pasado fueron la sustancia de los gobiernos cívico-militares. Cuidado porque a un gobierno que respeta la legalidad democrática incluso mucho más que otros, que se llenan la boca hablando de democracia y mientras fueron gobierno mantuvieron los canales y las radios intervenidas o se fueron matando gente, se le quiera enrostrar un apego relativo a la democracia. Cuidado porque sobre la desmemoria y la persistencia del zocaleo televisivo se puedan instalar nociones que luego toleren cualquier aventura extraña.
Porque uno de los problemas que tenemos,además, es que cuando el motor del golpismo se pone en marcha luego no hace grandes distinciones entre un gobierno y otro. Quiero decir que si la infección antidermorática avanza, no significa que se las vaya a agarrar con el gobierno kirchnerista, es muy probable que lo haga con uno opositor que no tenga la capacidad de respuesta que tiene el gobierno actual ¿se entiende? Y es probable, incluso que lo haga para evitar un posible retorno de lo indeseable, que golpee a un gobierno débil para evitar que el país caiga nuevamente en manos de una fuerza que ha demostrado una dosis de rebeldía intolerable para el establishment.
La constante histórica del continente, según la cual las democracias eran disfuncionales a los intereses de las grandes oligarquías y por eso no se las toleraba quizá sigue más latente de lo que pensábamos. En un punto, alertar sobre estos riesgos excede la coyuntura de kirchnerismo vs "Grupo A" porque a la postre unos y otros terminan siendo inconvenientes, unos porque no aceptan las reglas de juego preestablecidas y otros porque son incapaces de evitar que aquellos accedan al gobierno.
Ayer escribí algo que, por supuesto a los mismos lectores de siempre les pareció descabellado: la referencia a Santa Cruz. ¿Qué tiene que ver? preguntaron. Quizá nada, quiza algo, o quizá sea una boludez mayúscula de mi parte. Lo que quise es dar la idea de que las condiciones para un quiebre institucional se pueden generar en horas. Basta una resolución de la Corte para que algunos sectores en minutos imaginen intervenciones y demás actos que, puestos en perspectiva pueden terminar siendo el caldo gordo para profundizaciones de ese tipo de medidas. La idea sobre la que trabajan muchos sectores (y acá el caso Honduras vuelve a tener una vigencia que asusta) es que las resoluciones de la Corte Suprema son algo así como la palabra sagrada, como una voz inmaculada a la que sólo existe una sola postura que no es otra que el acatamiento. Acá hay mucha tela para cortar y acá también estamos en un terreno de disputa por el sentido y las nociones firmemente instaladas en cierto sentido común. Las cortes también se equivocan y hacen política. he aquí un nuevo frente de batalla que se ha abierto merced a la ley de medios: Crece una discusión sobre la justicia, los jueces y la corte y me parece maravilloso que eso suceda. Si dudas una democracia se fortalece cuando los ciudadanos se animan a discutir con los jueces. Hoy se puede leer una muy buena columna de Mario Wainfeld al respecto.
Algo que se me apareció ayer de manera desordenada fue la sensación de que el golpismo está mucho más presente y si se quiere más vivo que lo que se pensaba. Ha sido, sin duda, un error de apreciación de muchos de nosotros pensar que la amenaza golpista estaba más empequeñecida de lo que en verdad está. En rigor de verdad el golpismo está latente y lo único que lo frena es el poder y la convicción que tengan las fuerzas políticas para cercarle los caminos. Porque ahora se nos presenta con otros ropajes, ya no como la avanzada de un general con un regimiento. Hoy hay fuerzas que están en la democracia de las que uno tiene todo el derecho a dudar de su compromiso democrático. Es creíble Ricardo Alfonsín cuando se manifiesta por el sistema democrático, pero Oscar Aguad nos llena de dudas. Puede ser creíble Felipe Solá, pero Eduardo Duhalde mete miedo.
