sábado, 13 de febrero de 2016

Demonización de la palabra “militante”


Lenin escribió alguna vez que lo que no se detenía jamás era la lucha ideológica y la nota de Clarín titulada “Memorias de una no militante de los años 70” lo viene a reconfirmar 100 años después. Saben que no basta con haber ganado las elecciones ajustadamente y que necesitan edificar un corpus político e ideológico que dé soporte al modelo de los mercados, por eso trabajan sin descanso en la demonización del capital político más valioso de kirchnerismo que son las decenas de miles de adherentes que sostuvieron y sostienen la experiencia de Cristina en Casa Rosada. Para lubricar comunicacionalmente la descalificación de todo lo referido al kirchnerismo meten todo ese apoyo de características diversas dentro de la palabra “militante”. Así como un “militante” de los setenta pudo ser un pibe que abrazó la lucha armada (los menos) o alguien que realizaba trabajos sociales en barrios humildes, trabajaba en las facultades o en tantos lugares pero sin conexión con las organizaciones armadas, hoy se cataloga como “militante” tanto a un joven que integra La Cámpora como a una docente que sin militancia territorial defiende las ideas del kirchnerismo. En suma, “militante” ya no significa trabajar por las ideas de una fuerza política sino “ser un K”. Se llega así a un escenario donde la palabra por si misma ya contiene su propia condena.
Ser militante es malo porque lo malo es cuestionar el actual estado de cosas. Lo malo es pretender construir un país más inclusivo porque eso requiere inexorablemente tocar privilegios de los sectores dominantes. Lo malo es querer cambiar, lo malo es señalar en qué cuevas conceptuales se esconden los poderosos porque, en una de esas, se puede hallar la metodología política para llevar a cabo las transformaciones necesarias. Por eso el trabajo ideológico contra la política entendida como acción de conjunto a favor de los de abajo y en contra de los de arriba. Por eso notas como la hoy seguirán saliendo, quizá en cantidades crecientes, pues necesitan imperiosamente aislar a los militantes, señalarlos, estigmatizarlos para que su palabra deje de ser escuchada y sus textos leídos. Necesitan edificar la imagen de un puñado de fanáticos cuya prédica no traspase los límites de la secta de manera que no infecten a la gente “del país normal”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Lamentablemente la estrategia va funcionando. En mi muro tengo gente cercana la FPV, anti, e indiferentes. Hace rato observo que si pongo una fotito de una flor de mi casa, comentan, ponen me gusta, etc. Pero a una nota o comentario político, nada o ponen algo los que piensan como yo. Eso pasa aún cuidando lo que publico, tono, sin insultos, que no sea viejo o falso y levantando de vez en cuando algo de otro tema. Hasta comprobé en charlas que directamente lo pasan por alto, ni lo leen.
Me preocupa ya que construyen un muro.. algo así como me dijo una prima de mi marido "Te quiero aunque pienses así", en las redes, solo te leo o miro en las fotos personales, tu pensamiento lo soporto. Lola