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viernes, 11 de septiembre de 2015

La sabiduría de Lula


Dijo Lula: "A la cosa que más miedo le tengo es a que volvamos a confiar en que nos va a salvar Estados Unidos."

Gran poder de síntesis de un líder que expresa los intereses del sur contra una lógica de pensamiento gestada en los países centrales para ser esparcida en la periferia como verdad inexpunable y defendida desde el mismísimo sur por nuestras clases dominantes, las mismas que nos han querido convencer de que todo lo superador siempre debe venir de afuera, desde las artes hasta la ciencia y las ideas del desarrollo. Por suerte, tanto Lula en Brasil como Néstor y Cristina acá nos fueron ayudando a entender que para edificar sociedades más justas lo que precisamente deberíamos tener bien claro es que del norte jamás tendremos ayuda. Ahí está, si no Estados Unidos encabezando la nómina de países que votaron en contra de la propuesta de nuestro país en la ONU para limitar el accionar de los fondos especulativos en los procesos de reestructuración de deudas soberanas. Y ahí estuvieron líderes opositores como Mauricio Macri, no casualmente un Blanco Villegas por el lado materno, diciendo desde el corazón del pensamiento oligárquico que “hay mucho despilfarro en el Gobierno Nacional, se generan empresas satélitales que no funcionan” cuando nuestro país pasó a integrar el puñado de naciones con capacidad para fabricar satélites con el Arsat 1.


La peor dependencia es la de la cabeza, esa que nos hizo creer durante décadas que sólo servíamos para exportar granos y carnes e importar todo lo que se produce en Estados Unidos y Europa, hasta las ideas del socialismo que trajo Juan B. Justo y que llevaron a Jauretche a plantear en su tiempo, con ese poder de síntesis brillante que poseía, que nuestro desafío pasaba por adaptar el sobrero a la cabeza y no la cabeza al sombrero.

Precisamente son estos asuntos los que están en la base de la discusión de estos tiempos. Por eso las movilizaciones caceroleras se embanderaron con el lema "Devuelvan el país", un clamor por retornar a ese país enganchado como furgón de cola de "occidente" que tuvo en el último siglo dos momentos de rebelión ante el mandato oligarca: los dos gobiernos de Perón del 46 al 55 y los 12 del kirchnerismo.

Romper un esquema de inserción internacional -y si se quiere, más que un esquema un modo de entendernos como país en el concierto de naciones- genera zozobras y sensación de turbulencia en el ciudadano de a pie. Es lógico que eso suceda y no está ni bien ni mal: sucede y punto. La gran virtud de nuestras clases dominantes consistió en agarrarse de ese temor innato al cambio para realizar su negocio, porque en esa Argentina arrodillada las grandes ganancias las hacían los de arriba, curiosamente los mismos que ahora pugnan por una devaluación para triplicar sus ingresos mientras las grandes mayorías se hundan en la miseria.

El gran desafío es creer que podemos construir un país más integrado e inclusivo sin entregarnos ni arrodillarnos. Ayer en Naciones Unidas tuvimos una prueba de que defendiendo nuestros interes se puede lograr.

Y no es poco.

3 comentarios:

Diego dijo...

"(...) genera zozobras y sensación de turbulencia en el ciudadano de a pie. Es lógico que eso suceda y no está ni bien ni mal: sucede y punto."

¿Cómo que no está ni bien ni mal? No es un suceso natural, son años y años de goteo del discurso neoliberal, en el marco de una cultura invadida por los yanquis.

Ahora resulta que al ciudadano de a pie (ex Doña Rosa) le gusta incluirse bajo la órbita de EEUU porque eso le va a permitir comprar dólares baratos, viajar a Miami, etc. etc. y resulta que no está bien ni mal.

En todo caso podés elegir si está bien o está mal, pero la opción no es indiferente.

Gerardo Fernández dijo...