Un dato a tener muy presente es que el golpismo nunca manifestó desprecio por la democracia, eso hay que recordarlo siempre. Toda vez que alianzas cívico-militares tomaron el poder por la fuerza lo hicieron declamando un ferviente compromiso con la democracia. Siempre plantearon que tomaban la decisión extrema ante la falta de garantías o ante la incapacidad del gobierno de turno de administrar el país como se debe. Los golpes se sucedieron para generar las condiciones, decían los golpistas, que garantizaran un retorno a la más plena vigencia de las instituciones. Los golpes siempre se llevaron a cabo enarbolando consignas de recuperación de las instituciones, por eso no hay que sorprenderse cuando en estos días desde diversos lugares se viene machacando con que el kirchnerismo es una dictadura o una tiranía, o cuando se insiste en su poco apego a las normas democráticas. Cuidado que ese discurso se funde en proclamas que durante el siglo pasado fueron la sustancia de los gobiernos cívico-militares. Cuidado porque a un gobierno que respeta la legalidad democrática incluso mucho más que otros, que se llenan la boca hablando de democracia y mientras fueron gobierno mantuvieron los canales y las radios intervenidas o se fueron matando gente, se le quiera enrostrar un apego relativo a la democracia. Cuidado porque sobre la desmemoria y la persistencia del zocaleo televisivo se puedan instalar nociones que luego toleren cualquier aventura extraña.
Porque uno de los problemas que tenemos,además, es que cuando el motor del golpismo se pone en marcha luego no hace grandes distinciones entre un gobierno y otro. Quiero decir que si la infección antidermorática avanza, no significa que se las vaya a agarrar con el gobierno kirchnerista, es muy probable que lo haga con uno opositor que no tenga la capacidad de respuesta que tiene el gobierno actual ¿se entiende? Y es probable, incluso que lo haga para evitar un posible retorno de lo indeseable, que golpee a un gobierno débil para evitar que el país caiga nuevamente en manos de una fuerza que ha demostrado una dosis de rebeldía intolerable para el establishment.
La constante histórica del continente, según la cual las democracias eran disfuncionales a los intereses de las grandes oligarquías y por eso no se las toleraba quizá sigue más latente de lo que pensábamos. En un punto, alertar sobre estos riesgos excede la coyuntura de kirchnerismo vs "Grupo A" porque a la postre unos y otros terminan siendo inconvenientes, unos porque no aceptan las reglas de juego preestablecidas y otros porque son incapaces de evitar que aquellos accedan al gobierno.
Ayer escribí algo que, por supuesto a los mismos lectores de siempre les pareció descabellado: la referencia a Santa Cruz. ¿Qué tiene que ver? preguntaron. Quizá nada, quiza algo, o quizá sea una boludez mayúscula de mi parte. Lo que quise es dar la idea de que las condiciones para un quiebre institucional se pueden generar en horas. Basta una resolución de la Corte para que algunos sectores en minutos imaginen intervenciones y demás actos que, puestos en perspectiva pueden terminar siendo el caldo gordo para profundizaciones de ese tipo de medidas. La idea sobre la que trabajan muchos sectores (y acá el caso Honduras vuelve a tener una vigencia que asusta) es que las resoluciones de la Corte Suprema son algo así como la palabra sagrada, como una voz inmaculada a la que sólo existe una sola postura que no es otra que el acatamiento. Acá hay mucha tela para cortar y acá también estamos en un terreno de disputa por el sentido y las nociones firmemente instaladas en cierto sentido común. Las cortes también se equivocan y hacen política. he aquí un nuevo frente de batalla que se ha abierto merced a la ley de medios: Crece una discusión sobre la justicia, los jueces y la corte y me parece maravilloso que eso suceda. Si dudas una democracia se fortalece cuando los ciudadanos se animan a discutir con los jueces. Hoy se puede leer una muy buena columna de Mario Wainfeld al respecto.
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