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sábado, 27 de octubre de 2012

Qué nos dejó Néstor

Podría decirse que la gran obsesión de Néstor Kirchner fue la construcción de un capitalismo diametralmente opuesto a lo que funcionó en las últimas décadas de la vida nacional. Vio que ese modelo desarrollado por los sectores dominantes explotó en 2001 por la sencilla razón de que era la legitimación de su avanzada más feroz sobre los sectores populares y precisamente por su extrema voracidad tenía pies de barro. Observó entonces que se imponía otra mirada estructural del problema argentino y lo primero que vislumbró fue que ninguna reconstrucción sería posible sin un rol central del estado. Claro que pensar en modificar algunas cosas del capitalismo argentino es un pecado gravísimo y por ello, ni bien los dueños de la torta advirtieron su intento lo transformaron de la noche a la mañana en el peor ogro que pisó nuestras tierras hasta que en su temprana muerte las clases populares dieron una demostración de agradecimiento de características pocas veces vista y lo colocaron en su justo lugar.


Es que en Argentina todo puede estarle permitido a un político, menos intentar modificar el status quo. Nuestra historia reciente demuestra que un político puede hablar y proponer muchas transformaciones, total los sectores dominantes saben que cuando quieran se lo sacan de encima. El problema que les planteó Néstor fue que el inmenso prestigio que recogió en 2003 por sacar al país del atolladero lo invirtió velozmente en el cuestionamiento de las bases políticas e ideológicas sobre las que se sustentó la Convertibilidad, que no fue otra cosa que el cenit de la victoria del neoliberalismo en Argentina. Ahí explotó la contradicción y los sectores dominantes vieron que este flaco desgarbado no había irrumpido sólo para pilotear la nave en medio de la tempestad sino que ahora iba por más.


Por eso hoy, cuando se discute el dólar, la política de administración de comercio y el mercado de valores, por caso, en lo profundo se discute la convicción de Néstor en que si no se reformula estructuralmente al capitalismo argentino y no se libran batallas en todos los frentes es imposible pensar en una patria justa libre y soberana.


Si a dos años de su muerte hay que pensar en cuál es la mejor forma de homenajearlo, no hay dudas de que la reformulación del capitalismo argentino y la batalla cotidiana en la política, la economía y la ideología es lo mejor que se puede hacer en su honor y en su memoria.


Pero hay algo más que a Néstor lo haría muy feliz: que no se desatendiera la política, que no se dejara de lado la rosca y la capacidad de sumar, unir y juntar como condición básica para mantener un volumen político lo más ancho posible. Es cierto que hay deserciones y traiciones que son inevitables, como también que si hay capacidad de anticipación y negociación se pueden neutralizar o reducir a su máxima expresión.

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