Diego: Quizá está mal escrita la idea que quise expresar. A ver si lo mejoro: Intento decir que años de formateo ideológico y de cierto terrorismo, en el sentido de que si sacás los pies del plato te los cortan, generan en mucha gente ciertos temores. Y al decir que eso no está ni bien ni mal, quise decir que aquél ciudadano que tiene temores no es culpable per se.
En ningún momento pensé que al ciudadano de a pie le guste incluirse bajo la órbita de EEUU y todo lo que ponés después.
Saludos

oti dijo...

Lo que pasa es que el esquema de inserción internacional al que estábamos acostumbrados se está desintegrando a pasos agigantados. Los otros días, en un par de twiters, la presidenta CFK aludió, de alguna manera, a eso.

Y, justamente por ello, lo más lindo de todo, es que no hay nadie que quiera romperlo (porque no hace falta). Solo hay varios países que se percatan del desastre en curso y tratan de defenderse y preservarse de las catástrofes por venir. El "lunes negro" financiero del otro día es una muestra levísima de todo el proceso en curso de colisión.

La presidenta CFK, en el acto por el día de la industria de hace poco, mencionó que había que "sustituir exportaciones", aclarando que eso era cierto por más que suene a un "disparate".

Hace unos 8 o 9 años, si mal no me recuerdo, en el contexto de diversas discusiones que tuve en la blogósfera con representantes de la profesión de economista y con algunos representantes de los intereses del sector agropecuario, planteé la necesidad de "sustituir demanda externa por interna", porque el modelo pro exportador que caracterizó a la primera fase del K con su "tipo de cambio real alto y competitivo" (?!) (2003/2006-7) no podía generar en la medida de lo deseable y necesario un mercado interno basado cada vez más en el trabajo nacional.

Como proponía esto en una época en que todo marchaba viento en popa y la crisis internacional existía en forma más o menos subyacente -por lo que casi nadie la veía-, lo que planteaba parecía incomprensible. Era como responder a problemas que no existían, cuando todo marchaba fenómeno (superávits gemelos, no había tapas en contra de Clarín, etc., etc.).

Tuvo que correr mucha agua bajo el puente para que, por fin, desde una presidencia que ya casi finaliza, se reconozca que tenemos que vender en nuestro propio mercado interno lo que no podamos vender afuera.

Las consecuencias que tendría eso para la economía nacional son de una magnitud enorme porque las oportunidades de rentabilidad no se centrarían tanto en los excedentes exportables sino en actividades del mercado interno para el mercado interno. Esto, a su vez, generaría menores saldos de balanza comercial y, como contrapartida, mayores y mejores convenios bilaterales o asociaciones con países y grupos de países.

Yo creo que no es una cuestión de preferencias o gustos. Es una cuestión de supervivencia en un mundo donde el sistema hegemónico Nor Occidental perdió el control y la racionalidad, queriendo salir de la crisis económica y financiera en el que está inmerso por medio de la agudización de la tensión geopolítica y la guerra general enfocada más o menos desembozadamente contra Rusia y China.

Cuando ese mundo lleva un curso como para chocar el barco, no queda otra como país que preservarse y prepararse para las consecuencias futuras de corto y mediano plazo.

Va a ser necesaria una planificación indicativa (tipo plan quinquenal) para diseñar un esquema económico que pueda proveer alrededor de 2 millones de puestos de trabajo en los próximos 5 años. Como ya dije en varias ocasiones, se hace necesario empezar por la infraestructura económica básica para que las PyMEs tengan el mercado para producir y proveer los materiales necesarios para esas obras.

Para encarar esta perspectiva hay que considerar al K pasado como el prólogo de las grandes obras que hay que hacer.

Para encarar eso tenemos que tener garantizadas las fuentes de financiación por medio de intensificar fuertemente el control sobre el comercio exterior a través de una empresa estatal y el control sobre el sistema monetario y financiero interno.

Así como en la guerra se gastan enormes cantidades de proyectiles, en la tarea de reconstrucción y construcción en la escala que necesitamos se gastarán y emplearán (invirtiéndolos) enormes cantidades de recursos económicos y humanos.

Si queremos hacer lo que la Presidenta dijo en el día de la industria, tenemos que empezar ya a pensar y ejecutar en esta perspectiva.