sábado, 11 de septiembre de 2010

Mi hija pasa la noche en el colegio


El gimnasio del Liceo Nº 9 del barrio de Belgrano está repleto de estudiantes que discuten las características de la toma que llevarán adelante. Mi hija de 14 años está entre ellos.

Los veo y de pronto recuerdo cuánto me gustaba E.R.S.A (Estudio de la Realidad Socioeconómica Argentina) y lo bien que la comunicaba Hilda. Recuerdo que fue la única materia que me fascinó en Primero y Segundo año porque vino a decirme que mi vida tenía que tener algún sentido y que los pueblos tienen derecho a luchar para edificar una sociedad más justa.

Los chicos siguen debatiendo y yo me veo formando en el viejo Instituto Mariano Moreno de mi pueblo donde no se discutía absolutamente nada. Me veo en la calle esa tarde gris minutos antes de ingresar a clase cuando irrumpieron dos camiones del ejercito repletos de soldados armados que ingresaron intempestivamente a la casa de la familia Corona. Recuerdo que nadie dijo nada. “Por algo será”, se pensaba en esos días de silencio.

La asamblea se encamina a una votación que por unanimidad resolverá “Toma con jornadas de reflexión” pero tengo en la cabeza el video de mi adolescencia. Veo entrar a la regional de Pehuajó al boliche Sirucho’s obligando a encender todas las luces y pedir documentos a la concurrencia. Durante un tiempo, los boliches debían cerrar a las 2 de la mañana. Luego el plazo se “flexibilizó” hasta las 4. Florecieron entonces los bailes en La Porteña y en Thompson con las orquestas de Lito Rodríguez o “Godo y los Winders” (Después mejoró un poco con grupos como Sol Naciente y Madrigal).

Recuerdo que como estudiante tuve que hacer número para actos donde vinieron gobernadores militares luego procesados por crímenes de lesa humanidad, pero básicamente recuerdo que nada estaba en debate por aquellos años. Sólo había derecho a crecer, a estudiar o a conseguir un trabajo, ponerse de novio y casarse.

La asamblea culmina y Maite viene con ese brillo en los ojos que sólo dan los 14 años y me dice a los saltitos:

- “Pa, se quedan todos mis amigos a la noche en la toma ¿Me puedo quedar?”

Lo dudo un instante pero la autorizo. Es que da un poquito de miedito, al fin y al cabo tiene sólo 14 años, casi los mismos que tenía yo cuando me enteré que por el golpe de estado no tendría nunca más E.R.S.A y sentí que me arrancaban algo importante.

De regreso a casa comprendí, a los 49 años, que lo que me habían arrancado en aquél 1976 era la juventud.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece bien que autorices a tu hija a estar en la toma, pero yo me quedaría ahí y trataría de convencer a otros padres para que hicieran lo mismo. Los padres tienen que acompañar a los pibes en sus reivindicaciones (que son más que legítimas), y además tienen que estar por cualquier problema que pudiera haber. Esto último lo traigo a colación porque recuerdo haber escuchado a unos pibes (en el programa Duro de Domar) que dijeron que en uno de los colegios ocupados quiso entrar la policía a la fuerza. No creo que esto suceda (porque para el gobierno de la ciudad sería como firmar su certificado de defunción), pero hay que estar atento porque siempre hay algún pelotudo y/o hijo de puta.

Saludos,
JP

Quevedo dijo...

que emoción Gerardo , eran tan chiquitos cuando yo los conocí , mirá ahora donde están , suerte la tuya de verlos crecer de esa manera . El Rey del cha-cha-cha en que anda

Gerardo Fernández dijo...

El Rey del cha cha cha está sexto grado y pinta muy pero muy bien.
Un abrazo

Sargento Barrufaldi dijo...

La de la foto es tu hija? Es del PO? No se da cuenta de que está siendo usada políticamente? Vos, que sos el padre... ¿sos militante?
PARÁ, GERARDO, QUE ES UNA JODA!!!!
La verdad, te felicito. Ojalá uno mismo, a su edad, hubiera sido menos pavote y más conciente de las cosas.

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